*El problema del PRI
*Obviedad tricolor
*Los porqués
*Un PAN con historia
*Ana Lilia y su estilo
*Erasto, Carlos y su cubículo
El problema real del PRI no es Delfina ni Josefina: son las millones de personas que están hartas de la corrupción, los malos gobiernos, la inseguridad y el empobrecimiento popular. El consenso social está en contra del PRI, a quien le carga la responsabilidad de casi todos sus padecimientos. El voto en contra se le viene encima como una locomotora sin frenos y, hasta hoy, no se ve una estrategia clara para evitarlo.
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No sabemos a quién se le habrá ocurrido esa propaganda, pero si el PRI cree que la gente está en deuda con él, se equivoca. Publicitar que sus gobiernos son los que más becas han repartido o más tratamientos contra el cáncer han realizado, como lo hace en los anuncios espectaculares que colocó por toda la entidad, es una verdadera tontería, por obvia: ha sido el único partido que ha gobernado al estado en 91 años.
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La mejor propaganda que puede tener el PRI son los hechos, y quien más podría ayudar legalmente a su causa es Eruviel, con acciones contundentes de gobierno. ¿Por qué no empezar a castigar ya la corrupción? La gente sabe perfectamente quién se ha enriquecido hasta la locura durante su gobierno; ¿Por qué no quitarles lo que pillaron y meterlos a la cárcel? ¿Por qué no despedir a aquellos funcionarios que no han dado resultados? ¿Por qué no hacer mejor las cosas hoy? ¿Por qué esperar hasta el próximo gobierno?
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Lo que hoy sucede en el PAN es lo mismo que pasó en la elección anterior de gobernador, la misma película. En 2011 Ulises Ramírez y su grupo operaron para hacerle vacío a Luis Felipe Bravo Mena; lo traicionaron, y el PAN descendió al tercer lugar en las preferencias electorales. La corrupción, las deslealtades, los intereses mezquinos, los negocios con la política no son marca registrada de un solo partido: se dan en todos, y en el PAN hay haaarta historia.
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Desde hace días se habla en las tertulias del mundillo político sobre la renuncia de Ana Lilia Herrera a la Secretaría de Educación. Algunos dicen que se iría como directora de un banco, a Bansefi o Banrural; otros, que regresaría a su escaño en el senado; puro barullo que parece más producto de la maledicencia que de la información privilegiada. La relación política entre Ana Lilia y su jefe Eruviel es sólida y estable, al menos eso afirman en su oficina. No tiene pensado irse, al menos no antes de septiembre. Ana Lilia tiene mucha carrera política por delante, no es su estilo echar todo por la borda a causa de algunos berrinches.
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Vaya, vaya: a pesar de que llegaron con la etiqueta de ser los hombres de mayor confianza que Eruviel enviaba a la campaña, Erasto Martínez y Carlos Aguilar recibieron una fría y discreta recepción. Les asignaron un par de oficinas en el área de presidencia, pero no cerca del primer círculo de colaboradores del precandidato: esa área es exclusiva para Enrique Jacob y su gente.


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