Se dice que…

El fantasma de 1997 ronda la campaña de Alfredo del Mazo. Las posibilidades de que pierda la gubernatura en este 2017, como perdió su padre hace 20 años el gobierno del Distrito Federal, son muchas, y siguen creciendo conforme se acerca la fecha de la elección. La historia es contundente: ni el PRI ni los Del Mazo son invencibles; cuando la gente se decide y dice no… ¡es no! * Si Delfina y Josefina pactaran un acuerdo para la transición, el PRI tendría que irse despidiendo, pues sus posibilidades de triunfo serían cero. Es desesperante ver cómo por arrogancia, incapacidad
marzo 29, 2017

El fantasma de 1997 ronda la campaña de Alfredo del Mazo. Las posibilidades de que pierda la gubernatura en este 2017, como perdió su padre hace 20 años el gobierno del Distrito Federal, son muchas, y siguen creciendo conforme se acerca la fecha de la elección. La historia es contundente: ni el PRI ni los Del Mazo son invencibles; cuando la gente se decide y dice no… ¡es no!

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Si Delfina y Josefina pactaran un acuerdo para la transición, el PRI tendría que irse despidiendo, pues sus posibilidades de triunfo serían cero. Es desesperante ver cómo por arrogancia, incapacidad o puro interés los partidos políticos han ignorado desde hace mucho el clamor popular por el cambio en el Estado de México. Todas las encuestas dicen lo mismo: ocho de cada diez mexiquenses se declaran hartos y votarán contra el PRI.

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Un gobierno de coalición para la transición, pactado entre todas las fuerzas políticas que están por el cambio, sería el antídoto perfecto a la tentación autoritaria de imponer al candidato oficialista. Un acuerdo político, con visión histórica, para contrarrestar al aparato del gobierno (volcado en el reparto de dádivas para ganar voluntades). Se vale soñar; demasiado bueno para que se haga realidad.

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Si en las cúpulas de los partidos se resisten al acuerdo, donde se puede dar de facto es en la base, en la coincidencia que hay en los electores de que ha llegado el momento del cambio. Ésta es la oportunidad para la unidad social, para la insurrección de las conciencias, para hacer a un lado el individualismo y dar paso al colectivismo. Voto útil, voto razonado, voto dirigido… como quieran llamarle, pero evitar la fragmentación. Arrebatar el gobierno a las minorías y entregarlo a las mayorías: principio elemental de la democracia.

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El mensaje de la sociedad es claro: alto a la corrupción y castigo a los corruptos; seguridad pública eficaz y eficiente; salarios justos y suficientes; empleo bien pagado; justicia pronta y efectiva; acceso universal a la educación; servicios públicos modernos y eficaces; frenos y controles al poder; purificación del servicio público; aplicación irrestricta del Estado de derecho; acceso garantizado a los servicios de salud… sólo por citar algunos. El ejercicio del poder no es cosa del otro mundo; sentido común y voluntad es lo único que hace falta para cambiar, más allá de las siglas o los colores partidistas. La gente debería entender que el poder está en ella, no en las cúpulas de los partidos. Ella debe mandar y los candidatos obedecer; así de sencillo.  

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