La ganadora del minidebate en Televisa fue… ¡Televisa! El principal influencer del sistema estaba en terapia intensiva, pero otra vez le hicieron foro y lo sacaron del coma. Ahora sí, como dicen en el rancho: “no tiene la culpa el indio, sino el que lo hace compadre”.
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Está claro que la del Estado de México no es una sociedad virtuosa con la capacidad de elegir con tino el mejor proyecto y el mejor candidato; así lo dice su historia. No; por el contrario, lamentablemente sigue arrastrando muchos vicios y defectos, por donde se cuelan impostores y bribones. No sólo son aquellos que –empujados por el hambre, la ignorancia, la conveniencia o la desfachatez– cambian, venden o comprometen su voto; también están los otros, a los que seduce la cara bonita, la piel blanca, el verbo fluido, la ropa de marca. Los que se rechazan a sí mismos, a los prietos de garras corrientes, de pronunciación incorrecta. No importa que sean honestos, honrados, capaces; lo que cuenta es la apariencia. El recurso de los tontos: culpar a los políticos de los errores y taras, como si aquellos fueran marcianos o salieran de quién sabe dónde.
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Hay quien asegura que existe un hilo conductor entre el candidato con cara de emoji, Isidro Pastor; la presunta independiente, Teresa Castell; el “todas mías” del PT, Óscar González, y el Juanito del PRD, y que es, nada menos, las muy buenas relaciones políticas, personales y mercantiles que tienen con el secretario general de Gobierno. Aunque bien puede ser un caso más de la maledicencia a la que ha estado expuesto José Manzur, hay razones de sobra para al menos sospechar que tiene influencia en esas fuerzas básicas electorales (que, sumadas, podrían representar hasta un 14 por ciento de los votos). Cualquiera de los tres grandes los querría de su lado.
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A la candidata de Morena le falta entrenamiento en medios. Su expresión verbal y corporal es básica, primitiva; se les ha pasado la mano con esa idea de presentarla y mantenerla como la candidata autóctona. La maestra Delfina mínimamente debería esforzarse en mejorar la argumentación y verbalización de sus ideas. En su favor habría que decir que, para combatir la corrupción y gobernar con sentido común, no se requiere ser campeón de oratoria.
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Alfredo del Mazo es el de más finas formas, no hay duda, pero como candidato nada más no termina por despegar. No le salen las cosas, como si de una maldición se tratara. La zurra que le puso Juan Zepeda en el debate de ayer fue de pena ajena. En las redes sociales se lo acabaron con memes. Peor aún, la intelectualidad –sea de derecha o izquierda– ha hecho pedazos, por populista y simplona, su propuesta del “salario rosa”. Se esperaba mucho más de un egresado de la Escuela de Administración y Finanzas de Harvard, dicen.
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Empresarios (algunos muy exitosos) del Valle de Toluca se reunieron este martes con la candidata del PAN en Metepec. No extraña que los hombres del dinero y de los organismos de la cúpula empresarial estén cerca política e ideológicamente del partido conservador; lo que llamó la atención fue ver allí a muchos hombres de negocios identificados con el PRI.


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