Resulta casi irresistible la tentación de escribir acerca de la creciente inseguridad que se siente al andar por las calles, al leer los diarios y al seguir las redes sociales. Cuando no es el caso de una escalofriante ejecución múltiple es la imparable oleada de asaltos a cuentahabientes, o los execrables atentados contra la vida de las mujeres y las desapariciones que no cesan en territorio mexiquense y mexicano todo. El caso es que el tema da siempre tela para cortar.
Nada menos el inicio de esta semana el Valle de Toluca recibió una nueva sacudida cuando se conoció el caso de cuatro cadáveres encontrados a la vera de la carretera México-Toluca. De inmediato la noticia se apoderó de los portales noticiosos, de las redes sociales, así como de los informativos matutinos en radio y televisión. Igualmente la Procuraduría General de Justicia del Estado de México se apuró a señalar que los cuatro cuerpos encontrados correspondían a presuntos asaltantes que habrían sido abatidos justo al atracar a los pasajeros de una unidad de transporte público. Era evidente la intención de generar una especia de contención de impacto negativo en la percepción de inseguridad, apoyándose en esa opinión creciente en contra de los asaltantes del transporte público, sugiriendo que las vidas de estos importaban menos que si se tratara de gente “común”.
El comentario que quisiera compartir en torno al tema tiene que ver con los datos revelados por un estudio que realizaron el CIDE, la Universidad de los Ángeles y la argentina Universidad Nacional de Tres de Febrero. El trabajo fue sobre la operación del sistema penal en el Estado de México. Un dato especialmente llama la atención de dicho estudio: que la mayoría de los delitos procesados por nuestro sistema penal (reformado de manera reciente para basarse en el esquema acusatorio) son de escasa complejidad (el 59.3 por ciento de los casos corresponde a robos) y que el 91.7 por ciento de las detenciones corresponden a una flagrancia.
A la luz de este dado resulta evidente que no contamos con un sistema procurador de justicia que tome iniciativa, que investigue, que genere información y proceda de manera inteligente. Más bien es un sistema reactivo, que procesa lo que le llega y procura justicia contra quien “cayó”. Los que logran “pelarse” ya la hicieron. No son nuevos los altos índices de impunidad que padece nuestro país y nuestra entidad, más bien es una masa creciente que alienta a los delincuentes, sabedores de que el chiste está en “que no lo agarre a uno”.
Así es: procesar los robos es, en términos de procedimiento, de lo menos complejo. No se puede decir lo mismo de acreditar la actividad de una organización delictiva o de los actos de un homicida serial. Nuestro sistema muy poco lidia con eso; prácticamente no hay labor de investigación, ni ciencias forenses apoyando; ya no se diga información georeferenciada, bases de datos, software especializado ni nada de esos que vemos en las thriller de Hollywood o en las series televisivas.
Es este tipo de incapacidad de actuar con base en inteligencia e investigación lo que hace que la procuración de justicia no consiga prestar a la sociedad el servicio que se le ha encargado: perseguir e investigar los delitos. A menos que alguien sea detenido en flagrancia, es muy difícil que un acto criminal termine con la sentencia en contra del responsable. Pareciera que sin flagrancia no hay delito que perseguir. Ahí está buena parte del problema. Podrán poner en operación todos los programas que se quieran de patrullaje, vigilancia, con bases mixtas compuestas, heterogéneas o como se le quiera llamar, pero la impunidad tiene su génesis en la no investigación.
Investigar es quizá el acto humano más creativo, que consiste en ver más allá de lo evidente, en imaginar conexiones entre elementos, en crear modelos, construir hipótesis y aumentar los conocimientos sobre determinada materia. Cuando se hace de manera sistemática se coloca uno en la posición de generar cosas que no existían. Lo que hoy no tenemos es seguridad, usted dirá qué es lo que hace falta generar.


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