Sálvese quien lea

La prisión del amor El título de esta recopilación de ensayos de Hernán Lara Zavala sopesa una doble significación: por un lado, todos los textos refieren “conflictos emocionales” de diversa índole –no necesariamente amorosos, pero sí elevan múltiples exaltaciones a semejante nivel– y, por el otro, son un claro reflejo de la efusión que este narrador y profesor ejerce por los autores que aquí aparecen –que, como él mismo afirma, “lleva puestos”. Aunque seamos honestos: los ensayos de Lara Zavala no esplenden: bien trabajados, son placenteros, algunos incluso atractivos, pero ninguno sobresaliente. Sin embargo, hay algo que sí logran: uno
agosto 20, 2015

La prisión del amor

El título de esta recopilación de ensayos de Hernán Lara Zavala sopesa una doble significación: por un lado, todos los textos refieren “conflictos emocionales” de diversa índole –no necesariamente amorosos, pero sí elevan múltiples exaltaciones a semejante nivel– y, por el otro, son un claro reflejo de la efusión que este narrador y profesor ejerce por los autores que aquí aparecen –que, como él mismo afirma, “lleva puestos”.

Aunque seamos honestos: los ensayos de Lara Zavala no esplenden: bien trabajados, son placenteros, algunos incluso atractivos, pero ninguno sobresaliente. Sin embargo, hay algo que sí logran: uno como lector (re)descubre a los autores y las novelas citadas, y se apresta a (re)leerlas con fervor. Reconocer la atormentada vida de Malcolm Lowry –y la génesis de su gran “Bajo el volcán”–, así como las tribulaciones de Scott Fitzgerald por devenir notorio escribiente; el entramado de pulsiones, la renovación lingüística y el erotismo inagotable de la obra suprema de Joyce; la relación entre alcohol y autor (y su reflejo en los dipsómanos que empuñaron la pluma a la par de la botella); Orwell y Huxley, con sendas novelas distópicas que preconizan y presagian el acaecer de la sociedad próxima… en fin: Wilde, Faulkner, Hemingway, Nabokov, Stevenson y muchos más escritores nos convocan a (re)visitar su prodigiosa obra.

Y, siendo realistas, eso ya es bastante. Así que, en resumidas cuentas, es un libro que rebosa amor por el arte, por la literatura, y eso en sí mismo es harto meritorio.

 

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