¿Somos los más corruptos?

Cuando una sociedad está bien gobernada, existen mayores posibilidades de que todos sus integrantes obtengan beneficios en su vida, relacionándose más libremente, trabajando mejor y hasta siendo más felices. No sólo porque en una situación así, hay menos posibilidades de que se formen bandas o camarillas que se disputen territorios o riquezas, sino porque el orden en la vida común está basado en el buen comportamiento de cada individuo, generando un ambiente favorable a la paz y tranquilidad en la convivencia. Convivir es algo muy complicado, implica básicamente ceder: socializar significa transferir a un ente colectivo parte de lo mío.
mayo 25, 2016

Cuando una sociedad está bien gobernada, existen mayores posibilidades de que todos sus integrantes obtengan beneficios en su vida, relacionándose más libremente, trabajando mejor y hasta siendo más felices. No sólo porque en una situación así, hay menos posibilidades de que se formen bandas o camarillas que se disputen territorios o riquezas, sino porque el orden en la vida común está basado en el buen comportamiento de cada individuo, generando un ambiente favorable a la paz y tranquilidad en la convivencia.

Convivir es algo muy complicado, implica básicamente ceder: socializar significa transferir a un ente colectivo parte de lo mío. Por ejemplo, cuando converso con alguien le estoy compartiendo mis ideas, mis sentimientos, mis sensaciones; igualmente, cuando trabajo con alguien, estoy transfiriendo parte de mi esfuerzo para un fin compartido. En suma, no se puede vivir en sociedad sin transferir al colectivo algo de mí.

Lo que la vida en sociedad reclama de nosotros es aprender a estar con los demás de manera solidaria, responsable y vinculante. Sólo en la medida que cada persona sabe estar consigo mismo y con los demás a un mismo tiempo, es capaz de formar sociedad. Cuando alguien sabe sólo estar consigo mismo, es decir, sólo ve por sus intereses particulares, contribuye a generar un entorno más difícil para los demás. Detrás de cada queja contra actos arbitrarios, de esas que abundan en las redes sociales, hay una muestra de alguien que no sabe estar con los demás. Los “Lords” y las “Ladys” que hoy son exhibidos públicamente son personas que no saben estar con los demás.

Esta semana el INEGI ha dado a conocer los resultados de su Encuesta Nacional de Calidad de Impacto Gubernamental y en ella se revela, entre otras cosas, que el Estado de México “es la entidad del país con la mayor incidencia en actos de corrupción: con 62 mil 160 actos de corrupción por cada 100 mil habitantes”. O sea, más de la mitad de todas las personas mayores de edad incurrieron en el último año en un acto de corrupción. Esto nos revela básicamente actos en provecho propio y en detrimento de los demás. La corrupción básicamente es muestra del comportamiento de quien sabe estar consigo mismo y socializar en provecho suyo o de su familia/grupo, pero no sabe estar con los demás de manera solidaria o vinculante.

¿Y esos comportamientos son gratuitos? Creo que no, que están relacionados con una sociedad mal gobernada. Esa misma encuesta del INEGI nos muestra que menos de un tercio de la población está conforme con los servicios públicos básicos. Tener agua en casa, salir y encontrar una calle en buenas condiciones, bien alumbrada y confiar en que existe un servicio de policía eficiente es lo mínimo que espero de un gobierno que entre todos elegimos y sostenemos; ello representa el producto tangible de que cada uno de nosotros ha cedido algo a favor de la vida colectiva.

Pero resulta que muy pocos se sienten satisfechos con esos servicios básicos, entonces ¿cómo podemos pedir a todos que respeten la ley, la vida institucional y la figura de los gobernantes? No hay vida colectiva que aguante el no obtener casi nada a cambio de lo que cedemos. Por ello los linchamientos, por ello la desobediencia, por ello la elusión y evasión. Todos esos actos no son sino expresiones de personas mal gobernadas. Gobernar bien es el acto de conseguir comportamientos adecuados para el individuo y para el colectivo de manera voluntaria. Y, al contrario, mal gobernar deriva en personas que se comportan de un modo impropio, lo cual va en detrimento de la vida que tenemos en común.

Autogobernarse no basta. No sólo funciona que yo me contenga y responsabilice de mis actos. También es necesario que ese ente colectivo llamado Gobierno haga su trabajo mostrándome lo que obtengo de comportarme así, de manera recta, ordenada. Pero me temo que actualmente tenemos la peor combinación: insatisfacción en los servicios públicos y un generalizado clima de corrupción. ¿Cómo vamos a conseguir así una sociedad en la que podamos vivir todos en paz?

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