La sororidad es un término vanguardista que está muy de moda y que por los siguientes años la estaremos escuchando mucho.
Marcela Lagarde exlegisladora, feminista y antropóloga mexicana sostiene que la sororidad es una la alianza de las mujeres, en el compromiso tan importante de seguir en la lucha por generar espacios donde pueda desarrollarse y vivir libre de violencia.
El término es impulsado más allá del feminismo tradicional, pues propone que este concepto vaya más allá de la solidaridad entre féminas, pues la diferencia radica en que la “solidaridad” tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están, es la colaboración que alguien otorga en tiempo de crisis esencialmente, mientras que la “sororidad” implica la modificación de las relaciones entre mujeres, en pocas palabras la sororidad se traduce en una hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente.
También podemos decir que la palabra sororidad no emana de una esfera individual, todo lo contrario es liberarse de la mezquindad aprendida y de la violencia tolerada para ubicarse en un nivel humano con una mente inteligente, donde nacen las emociones unidas a lo que llamamos inteligencia empática.
En conclusión, dentro de nuestra vida cotidiana podemos construir y unirnos a las redes de sororidad, lo que implica compartir el análisis de los problemas, el intercambio de información, el apoyo emocional desde la racionalidad empática, escapando a los mecanismos aprendidos del patriarcado, del montaje emocional, de la manipulación y el dogmatismo. De ahí que incluso grandes escritoras como Elisa Quejeiro promuevan el pacto de Eva: “Nunca más la voz de una mujer que se levante contra otra, más vale silencio que veneno”.


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