El poder engendrado en el submundo inmobiliario del Estado de México ha llegado a límites alucinantes. No solo por la cantidad de dinero que mueve —miles de millones de dólares por año en desarrollos comerciales, industriales y habitacionales—, sino por su influencia en asuntos políticos, legales y de gobierno para mantener las reglas que les favorecen. En el bolsillo de ese submundo hay alcaldes, diputados, senadores —al menos uno— y un número indeterminado de funcionarios públicos de todos los niveles. Es un poder fáctico al que es urgente ponerle límites y controles.
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El «cartel inmobiliario» de la CDMX y la «mafia inmobiliaria» de Yucatán son como niños de pecho frente al submundo inmobiliario del Estado de México. Su mayor «obra», quizá Huixquilucan, y, después, quizá Tecámac, en particular y toda la zona oriente en general. Ahora avanza sigilosamente en Valle de Bravo. Es como hiedra voraz que nada ni nadie detiene.
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La Secretaría del Trabajo fue una cuota para el PT en el gabinete. Esa es la explicación de por qué Norberto Morales Poblete está allí y qué es lo que lo sostiene. Su desempeño ha sido francamente mediocre, no hay pies ni cabeza. No solo eso, los testimonios sobre su disipado estilo de vida y como ha impactado negativamente en esa área del gobierno son lamentables. Norberto no renunciará motu proprio, la gobernadora tendrá que echarlo con buenas formas, pero deshacerse de él lo más pronto posible. Hace mucho daño.
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Quienes piensan que el senador Higinio Martínez declinará a su anhelo de ser algún día candidato a gobernador, se equivocan. Mientras esté vivo lo mantendrá y, en estricto sentido, es legítimo. Tampoco se subordinará —como no lo ha hecho— a la autoridad política de la gobernadora Delfina Gómez, él siempre la verá como una discípula sobre quien tendrá siempre ascendencia. “Mexiquenses de Corazón” es un grupo de presión política que seguirá activo pésele a quien le pese, eso dicen.
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Es probable que la profecía del «candidato único» en la sucesión de la rectoría de la UAEMex se repita una vez más, como ha sucedido infinidad de veces anteriores. Hay un grupo que simpatiza con ella, pero hay otro u otros que no, que la repudian y están por la democratización del proceso. Es una realidad. El proceso está en marcha y aunque faltan meses se ha colocado en principalísimo tema de conversación de la comunidad universitaria.


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