Los maestros lo comentan, los padres de familia lo vienen mencionando desde hace varios días, en la prensa y en las redes sociales es ya un tema recurrente: ¿se suspenderán las clases en las escuelas de cara a la nueva ola de contagios del SARS-CoV-2 que ya se ha extendido por varios estados de país? Por lo pronto, en nuestra entidad las escuelas privadas sí han decidido volver al esquema de clases no presenciales, según lo comentó recientemente la Asociación de Escuelas Particulares del Estado de México.
No es una decisión fácil, pues tanto el gobierno federal como el estatal han decidido mantener a nuestra entidad en color verde dentro del semáforo epidemiológico. Declarar una suspensión de clases sonaría a una severa contradicción, pues durante meses y meses se condicionó las clases presenciales a que estuviéramos en verde. Hoy, que llevamos varias semanas así, no “cuadraría” que se decidiera cerrar los planteles.
Como lo dijimos la semana pasada en este mismo espacio, la oleada de contagios, sobre todo de la variante Ómicron, ha sido notoriamente masiva, básicamente en las ciudades. Sin embargo, es un hecho que las curvas de contagio, de hospitalizaciones y defunciones se han desacoplado. No hay saturación hospitalaria, no hay filas en las funerarias, panteones o los servicios de incineración. Las imágenes dramáticas que vimos hace un año buscando oxígeno, aguardando noticias afuera de los nosocomios, de ambulancias peregrinando para que se aceptara a los pacientes en estado crítico, hoy no se replican. Esa es la razón (técnica) por la que el semáforo sigue en verde.
Ciertamente la tasa de positividad se ha incrementado en niveles mucho muy importantes, las filas para hacerse la prueba covid sólo se comparan con las filas para aplicarse la vacuna (por primera ocasión o refuerzo) y para tramitar incapacidad laboral por contagio. En las escuelas también se han presentado muchos casos. Los profesores, trabajadores y alumnos se han contagiado, aunque no todos se han enfermado. Sus contagios se han dado tanto en los planteles como fuera de ellos.
Tras las vacaciones y festividades de fin/inicio de año, adultos, niños y jóvenes terminaron por contraer el virus, sobre todo porque Ómicron es sumamente contagioso, pues se aloja en la garganta, los bronquios, las vías respiratorias superiores y, por ello, la tos, los estornudos y el simple hecho de hablar y respirar emite más aerosoles y gotículas con carga viral que pueden alcanzar a más personas.
Las clases se han venido dando en la mayoría de las escuelas de educación básica, media superior y superior, de manera presencial desde septiembre del año pasado, pero las cosas han cambiado. La presencia de tantos contagios como se evidencia ahora que existen en varias entidades del país, mueve a la reflexión si vale la pena suspenderlas algunas semanas para evitar una aceleración y expansión todavía mayores de las cadenas de contagios.
Parece claro que no volveremos a los confinamientos generalizados de mediados del 2020, pero medidas estratégicas para disminuir la movilidad de las personas y las concentraciones humanas en espacios cerrados podría no ser del todo malo. Claro que se podría objetar que los estadios, bares y antros estén abiertos cuando las escuelas terminan cerradas. Como lo vemos cada fin de semana, las fiestas ya están al nivel de hace años, los restaurantes, las playas, los espectáculos deportivos tienen regularidad desde hace mucho tiempo.
La decisión no es fácil.
La cobertura de la vacunación ya está en niveles que rondan a 8 de cada diez personas mayores de 15 años en casi todo el país. Hay ciudades con tasas superiores a 95% de vacunados. Ese elemento matiza la urgencia de tomar medidas tan importantes como suspender las clases. Pero el elemento psicológico comienza ya a jugar un papel muy relevante. La gente está empezando a entrar en pánico y a pensar que en cosa de días toda una escuela podría estar contagiada si no se suspenden las clases presenciales.
Insisto: la decisión no es fácil. Este fin de semana el personal educativo de casi todo el Estado de México estarán recibiendo su dosis de refuerzo. Y, de tomarse la decisión de suspender clases, tendría que ser en no más de 7 días para que sirviera de algo. Hacerlo después de poco ayudaría, sobre todo si tomamos en cuenta que, en otros países en los que Ómicron se ha convertido en la variante que domina, el ascenso en los casos se presenta en cosa de dos meses y luego se detiene para comenzar a bajar, también de manera acelerada.
La Universidad Autónoma del Estado de México, máxima casa de estudios en territorio mexiquense, mantiene –hasta ahora- la idea de reiniciar clases presenciales empezando febrero, es decir en cosa de dos semanas. Si hay algún cambio de planes también tendría que anunciarse en los siguientes días. Hay que esperar y la semana siguiente será el momento para decidirlo y si no, ya no tendría mucho caso.



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