Terminaron las vespertinas de la covid-19

El pasado viernes concluyó un ejercicio comunicacional inédito en nuestro país: las conferencias de prensa diarias sobre la pandemia de covid-19. Fueron aproximadamente quince meses los que se mantuvo este ejercicio, a todas luces interesante en términos informativos. No hay ningún otro país en el mundo en el que se haya presentado algo similar para tratar la propagación del virus SARS-Cov-2 y la pandemia que genera. Hay países en los que las conferencias de prensa son inexistentes, otros en los que se presentan muy eventualmente y algunas otras prefieren los comunicados de prensa o boletines informativos. El caso de las
junio 14, 2021

El pasado viernes concluyó un ejercicio comunicacional inédito en nuestro país: las conferencias de prensa diarias sobre la pandemia de covid-19. Fueron aproximadamente quince meses los que se mantuvo este ejercicio, a todas luces interesante en términos informativos. No hay ningún otro país en el mundo en el que se haya presentado algo similar para tratar la propagación del virus SARS-Cov-2 y la pandemia que genera. Hay países en los que las conferencias de prensa son inexistentes, otros en los que se presentan muy eventualmente y algunas otras prefieren los comunicados de prensa o boletines informativos.

El caso de las conferencias de prensa encabezadas por el Subsecretario de Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, merece una revisión, no sólo como herramienta en el manejo de un problema de salud pública, sino como fenómeno comunicacional. Fueron más de cuatrocientas cincuenta conferencias de prensa; en un buen número de ellas la voz principal fue la del subsecretario López-Gatell, pero también hubo otras voces de servidores públicos de distinto tipo. Y, algo muy importante, al igual que las conferencias matutinas del presidente de la República, prescindieron del uso de los medios tradicionales de radiodifusión y se montan en la plataforma Youtube, a través de distintos canales.

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El propósito de las conferencias era, como suelen serlo todas las conferencias de prensa, mantener el control de la agenda temática: que se hable de lo que nosotros queremos que se hable. Cualquier conferencia de prensa busca eso y, a mi parecer, cumplió con ese objetivo. Todos los días, desde la primera conferencia, celebrada el 19 de febrero, el tema en los medios era lo señalado ahí. Y, ni hablar de las redes sociales: Twitter, Faccebok, Instagram, Tiktok estuvieron durante meses llenas de material generado en estas conferencias de prensa. Desde avisos importantes hasta memes, todo se generaba en esas vespertinas comparecencias del Dr. López-Gatell.

Para bien o para mal, el control de la agenda se mantuvo durante meses. A lo largo del tiempo los videos correspondientes con estas conferencias, subidos a Youtube por distintos canales del Gobierno de la República, superaron los 44 millones de reproducciones. La audiencia conseguida fue impresionante y ¡gratuita! No se pagó a nadie por difundir un mensaje diario a cientos de miles de espectadores. A lo anterior hay que agregar el tiempo dedicado a esta conferencia por los medios de comunicación: tiempo al aire, páginas, contenidos en sitios web, etc. Muchos medios incluso tomaban la señal y la replicaban.

Los resultados obtenidos fueron tales que desde el Gobierno Federal se ideó armar un bloque de conferencias de prensa que antecedieran a la encabezada por la Secretaría de Salud. Así fue como desde que iniciaba la tarde, se arrancaba con conferencias de prensa sobre apoyos sociales, cuestiones laborales, educativas, económicas. Varios secretarios y secretarias del gabinete federal desfilaron por esas conferencias que tenían el mismo objetivo: poner agenda. Ello se volvía mucho más necesario en medio de la incertidumbre generada por una pandemia que no tiene precedentes en el mundo en los últimos 100 años.

Con el paso del tiempo, resultó evidente que muy pocas personas estaban dispuestas a escuchar todos los días dosis de estadística epidemiológica, tendencias, proyecciones, escenarios, modelos, estimaciones, registros, curvas epidémicas. Muchas veces se manejó un discurso muy técnico, muchas otras se buscó emitir mensajes más simples, y algunas más incluyeron intercambios de palabras entre algunos representantes de medios de comunicación y los funcionarios participantes.


El objetivo político de controlar la agenda mediática funcionó durante bastante tiempo, hasta que desde la oposición política (de cara a las elecciones que acabamos de pasar) se empezaron a buscar otras voces para tratar de arrebatar esa agenda. Para bien o para mal, lo dicho en las conferencias vespertinas sobre la pandemia, constituyeron el eje de las acciones políticas emprendidas para enfrentar a la covid-19 en México: que si no se transmitió correctamente el mensaje de usar el cubre bocas, que si fue ambiguo el concepto de aplanamiento de la curva, que si la personalidad del secretario López-Gatell causó escozor en muchas personas, todo es parte del mismo objetivo ya antes mencionado.

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El contenido de los mensajes transmitidos día a día en estas conferencias de prensa puede dividirse en varios “momentos”: primero el anuncio de la llegada de la pandemia, en donde básicamente se buscó no alarmar a la población; segundo, la etapa de propagación comunitaria el virus y la inminente demanda masiva de servicios de salud, en donde básicamente se buscó señalar que se contaría con camas de hospital suficientes; tercero, el momento de controlar la pandemia y reactivar las actividades económicas, en donde el mensaje fue básicamente decir que la responsabilidad es de todos; el cuarto momento fue el de arribo de las vacunas y el arranque del programa nacional de vacunación, que fue acompañado de un claro descenso de los casos, a lo largo de los últimos meses.

Para algunas miradas críticas, las primeras dos etapas estuvieron marcadas por la voluntad de minimizar la pandemia. La tercera etapa -dirían esas mismas voces- tuvo como característica la manipulación de la información para dar la impresión de que nunca estuvo fuera de control la enfermedad y que no hicieron falta camas. Y, la cuarta etapa, señalarían, tuvo claros tintes políticos al “vender” la aplicación de vacunas como un logro de gobierno, para obtener con ello preferencias electorales.

Para otro tipo de miradas, la presencia de especialistas en materias de salud pública, de científicos dando explicaciones sobre el comportamiento de los virus, sobre historia de las enfermedades y sus tratamientos, era algo que debía agradecerse. Las luces arrojadas por esas miradas expertas ayudaban a entender en su dimensión clínica no sólo la enfermedad y los tratamientos, sino la forma de evitar el contagio. Los datos técnicos dados cada día (número de contagios, de decesos, de camas de hospital ocupadas, de gente recuperada) eran, sin duda, un termómetro para orientarse en medio de la emergencia.

Conforme la pandemia avanzó, otras fuentes de datos técnicos cundieron a nivel nacional e internacional. Hoy hay muchos observatorios, centros de investigación, universidades y organizaciones que brindan datos en tiempo real sobre el comportamiento de los casos, de las vacunas, de las variantes nuevas, etc. Igualmente, los medios de comunicación se pusieron a trabajar e hicieron ejercicios muy interesantes sobre el exceso de mortalidad, sobre las condiciones hospitalarias, sobre el personal médico y otros temas. De la misma manera empezaron a encontrarse estudios científicos que también ayudaron a entender este fenómeno mundial y sus consecuencias. Toda esa información está al alcance de quien la busque y pueden ayudar a seguirse orientando, porque la pandemia aún no termina.

Conozco personas que nunca vieron esas conferencias. Hay gente que las habrá visto en muy contadas ocasiones y no completas. Los representantes de los medios de comunicación que acudían a las mismas siempre fueron pocos y, al final, sólo un puñado de “fieles” se mantenía estoico acudiendo o conectándose cuando las mismas fueron on-line. Al final, queda la sensación de que este ejercicio de contra-agenda setting (o intento de arrebatar a los medios masivos de comunicación la facultad de dictar en qué pensamos y de qué hablamos) cumplió su cometido, aguantó lo más que se pudo, entró en un proceso de desgaste inevitable y finalmente cierra su ciclo pasadas las elecciones y con una aparente contracción de la pandemia, para permitir que la agenda sea ahora puesta por otros personajes y con otros fines, de cara a la segunda mitad del actual sexenio.

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