Tienda de raya 2014

“A la cola, a la cola, que se formen, que se formen, fuera, fuera”, gritaban quienes estaban en la fila, que por cierto era muy larga, en promedio quinientos profesores, hombres y mujeres que el viernes trece de junio, día de pago esperaban impacientes por llegar a la ventanilla con los trabajadores de la Secretaría de Finanzas, quienes entregaban el cheque con el monto del pago quincenal correspondiente. La figura del habilitado desapareció, era el profesor encargado de recoger la nómina con los cheques de los trabajadores docentes del centro educativo, los transportaba hasta la escuela, en donde cada maestro
junio 16, 2014

“A la cola, a la cola, que se formen, que se formen, fuera, fuera”, gritaban quienes estaban en la fila, que por cierto era muy larga, en promedio quinientos profesores, hombres y mujeres que el viernes trece de junio, día de pago esperaban impacientes por llegar a la ventanilla con los trabajadores de la Secretaría de Finanzas, quienes entregaban el cheque con el monto del pago quincenal correspondiente.

La figura del habilitado desapareció, era el profesor encargado de recoger la nómina con los cheques de los trabajadores docentes del centro educativo, los transportaba hasta la escuela, en donde cada maestro lo recibía y en muchas ocasiones entregaban una pequeña cuota voluntaria a quien desempeñaba esta tarea.

A partir de esta quincena la recepción del cheque es individual, las filas que evocan la temible tienda de raya nuevamente se presentan en el profesorado; al intento de algún maestro por incorporarse a la formación con el amigo o compañero de escuela, quien le apartó el lugar, provoca de manera inmediata las reacciones y los gritos, en ocasiones con uno que otro chiflido de conocido tono.

“No es justo que se metan, llevo más de una hora y media aquí formada, necesito el dinero, tengo que comprar la comida para mis hijos, si no tuviera la necesidad no estaría aquí, los que están pagando, parece que hasta disfrutan con hacernos esperar, no es justo…” mencionaba la maestra de una escuela cercana al Centro de Servicios Administrativos de Toluca, en donde esto ocurría.

Con la angustia reflejada en su rostro, otra docente decía: “esto no avanza y no voy a llegar al banco, tengo que pagar la letra de mi carro, hoy es el último día si no empiezan los recargos,…”, no terminaba de hablar la profesora, cuando otra voz la interrumpió, “hay mana, tú pagas tu carro,  yo tengo que dar el abono de los zapatos de mis hijos, no alcanza el dinero para nada, cada día están más caras las cosas,  a donde vamos a llegar…” continuó la otra maestra.

Cualquier parecido con los cobros que se hacían en las tiendas de raya que narra la historia, es producto de la “modernidad”, en donde convergen la desesperación y necesidad del trabajador, con la clara tendencia de obligar al pago por tarjeta, que producirá ganancias para el banco que dé el servicio.

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Síguenos