Toluca en la prehispanidad fue un valle que era compartido por Matlazincas y Otomíes. La zona centro y norte de lo que hoy es el municipio de Toluca era habitada por estas dos culturas, hasta que el imperio Mexica llegó y controló todo el Valle. El territorio era sumamente bondadoso con quien lo habitaba en ese entonces, agua y tierra fértil no faltaba. El río que hace unos ayeres lo nombraron Verdiguel cruzaba de poniente a oriente la ciudad, y de sur a norte; mientras que el hoy río Lerma y sus lagunas abastecían de vida a esta tierra.
Lo que hoy es Toluca como tal, en tiempos prehispánicos nunca fue una ciudad de grandes dimensiones o de gran importancia, aunque sus condiciones geográficas y naturales lo permitían. Toluca siempre fue una ciudad mediana, siempre una ciudad de transición hacia la gran Tenochtitlán.
El gran nevado siempre vigilante fue testigo de todo lo acontecido. Vio como los españoles llegaron a nuestros territorios a conquistar y tomar como pago de la Corona esta tierra nueva, tierra fértil que iniciaba su gran travesía hacia lo que muchos pensamos, fue su desgracia.
Los españoles y el proceso de evangelización hicieron y forzaron a la ciudad a ser lo que no era; una ciudad. Llegaron nuevos habitantes; Franciscanos y Carmelitas se asentaron en nuestras tierras. Los primeros ocuparon lo que hoy son los Portales y los segundos ocuparon lo que hoy es el Museo de Arte Moderno; ambos ubicados en lo que seguramente fueron adoratorios prehispánicos. Así se definió el centro de la ciudad. Lo religioso y lo político en un solo lugar.
Los españoles definían a sus centros con una gran plaza principal y a los costados las instituciones. La forma reticular o tablero de ajedrez se empleó para organizar la ciudad. Los años pasaron y edificios de todas escalas se construyen en el centro. Casas, casonas, templos y calles sencillas para caminantes de todas las clases hacen de este lugar, lo que muchos llamaron “Toluca la Bella”.
La independencia pasa; y liberarles y conservadores pelean en Toluca y más años pasaron. El territorio de lo que es hoy el Estado de México, como todo el país sufre una crisis territorial y de división política. La reestructuración del país está en proceso. Es en esos ayeres es cuando nuestra ciudad se convierte o la convierten, en la capital del Estado de México. La taza de plata se empieza a opacar.
Las décadas transcurren y el auge de la ciudad acontece a finales del siglo XlX e inicios del XX. En esos tiempos es cuando escuelas, mercados, plazas públicas o parques, casas de asistencia, calles más ostentosas, fábricas e incluso el tren hacen de Toluca un lugar donde dicen se vivía bien, o al menos así era para las familias de la época que controlaban los grandes negocios que otorgaban fuentes de empleo a habitantes viejos y sobre todo a nuevos que llegaban de “provincias” vecinas.
Las jaboneras, las harineras, las tabacaleras, las cervecería, el centro y su gran tianguis hacían de nuestro terruño, un lugar de mucho movimiento, tanto de dinero y como de personas. Sin embargo la ciudad seguía siendo chiquita, y relativamente sencilla, tanto que todavía llegaba a oler a sacristía…
Esa belleza duró poco. Toluca fue sometida y forzada varias veces para ese entonces a ser lo que su historia le negaba ser; la capital.
Fue en los años 50´s, ya del siglo XX, cuando el tercer y más fuerte sometimiento o forzamiento se da. Inician los planes para hacer parecer o maquillar a Toluca, como una ciudad de gobierno, donde los poderes humanos y políticos de ese entonces, se sintieran cómodos con su puesto, con su jerarquía. La barbarie arquitectónica, como yo la llamo, acabó con gran parte de lo que quedaba de la Toluca la bella. Devastación total.
La forma y disposición del centro hacían ver a Toluca como un pueblo aún. Eso para los políticos de entonces era inconcebible. Ellos querían un centro sin vecindades, sin bibliotecas, sin casas, sin calles, sin río, sin inmundicia, sin mulas y carretas, prácticamente sin vida.
La ciudad paso de tener color, a ser austera, sin empatía con el cielo, con “palacios” y espacios de gobierno sin chiste, bizarros, aberrantes y feos (que me perdone el Arq. Vicente Mendiola, pero eso es difícil de ocultar). Las plazas y estacionamientos se hicieron más grises que un día nublado toluqueño. Los arboles desaparecían y lo verde del pasto se extrañaba. Todo esto muy ad hoc de la clase política del momento; sin chiste, bizarros y feos (Ojalá no les moleste, porque aún gobiernan).
Así es como Toluca dejó de verse como un pueblo; sencillo y bonito. Toluca fue transformada y forzada a ser la ciudad capital. La capital del Estado más importante de México. Con un centro improvisado y feo, pero capital al fin y al cabo.
La taza de plata ya corroída no dejó de crecer. Hank y su “emprendedurismo” urbano logró dividir con paseo Tollocan e industrializar más a la ciudad. Nuevos habitantes y trabajadores llegaron, asentamientos regulares e irregulares se inauguraron como botín político. Tanto creció, que los servicios llegaron a ser insuficientes, como ahora.
Hoy seguimos siendo una ciudad de paso. Las políticas urbanas y de caprichos han hecho de Toluca una ciudad con muchas carencias y deficiencias. Las estrategias basadas en la imposición o forzamiento han demostrado no ser benéficas para nuestro lugar. Hoy hicimos un breve resumen de esa vida forzada y “crecimiento” de Toluca. Sin embargo enfrentamos ya, un cuarto sometimiento; el proyecto y construcción del tren Toluca-México.
Lo malo no es el tren, lo malo y devastador es que Toluca volverá a ser ahorcada. La ciudad no está preparada para un proyecto de este tipo. Aún no nos recuperamos de los efectos causados por los sometimientos históricos antes descritos. Se requiere tener y ejecutar un plan a largo plazo para el bienestar de los habitantes que hoy vivimos aquí y para los que llegaran en un futuro muy próximo. Incluso la labor de gobernar de este municipio y del valle de Toluca se puede complicar, se puede colapsar.
¿Todo esto, gracias a qué? La respuesta es sencilla; gracias a un capricho del Presidente de la República y sus compromisos con quien financió su campaña (OHL – HIGA ).Caprichos por cierto a los cuales, al menos las autoridades y presidentes municipales de Toluca no pueden decir que no, aunque saben que será catastrófico si no se actúa de forma responsable. (Veremos que dice y hace Fernando Zamora)
Ante todo esto y al final de escribir esto, es cuando me pregunto; ¿Qué tanto beneficia tener un Presidente de la Republica que quiere tanto y presume a Toluca como su ciudad?
¿Se imaginan si la aborreciera…?
Dios, todos los santos de nuestra ciudad y Eruviel nos libre de tan mal sentimiento.


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