Cuando en una investigación sobre un hecho criminal los gobernantes usan frases como “hasta las últimas consecuencias” “caiga quien caiga” o “tope donde tope” se quiere dar la seguridad de que se hará algo que por lo regular no se hace.
Se pretende por parte de quien las dice, que sus oyentes se sientan seguros de que las investigaciones se harán con rigurosidad, que no habrá ocultamientos ni culpables inventados, que por más encumbrado que sea el responsable de los hechos, se le llevará a la justicia.
Sin embargo, en nuestro medio, dichas declaraciones sólo tienen un cariz retórico, son lugares comunes utilizados por los políticos para tratar de dar la imagen de pulcritud.
Recientemente el Lic. Peña usó una de esas frases en relación a las investigaciones relativas al crimen cometido contra los estudiantes de la Normal de Ayotzinapa en el estado de Guerrero.
Dijo, en ese estilo retórico un tanto añoso que utiliza, que las investigaciones se realizarían topen donde topen.
Al respecto del posible tope pudiera haber varias posibilidades.
Una, la más sencilla, es que se encuentre a los autores materiales del crimen, que seguramente serán de esos primitivos sicarios, con o sin uniforme, que han proliferado en varias partes del país.
Y quizá también se descubra a los dirigentes de la organización criminal dentro y fuera del gobierno.
Otro Tope de más alcance sería el de identificar las causas finales de ese crimen y de los otros muchos similares que han ocurrido y ocurren en todo el país.
Así se podría concluir, como el detective de una novela Sueca, que el culpable es el modelo económico de creación de pocos ricos y muchos pobres.
O también que para agilizar el trámite de reprimir a los criminales pero también a todos aquellos que se oponen al sistema, se ha instrumentado la estrategia de aniquilarlos sin consideración.
Quizá podría concluirse también que la criminalidad que padecemos se incuba en el abuso sistemático e impune de los poderosos entre los que se ubican muchos de los que alcanzan puestos públicos.
Quienes, en ese abusar, mandan el mensaje a la sociedad de que para alcanzar niveles de riqueza hay que engañar, construir verdaderas estructuras de complicidades que permitan lograr lo que se quiere y luego salir indemne de ello.
Que ejemplos de personas que han alcanzado niveles notables de riqueza por su participación en el llamado servicio público hay muchos, que incluyen expresidentes de la república, exgobernadores y exfuncionarios de diferentes niveles.
Así que si se quiere llegar al Tope, habría que desterrar los enormes privilegios de la clase política, reformar al estado para acabar con los grandes privilegios.
También investigar a todos aquellos que desde la función pública han amasado grandes fortunas.
El otro Tope, el de saber quiénes jalaron el gatillo y quiénes los protegieron puede ser importante, pero no deja de ser un episodio de un problema estructural mayor.
Así que habrá que ver si la rotunda declaración va a la raíz o no es más que retórica para los medios.


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