El incendio en Xonacatlán, que cumplió este miércoles 60 horas, exhibió una serie de deficiencias administrativas y daños ambientales. Además de la columna de humo que alcanzó a los municipios aledaños, un canal de aguas negras a cielo abierto con desechos químicos, un río tóxico, se ha convertido en un foco de infección para los vecinos de la zona.

La madrugada del 9 de marzo, los vecinos fueron despertados por el sonido de las sirenas de los camiones de bomberos, que comenzarían una jornada de casi 60 horas para apagar el fuego en un depósito que recibía material de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) –que negó tener participación alguna–. En él se almacenaban cables, medidores de voltaje y transformadores de luz. Algunos de estos materiales, apilados al aire libre, desprenden químicos que van a parar a un canal a pie de carretera.
Para entender mejor: Incendio en Xonacatlán, la punta de iceberg que esconde omisiones administrativas y ambientales
Héctor, un vecino de la colonia, aseguró que, más allá del incendio, el verdadero riesgo es el riachuelo químico de color cobrizo. “Si usted avienta una estopa prendida, se quema todo esto. Ya se nos ha prendido y es muy difícil de apagar”, lamentó Héctor, quien pidió reservar su identidad.

El olor nauseabundo no es el que se suele detectar en los canales de aguas negras. En este caso, es un aroma a agua estancada, sí, pero aceitosa. No hay moscas en la zona, y las botellas de PET que flotan entre la masa cobriza están cubiertas por una capa amarillenta.
Este vertedero representa un riesgo directo para las familias de al menos 60 casas por las que pasa el canal de manera subterránea. Los vecinos temen más a una contingencia que al daño a la salud. “Tenemos miedo de que se prenda todo; ya ha pasado antes, pero es mucho el aceite que pasa por aquí”.
El riesgo real del río tóxico en Xonacatlán
Aunque los vecinos temen una posible explosión, el peligro real está en la salud. De acuerdo con Omar Arellano, profesor titular de la Escuela Nacional de Ciencias de la Tierra, en caso de que hubiera transformadores –aún no demostrado–, podrían ser altamente peligrosos para la población debido al riesgo de presencia de aceites PCB, es decir, bifenilos policlorados, un grupo de sustancias químicas tóxicas que son peligrosas para la salud y el medio ambiente.

Los PCB se encuentran entre las 12 sustancias nocivas para la salud humana y el medio ambiente. El Convenio de Estocolmo identificó como contaminantes orgánicos persistentes. En otros casos similares, se han registrado aumentos de casos de cáncer entre la población.
De acuerdo con el especialista, dentro de las empresas con mayores denuncias por contaminación química se encuentran Petróleos Mexicanos (Pemex) y la CFE.
El daño ya está hecho
Independientemente de la posible filtración de químicos, Miguel Ángel Karam, investigador en el área de epidemiología ambiental de la Universidad Autónoma del Estado de México, informó que “todos los humos producto de combustión, ya sean de leña, plástico o automotores, tienen efectos adversos para la salud. Al ser pequeñas, las partículas pueden llegar a los pulmones y provocar un daño”.

En el depósito tóxico en Xonacatlán se quemaron toneladas de plásticos, llantas y cables, lo que generó una nube visible en municipios aledaños. El doctor Karam asegura que, en esos casos, se liberan sustancias tóxicas que afectan a corto plazo, con síntomas como irritación en los ojos, tos, goteo nasal, y hasta problemas severos a nivel cardíaco y pulmonar, especialmente en quienes padecen insuficiencia cardiaca, enfisema o asma.
Ante los altos niveles de contaminantes y la mala calidad del aire, se recomienda acudir, al menos una vez al año, a revisar el sistema respiratorio con un médico.


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