Afuera de la escuela a la que acude mi hijo hay un señor que vende helados; su carrito es muy modesto, casi siempre tiene cinco sabores y son nieves que él mismo elabora. Durante la breve charla que logramos entablar cuando mi hijo se acerca para pedirle su helado de limón, me compartió que ya habían subido un peso el litro de leche y que sus nieves seguirían costando 12 pesos, "hasta nuevo aviso".
Tener la posibilidad de comprarle un helado a su hijo al salir del colegio es algo que cada vez menos mexicanos se pueden permitir. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social (Coneval), confirmó antier que ya desde el último trimestre del 2017 hubo un "aumento del valor de la canasta alimentaria de 9 % en zona urbanas y 8.7 % en zonas rurales", al mismo tiempo que el ingreso laboral per cápita real "mostró una disminución anual de 2.5 %". Sencillo: se gana menos y las cosas cada vez están más caras.
Esas cifras son del final del año pasado, pero en lo que va de 2018 la tendencia no es distinta; como lo podemos constatar todos, las alzas de precios no han cesado. El Coneval, al dar a conocer su informe sobre el índice de tendencia laboral de la pobreza del último trimestre del año pasado, afirma categórico: "El poder adquisitivo del ingreso laboral disminuyó 2.5 % entre el cuarto trimestre de 2016 y el cuarto trimestre de 2017".
Otro de los datos que confirma esta tendencia alarmante por parte del Coneval es que tan sólo en un año, es decir, comparando 2016 con 2017, el porcentaje de la población mexicana con ingreso laboral inferior al costo de la canasta alimentaria aumentó de 40 % a 41 %. Ese puntito porcentual representa cientos de miles de personas en este país que dejaron de tener acceso a lo mínimo indispensable para comer: su sueldo es inferior a lo que cuesta sobrevivir. Esa es la condición de al menos 50 millones de mexicanos.
Si lo ponemos en pesos y centavos, ¿de cuánto estamos hablando? Según el informe del Coneval, el ingreso laboral per cápita real en cerró el año 2017 en mil 669 pesos con 31 centavos al mes; eso indica que es menor al de una década atrás, porque en 2007 estaba arriba de mil 900 pesos.
Preguntémonos, entonces, para cuánto alcanza un ingreso mensual de mil 669 pesos con 31 centavos. Exacto, para malcomer, para mantenerse en una condición sumamente vulnerable, a expensas de que le den a uno alguna despensa, una beca o una tarjeta rosa. Y, claro, si se la quitan es como dejarlo sin la posibilidad de subsistir.
Quien se atrevió a decir que el incremento a la gasolina no tendría un efecto inflacionario (que diga "Yo mero") se equivocó o mintió abiertamente. Hoy es un hecho que tanto la inflación como el alza en el precio de los alimentos han sido mayores que el incremento de los ingresos laborales de las familias. Por eso es que el famoso índice de tendencia laboral de la pobreza que mide el Coneval está presentando un incremento sostenido que debe llamarnos la atención sobre el rumbo en el que avanza la economía del país. El precio de la canasta básica ha subido más que la inflación, en tanto que los salarios sólo lo han hecho de manera marginal.
Así, mientras me llega el aviso de que los helados subieron de precio, asumamos que casi la mitad de todos los mexicanos sólo trabajan para malcomer.
Trabajar para malcomer
Afuera de la escuela a la que acude mi hijo hay un señor que vende helados; su carrito es muy modesto, casi siempre tiene cinco sabores y son nieves que él mismo elabora. Durante la breve charla que logramos entablar cuando mi hijo se acerca para pedirle su helado de limón, me compartió que ya habían subido un peso el litro de leche y que sus nieves seguirían costando 12 pesos, "hasta nuevo aviso". Tener la posibilidad de comprarle un helado a su hijo al salir del colegio es algo que cada vez menos mexicanos se pueden permitir. El Consejo


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