Cada 2 de febrero, en el Día de la Candelaria, la comunidad católica conmemora la presentación de Jesús en el templo de Jerusalén. Dicha festividad forma parte de las costumbres más representativas de nuestro país.
Los devotos, antes de bendecir a la figura religiosa, acostumbran vestirla y realizar reparaciones en caso de ser necesario. Las vestimentas más populares son las de color blanco o ropa de bebé, aunque algunos optan por atuendos más elaborados, como los del Niño de la Salud o San Judas Tadeo.
Después de vestir al Niño Dios, los fieles lo llevan a la iglesia para recibir la bendición. Posteriormente, y para celebrar en familia, aquellos que encontraron al Niño en la rosca de reyes, tienen la encomienda de invitar a comer a las personas con los tradicionales “tamales”.


El Reto de «El Pollito» y los Cambios en la Tradición
La vestimenta del Niño Dios ha cobrado relevancia con el tiempo, generando gran demanda entre los católicos. Aproximándose el Día de la Candelaria, negocios como «El Pollito», con más de 30 años de experiencia en la reparación de Niños Dios, abren sus puertas en el Mercado Juarez de Toluca.

En una entrevista realizada, Jonathan Macedo, encargado del negocio, señaló que la creencia en esta tradición ha disminuido, y la gente prefiere comprar otro Niño Dios en lugar de repararlo. Hecho que lamentablemente afecta negativamente la economía del local.
Macedo agregó que las nuevas generaciones muestran resistencia en realizar retoques a sus Niños Dios.



Desafíos en la Vestimenta del Niño Dios
En el mismo sentido, Trinidad Tavera, comerciante de un puesto de vestimenta para Niños Dios, señaló que esta tradición ha disminuido debido a que las personas han dejado de creer o se han convertido a otras religiones.
“Ya no se celebra como antes esta tradición, porque ya muchas personas se hicieron de otras leyes, otras religiones, pero todavía hay muchas personas que aún tienen estas tradiciones”
Trinidad Tavera.
La comerciante resaltó el hecho de que algunos sacerdotes del Valle de Toluca, se han negado a bendecir a los Niños Dios. Hecho que afecta a la celebración, pues ya no tiene la necesidad de reparar al Niño Dios o comprarle ropa.


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