Para dimensionar lo ocurrido el domingo, conviene remontarse al siglo XIX: 1827 fue el año en que el Estado de México eligió por primera vez a su Poder Ejecutivo y Legislativo. Hoy, casi dos siglos después, los mexiquenses eligieron —por fin— a parte del Poder Judicial. El hecho, en sí mismo, es monumental. Sí, hubo errores, poca difusión y una participación baja… pero 1.5 millones de ciudadanas y ciudadanos conscientes y politizados tomaron la decisión de hacer lo correcto. En tiempos de desafección democrática, eso no es poca cosa. Es, en realidad, una gran noticia. Que haya sido posible, pese a todo, es mérito colectivo.
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El desmoronamiento de un altar personal
Ricardo Sodi Cuellar, quien durante años se presentó como el epítome de la judicatura mexiquense, terminó exhibido por una elección que no controló, no entendió y que, en el fondo, siempre desprecó. Los resultados fueron ridículos para quienes lo representaban —apenas migajas en el nuevo orden judicial— y eso, más que una derrota política, es una sentencia simbólica. La historia suele poner a cada quien en su lugar, pero esta vez fue la sociedad la que dictó el fallo: ni todo el poder del Tribunal Superior de Justicia, ni su retórica de toga y birrete, lograron persuadir al electorado. El pedestal quedó vacío.
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Héctor Macedo: ¿una pieza más o un actor de transformación?
Si los resultados preliminares se confirman, Héctor Macedo García será el primer presidente electo del nuevo Poder Judicial del Estado de México. Exmagistrado de la Sala Civil con sede en Texcoco —epicentro político del grupo que hoy controla los otros dos poderes del estado—, Macedo solicitó licencia a su cargo para poder contender, como exige la ley. Su trayectoria judicial es extensa, pero también cómoda: ha ocupado todos los escalones del sistema, desde notificador hasta magistrado, y su carrera se ha desarrollado bajo las viejas reglas no escritas del tribunal.
La pregunta es si está dispuesto a encabezar una etapa distinta. La legitimidad que otorga el voto no es decorativa: lo compromete. Macedo tendrá que demostrar que no es simplemente una continuidad disfrazada, sino un actor dispuesto a reformar una estructura donde la justicia, demasiadas veces, ha sido privilegio y no derecho. Lo observaremos.
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Movimiento Ciudadano: el nuevo rival a vencer en el Edomex
Movimiento Ciudadano (MC) ha dejado de ser un actor marginal para convertirse en un contendiente serio en el escenario político nacional. Actualmente, gobierna dos de las entidades más relevantes del país: Jalisco y Nuevo León. En las recientes elecciones municipales de 2025, MC logró avances significativos que consolidan su posición como una fuerza emergente.
En Veracruz, MC cuadruplicó su presencia municipal, pasando de 10 a 41 alcaldías, y obtuvo el 19.16% de los votos, superando al PAN y al PRI, que obtuvieron 13.55% y 12.51%, respectivamente. En Durango, aunque MC ganó tres municipios, su candidato a la alcaldía de la capital, Francisco Franco, se posicionó en segundo lugar con el 27.2% de los votos, superando al candidato de Morena, que quedó en tercer lugar con el 20%.
Estos resultados reflejan un crecimiento sostenido de MC, especialmente en zonas urbanas y entre votantes jóvenes, que buscan alternativas a los partidos tradicionales. En contraste, el PAN y el PRI continúan perdiendo terreno, evidenciando un estancamiento que los aleja de la competencia real.
Para el Estado de México, estas tendencias son una señal clara: de cara al proceso electoral de 2027, el verdadero rival de Morena no será la alianza PAN-PRI, sino Movimiento Ciudadano. Ignorar esta realidad sería un error estratégico.
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Inundaciones: la crónica de un desastre anunciado
El inicio de junio trajo consigo lluvias intensas que provocaron severas inundaciones en diversos municipios del Estado de México. Ecatepec, Chalco, Cuautitlán Izcalli, Naucalpan y Los Reyes La Paz fueron particularmente afectados, con niveles de agua que en algunos casos superaron los 60 centímetros, causando estragos en viviendas, vialidades y servicios públicos.
Sin embargo, más allá de las precipitaciones, estas inundaciones evidencian un problema estructural: la falta de planeación urbana y la negligencia gubernamental. Durante décadas, se han permitido asentamientos en zonas sin infraestructura adecuada, sin sistemas de drenaje eficientes y con servicios públicos deficientes. La corrupción y la incompetencia han sido cómplices en la creación de estas condiciones, donde los más pobres son siempre los más afectados.
Las consecuencias no se limitan a daños materiales; también implican pérdidas humanas, enfermedades y un deterioro en la calidad de vida. Y lo más preocupante es que, sin una intervención integral y sostenida, estos desastres continuarán repitiéndose. Es imperativo que las autoridades reconozcan que las inundaciones no son solo fenómenos naturales, sino el resultado de políticas públicas fallidas y de una falta de compromiso con el bienestar de la población.


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