En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, nuevamente ellas salieron a las calles a expresarse en contra de todas aquellas acciones que las violentan por el solo hecho de ser lo que son: ¡mujeres! Abusos, maltrato, violaciones… feminicidios. La lista es larga, la indignación también.
Quizá por ello, porque el tiempo de la sumisión presuntamente quedó atrás; quizá porque las madres que han perdido a sus hijas a manos de criminales, no ven el avance de la justicia; tal vez son los años de impunidad esperando respuestas.
Tal vez ya se hartaron de los ninguneos, de la discriminación, del ser vistas unas como objetos sexuales; otras como símbolos de la maternidad mal entendida; y otras solo como simples objetos.
Es posible que eso, solo eso, sea suficiente para que la mecha se incendie y explote en manifestaciones de agresividad que otros observan y condenan.

Tal vez, sin duda, como en todo, hay excesos. Es posible que no se justifiquen las agresiones de esas mujeres de negro, con medio rostro cubierto con tapabocas vederdes en contra de la policía que resguardaba su marcha en la Ciudad de México.
Pero ¿acaso no podría justificarse el dolor de una madre a la que no solo le hayan secuestrado una hija, sino que aparte le hayan arrancado la vida de la peor manera?
Y toda su frustración porque las investigaciones no avanzan, porque las autoridades solo le dan vueltas al asunto, porque la burocratización puede más que la justicia se va en esa piedra lanzada contra algún ventanal; toda esa furia se pintarrajea en cualquier pared que se cruce en el camino.
Todos los dolores, impotencias, enojos, todo se va en el grito, en la marcha, en la vandalización. Solo unas horas de desgarrarse ante una sociedad indiferente que juzga y critíca se contraponen a los años de exigir justicia en todos los casos de feminicidios, casi de manera silenciosa. De esperar, esperar y esperar.

Y la gente, los que no saben, los que ven solo por fuera lo que sucede, los que no saben, por ejemplo que Fátima solo tenía 12 años cuando fue brutalmente asesinada después de ser violada, entre tantos casos que llenan las planas de los diarios de nota roja, y -hasta de los que no lo son escriben con rojo-, se escandalizan.
Este martes será otro día, se limpiarán los monumentos, la vida seguira ¿igual? Para muchos si, para ellas seguirá la lucha.


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