Las últimas dos semanas hemos ocupado este espacio para reflexionar acerca de un par de estudios hechos públicos por distintas instancias, públicas y privadas, respecto a los hábitos de lectura y algunas otras prácticas de uso de tecnologías digitales para el acceso a la información y a productos culturales diversos. Esta semana se ha dado a conocer un estudio más que nos permite comparar los datos ya conocidos y lanzar nuevas interrogantes sobre lo que los mexicanos leen, cuánto leen y por cuáles vías, además de qué otras actividades ocupan su tiempo.
La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) presentó un proyecto que se llama “Los mexicanos vistos por sí mismos. Los grandes temas nacionales” y que consiste en un grupo de encuestas a nivel nacional hechas en relación con un amplio espectro de temas y luego comentadas por especialistas de varios campos del conocimiento (los resultados íntegros están disponibles en www.losmexicanos.unam.mx). Entre sus resultados quiero destacar el libro titulado Cultura, lectura y deporte. Percepciones, prácticas, aprendizaje y capital intercultural.
De acuerdo con este nuevo estudio de la UNAM, los mexicanos creen en buena medida que leer sirve para “aprender habilidades” (34% de los encuestados) y sólo de modo marginal para divertirse (8% de las menciones). Igualmente, en una escala de 0 a 10, se pidió a los encuestados que calificaran qué tan importante para su vida es leer libros, obteniéndose una calificación promedio de 6.5. Es, por cierto, una de las calificaciones más altas obtenidas en esa pregunta, por encima de cosas como ir al cine o utilizar videjuegos, pero por debajo de ver la televisión.
Lo que se cree que es importante hacer casi siempre resulta distinto de lo que se termina haciendo: cuando se preguntó a esa misma gente qué prefiere hacer en su tiempo libre, leer sólo obtuvo 2.6%, muy lejos de otras actividades como ir a fiestas, ver la televisión, ir a bailar, de compras, reunirse con amigos y familiares o ir al cine. Desde luego este resultado contrasta con lo reportado por el estudio del CONACULTA, que ubica la lectura de libros en quinto lugar con 21% de las preferencias para el tiempo libre.
De igual manera puede utilizarse como medio de contraste los resultados del estudio hecho por IBBY-Banamex, que fue aplicada sólo entre población joven y en donde más de 70% dijo que le gusta la lectura, pero al preguntárseles las causas de no leer destaca el que les resulta aburrido (28%), no les interesa (26%) o no tienen tiempo (14%).
Cosas novedosas que revela el estudio de la UNAM es la relación que existe entre el hábito de la lectura y las influencias que se tuvieron durante al niñez. Un altísimo porcentaje de los entrevistados reveló que en su niñez en su familia nunca o muy pocas veces les leyeron (96.4%) Inclusive menos de 20% reportó que le leyeran sus maestros. Pero los datos más precisos revelan que esto está cambiando, que los porcentajes más altos que reportan que sus padres les leyeron se encuentran entre las personas más jóvenes. Generacionalmente hay un cambio.
Del mismo modo cabe destacar un aspecto que revela el estudio: que entre los encuestados hay casi un tercio que confiesa que le es difícil o muy difícil leer. Hace 6 años, cuando se realizó la Encuesta Nacional de Lectura ese porcentaje llegaba sólo a 13.5% y ahora en el estudio de la UNAM es de 28.1.
Los estudios sobre los hábitos de lectura siguen siendo de interés, sobre todo a nivel gubernamental y académico, porque se consideran un indicador relacionado con la cultura y la capacidad de la gente, pero no puede uno dejar de preguntarse si todos le asignan esa importancia. Pueden haber quien diga bueno y de qué sirve leer si quienes no lo hacen pueden llegar a ser prominentes personajes públicos en la política, en la farándula o en el deporte. Hay quienes todavía creemos que resulta de utilidad para vivir mejor.


Síguenos