En el Estado de México trabajan aproximadamente 7 millones 200 mil personas. Todos los días la mayoría de esas personas tiene que realizar un recorrido para acudir a su centro de trabajo. No todos, porque 9% trabaja en su casa. El resto sí tiene que salir ¿Qué tan lejos le queda su centro de trabajo? 23 de cada 100 personas ocupadas se llevan de 16 a 30 minutos para trasladarse de su vivienda al centro de trabajo. Le siguen, en orden descendente, los que emplean de 31 minutos a una hora, que son 21%. Pero hay un muy importante porcentaje (16.8%) de esa población mexiquense ocupada que emplea más de una y hasta dos horas para llegar al trabajo. Incluso hay casos muy extremos (6.5%) que realizan trayectos superiores a 2 horas para llegar a laborar. La mayoría (60%) se trasada en camión, taxi, combi, colectivo, metro, metrobus o tren ligero.
Una de las dinámicas mas notorias en materia de crecimiento demográfico de los últimos años en nuestro pais es el de la conformación de zonas metropolitanas, las cuales están constituídas por numerosos municipios que se aglutinan en torno de una ciudad que históricamente se constituye como referente en términos económicos, políticos y simbólicos. En el Estado de México tenemos dos muy grandes. Es en estas zonas metropolitanas que se asientan las personas que tienen que invertir gran parte de su vida en trasladarse de la casa al trabajo y de regreso. Aquellas personas que diariamente destinan entre 3 y 8 horas para ir y venir de su trabajo casi no se dan cuenta que al cabo de un año habrán estado en tránsito entre 700 y 1400 horas, lo cual equivale a ¡entre 30 y 60 días!
¿Qué tanto puede uno hacer en todo ese tiempo? Oir música, leer, navegar en internet, informarse, etc. Pero también socializar, discutir, estresarse o hasta ser víctima de la delincuencia. Pero si vemos las cosas con cierta distancia nos daremos cuentas de las intrincadas y complejas redes que se entretejen cuando millones de personas todos los días en ciertos horarios se arremolinan conducidos por tres “mantras”: tengo que llegar, procuraré hacerlo en vehículo propio, y tengo que hacer el menor tiempo posible. Todos regidos por los mismos criterios encontramos, sin embargo, el modo de no desatar un apocalipsis caótico ¿Cómo le hacemos? A partir de que todos hagan lo que tienen que hacer: que el chofer del camión pase a tiempo por la ruta adecuada, que no encuentre en el camino semáforos descompuestos, obras, bloqueos o algún otro tipo de obstáculo, que las gasolineras provean del combustible suficiente a todos, que las vialidades estén en condiciones de circular, y un sin fin de variables que parecieran no tener manera de controlarse, sin embargo “como por arte de magia” se coordinan y todo mundo termina por llegar cada día a su trabajo.
Claro que las cosas irían mejor si la autoridad encargada de la movilidad (tenemos una Secretaría dedicada a eso) realizara una adecuada Gestión de la Movilidad, implementando medidas orientadas a incidir en el comportamiento de los viajes (cómo, cuándo y a dónde viaja la gente), con el fin de incrementar la eficiencia de los sistemas de transporte público y lograr objetivos específicos, como la reducción de la congestión de tráfico, mejora de la seguridad viaria, ahorro de energía y reducción de la contaminación. ¿Tendrán en esa institución estudios relativos a esto y planes fundados en esos estudios? Es pregunta.


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