En el marco del Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer, diversos colectivos feministas realizarán una concentración de luces contra la violencia de género en la Plaza González Arratia, este 25 de noviembre a las seis de la tarde.

Ese día, también se recibirá calzado de mujer para contribuir con “Zapatos rojos”, un proyecto creado por Elina Chauvet, artista chihuahuense, que busca denunciar los feminicidios y la violencia contra las mujeres a través de una instalación en la que, de acuerdo con Chauvet, el color rojo “representa la sangre, pero también el corazón de la esperanza”.
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Liz Machuca, hermana de Eugenia Machuca, quien fue asesinada en Ocoyoacac el 28 de octubre de 2017, participará en dicha intervención que se llevará a cabo en la Plaza de Los Mártires de Toluca. Liz intervendrá las zapatillas que usaba su hermana cuando la asesinaron.

¿Cuáles eran los zapatos favoritos de Eugenia?
Uy, mi hermana, pues a mi hermana le gustaban mucho las zapatillas. De hecho voy a donar los zapatos de mi hermana que llevaba puestos el día que la asesinaron [un par de botas cafés]. (La voz se quiebra, Liz recupera aliento y sigue contando), pero sus favoritos eran las zapatillas, los zapatos de tacón (silencio y sollozos).
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¿Qué representa para ti intervenir este par de zapatos de tu hermana?
Mucho, voy a poner algo que ella en vida quiso mucho, que usaba mucho.
El día que la asesinaron, Eugenia salió del trabajo y usaba esas botas que ahora a Liz le causan muchos sentimientos encontrados, muchas cosas que espero le ayuden a más familias a que no se callen, a que salgan a gritar con nosotros y exigirle justicia a nuestros gobernantes, que lejos de ayudarnos nos olvidan, no nos escuchan, no nos dan las sentencias que debieran ser. A los feminicidas les dan sentencias de burla, reparaciones de daño que no valen la vida de las personas que nos arrebataron.

¿Cómo han sido estos días de preparativos para “Zapatos rojos”?
Un poquito cansados, desgastantes. De hecho mi persona está desgastada desde hace dos años. El 28 de octubre del 2017 asesinaron a mi hermana y de ahí pues empecé a marchar, a manifestarme, a exigir libertad y justicia por todos los feminicidios que hay.
A partir de ese día de octubre, la vida de Liz transcurrió en la Fiscalía para que la carpeta de investigación por el asesinato de su hermana no quedara en los archivos: primero la empezaron a manejar como atropellamiento, dijeron que era homicidio, después que no, que feminicidio.
Fue hasta octubre de este año cuando, dos semanas antes de sentenciar al responsable, las autoridades de la Fiscalía re-clasificaron el delito como homicidio doloso con agravante de género.
Por eso las familias nos cansamos. Salimos gritamos nos plantamos, pero veo que no, que lo que trabajé no sirvió de mucho porque nos dieron sentencia de homicidio, expresa Liz, al asesino le dieron 43 años y nueve meses de prisión y una reparación del daño de 160 mil pesos.
Si tienes quien te acompañe, si tienes activistas, si te sumas puedes ser escuchada, es una lucha que no se puede solo. No se puede luchar solo contra el sistema.
¿Cómo ayuda el arte a sanar estos sinsabores?
Pues yo creo que mucho, es muy tranquilizante. Ahora que he estado recolectando zapatos con desconocidos es bonito ver cómo hay una parte de la sociedad que apoya a hacer visibles los feminicidios.
En ese sentido, Liz considera que el arte también ayuda a tejer redes entre las familias de las víctimas y grupos de activistas que las acompañan. Esto da paso a la construcción de otro vínculo familiar: somos una familia de dolor, es nuestra familia elegida, elegimos que sea nuestra familia por la sensibilidad, por la empatía que tienen hacia nosotras. Nos apoyan, gritan, siempre siempre están con nosotros.
Sin embargo, aún hay mucho trabajo por hacer en el Estado de México porque hay familias que tienen hijas, sobrinas, hermanas, madres, nietas desaparecidas o asesinadas que no tienen acompañamiento, que no saben qué hacer y que se presentan solas a la Fiscalía. Yo creo que ya es tiempo de que sepan que no están solas, hay gente que va a estar con ellas gritando y exigiendo justicia por sus asesinadas.
Por eso la lucha tiene que empezar en casa.
Es común que en marchas como la del ocho de marzo o la del 25 de noviembre, las mujeres mexiquenses vayan a marcar a la Ciudad de México, pero creo que ya es tiempo de exigirle al gobernador del Estado de México que haga algo por tanto feminicidio que se ha estado suscitando de este lado. Confiamos en las autoridades y son las primeras que nos defraudan, que nos dan la espalda.
Nuestra marcha, nuestra guerra, nuestra lucha ahora es y va a ser aquí.


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