La nueva zona deportiva de San Salvador Tizatlali, en Metepec, abre cuestionamientos sobre el diseño de los espacios públicos y su enfoque hacia el bienestar comunitario.
El sitio, que antes funcionaba como un amplio espacio para jugar fútbol, fue intervenido con una obra de gran escala, incluida una barda perimetral. Sin embargo, de los 27 mil metros cuadrados, solo alrededor de 7 mil quedaron destinados a la práctica deportiva.
El resto del espacio se ocupó con superficies duras, áreas impermeables y estacionamientos, reduciendo su funcionalidad. Además, no hay árboles, sombra ni mobiliario básico, lo que limita su uso y permanencia.
La cancha cuenta con pasto sintético, reforzando un entorno artificial y desconectado de la naturaleza. El caso refleja un problema mayor: espacios que priorizan infraestructura sobre la experiencia de las personas.
El reto es repensar estos proyectos para que integren deporte, naturaleza y comunidad como ejes centrales.

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