Ni una más: el reclamo que volvió a tomar las calles de Toluca

Con consignas, pancartas y testimonios personales, mujeres de distintas edades tomaron las calles de Toluca este 8 de marzo para exigir justicia, denunciar la violencia que persiste y recordar a las víctimas de feminicidio.

Los nombres de Fátima, Ana Karen, Paty, Katherine e Ingrid, víctimas recientes de feminicidio en la entidad, resonaron en las calles de Toluca mientras cientos de voces se unían en una misma consigna:

“Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente”.

Este 8 de marzo, una vez más, las mexiquenses salieron a marchar, a exigir que sus derechos se respeten.

Algunas llevaban pancartas con fotografías; otras cargaban historias que no siempre se ven. Pero todas caminaban con la misma exigencia: justicia.

Los feminicidios siguen siendo la herida que más duele.

Alrededor de dos mil mujeres lograron reunirse en el parque Simón Bolívar.

Para comenzar, entonaron el himno que ya identifica al movimiento feminista: “Canción sin miedo”, una melodía que resume la rabia, el dolor y las exigencias de miles de mujeres.

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La voz de quienes han vivido distintas formas de violencia se hizo escuchar: víctimas de feminicidio, de abuso infantil, de desaparición y desaparición forzada, de violencia en relaciones sentimentales, familiares o laborales.

“Ni una más”, gritaron al unísono.

La marcha inició sobre avenida Rayón, rodeó la Rectoría de la Universidad Autónoma del Estado de México y continuó por Gómez Farías hasta llegar a Bravo.

El destino final era la Plaza de los Mártires, por lo que con cada paso la exigencia se hacía más fuerte.

El silencio ya no es opción

Durante años muchas mujeres callaron; hoy levantan la voz e invitan a otras a hacerlo.

La ciudadanía también se sumó. Algunas personas salieron de sus casas para mostrar apoyo; otras miraban desde lejos, pero voltearon a verlas.

Marcharon niñas, jóvenes, madres y abuelas.

Las autoridades acompañaron el recorrido.

Hubo pintas, sí. Pero esta vez fueron respetadas. Poco a poco se entiende que no se trata de destrozos, sino de enojo.

Porque, aunque se presumen avances, las mujeres siguen siendo asesinadas, violentadas, acosadas y minimizadas.

Historias que caminan en la marcha

Entre los contingentes también caminan historias personales.

En 2024, Ana Lilia Hurtado, entonces trabajadora del Instituto Municipal de la Mujer de Toluca, denunció acoso laboral por parte de la titular del organismo. La respuesta a su denuncia fue el despido.

Dice que el daño emocional no tiene reparación. Hoy marcha para visibilizar una violencia de la que poco se habla: la que también pueden ejercer algunas mujeres contra otras.

Otra de las consignas que más se escucha —y quizá una de las que más duele— es: “Las niñas no se tocan”.

La frase se repite entre los contingentes como un recordatorio de una violencia que muchas veces permanece en silencio.

El abuso contra menores sigue siendo uno de los delitos menos visibilizados, en parte porque muchas niñas y niños no alcanzan a comprender lo que está ocurriendo ni a ponerlo en palabras.

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Entre la multitud también camina Estefanía H.

En 2022 denunció que su hija fue abusada por su propio cuñado cuando la pequeña tenía apenas tres años.

Durante dos años luchó para que el caso avanzara. El agresor finalmente fue detenido y ahora espera que la sentencia haga justicia.

Denunciar también tuvo un costo: perdió el apoyo de la familia paterna.

Aun así marcha.

Porque para ella esa consigna no es solo un grito colectivo: es la historia de su hija.

Al final del recorrido, frente a los edificios de gobierno —muchos cerrados, blindados y protegidos— las mujeres dejaron claro que las exigencias siguen pendientes.

Una persona sostiene un cartel que dice 'NO ES NORMAL', acompañado de anotaciones sobre el miedo y la inseguridad en la vida cotidiana, en un fondo de pared de ladrillo.
Fotografías: Mariana Zambrano

Pero también que son más.

Que seguirán tocando puertas en cada uno de los poderes.

Y que, como repiten en cada 8 de marzo, el silencio nunca más será una opción.

Al llegar a la Plaza de los Mártires reafirmaron sus exigencias: las políticas públicas se anuncian, pero la violencia sigue ahí, en las calles, en las casas y en los trabajos.

El bloque negro mostró su resistencia y logró derribar los muros.

Los policías de contención bajaron la guardia y levantaron la mano en señal de paz: no son enemigos.

Las mujeres aplaudieron el gesto y culminaron con bengalas moradas y verdes, colores distintivos del movimiento.

El mensaje de este 8M: hay unión y nunca más habrá silencio.

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