PT: Caín y Abel en Edomex

La disputa interna en el PT del Edomex enfrenta a dos grupos que controlan estructura y operación, en un escenario que anticipa tensiones rumbo a candidaturas.
abril 24, 2026
  • Mucho ruido, pocas nueces
  • La dirigencia ausente
  • Algo huele mal a huachicol en Edomex
  • El oficio de perseguir lo inagotable
  • El PT: dinero por un lado, poder por otro

Mucho ruido, pocas nueces

Higinio presume haber reunido a “3 mil líderes” en Toluca, suficientes —según la narrativa— para corearle “gobernador, gobernador”. Supongamos, sin conceder demasiado, que la cifra es real. Aun así, el dato revela más de lo que pretende ocultar: en un estado de casi 20 millones de habitantes, esos 3 mil representan apenas el 0.015 % de la población. No es estructura, es muestra. No es masa, es grupo. El contraste es inevitable: si la gobernadora convocara hoy a un acto de respaldo, no hablaríamos de miles sino de decenas de miles; no de un salón lleno, sino de plazas desbordadas. En política, la diferencia entre ruido y poder es la escala. Y aquí, la escala exhibe el límite. Hay niveles.

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La dirigencia ausente

Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿dónde está Luz María Hernández Bermúdez? En su calidad de presidenta de Morena en el Estado de México, no es espectadora, es árbitro. A ella le corresponde explicar qué está pasando, por qué está pasando y, sobre todo, procesarlo políticamente. Sentarse con Higinio Martínez y con quienes lo siguen no es un gesto de cortesía, es parte de su función. Porque la política no se administra con comunicados, se opera con presencia. Pero la ausencia también comunica. Y en este caso, comunica vacío. El cargo exige conducción; el encargo, capacidad. Cuando ninguna de las dos aparece, el problema deja de ser coyuntural y se vuelve estructural.

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Algo huele mal a huachicol en Edomex

Un negocio criminal de esa escala no ocurre en la oscuridad, ocurre con luz… y con protección. La operación de redes de huachicol capaces de mover volúmenes industriales no puede pasar desapercibida para nadie: ni para autoridades, ni para reguladores, ni para el sistema financiero. Aquí lo relevante no es que cayeran un par de empresarios, sino entender cómo fue posible que durante tanto tiempo nadie “viera” nada. Porque no se trata solo de ductos perforados, sino de rutas logísticas, empresas fachada, facturación simulada y dinero que entra al sistema formal sin levantar alertas. Eso requiere algo más que delincuencia: requiere cobertura. Política para operar, financiera para lavar y administrativa para no molestar. La pregunta de fondo no es quién robaba, sino quién protegía, quién procesaba el dinero y hasta dónde llega la red. Porque cuando el crimen escala a negocio, deja de esconderse… y empieza a integrarse.

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El oficio de perseguir lo inagotable

Si alguien debería pedir un bono —y terapia— es José Luis Cervantes Martínez. La carga no es narrativa, es operativa: detenciones de alcaldes por corrupción, desarticulación de células criminales, homicidios de alto impacto que exigen resultados inmediatos y expedientes incómodos como los del sector educativo que no admiten carpetazo fácil. En el estado más poblado del país, con una complejidad territorial que supera a la de varios países, la fiscalía no tiene días “normales”. No es halago, es constatación: la institución ha mostrado capacidad de reacción y cierta consistencia en casos sensibles. Falta lo estructural —abatir impunidad, cerrar circuitos de corrupción y sostener sentencias—, pero en un entorno donde todo arde al mismo tiempo, sostener el frente ya es mérito. No es aplauso fácil; es reconocer que el tamaño del problema también mide al fiscal.

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El PT: dinero por un lado, poder por otro

Reginaldo Sandoval Flores y Fernando Vilchis Contreras controlan la marca, el dinero y las oficinas del PT en el Estado de México. Pero el poder real no siempre coincide con la estructura formal: Óscar González Yáñez y su grupo conservan posiciones, operación y territorio. Dos PT conviviendo en el mismo cascarón. Lo verdaderamente interesante no es la foto actual, sino lo que viene: las candidaturas. Ahí es donde el partido deja de ser discurso y se convierte en reparto. Y en todo reparto hay ganadores… y expulsados. Si el equilibrio no se resuelve, la fractura es cuestión de tiempo. Y, como en toda historia bíblica mal reinterpretada por la política mexicana, uno de los dos terminará buscando refugio en otra tierra. Morena, por supuesto.

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