- El grito que sobra
- El discurso: decir… y recibir silencio
- Fuerza que se muestra
- Presencias y ausencias
- La lectura arriba
El grito que sobra
Los coros de “¡gobernador, gobernador!” a Higinio no fueron entusiasmo, fueron exceso. El paroxismo de algunos alcaldes y diputados y liderazgos no fue detalle menor, sí una falta política a la investidura y autoridad política de la gobernadora constitucional, por cierto, la más votada en la historia del estado. Ese tipo de gritos no fortalecen, erosionan. No construyen liderazgo, lo tensionan.
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El discurso: decir… y recibir silencio
El mensaje fue prudente en apariencia: unidad, crítica, participación; pero la línea central fue clara: “nada hace más daño al gobernante que el infame y controlador silencio” . La respuesta fue exactamente esa: silencio. No hubo réplica de Delfina Gómez ni de la mayoría de su entorno, que hoy concentra el poder real. Ese silencio no es vacío, es decisión: no valida, no confronta, no escala, contiene. En política, no responder también es responder, y a veces pesa más.
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Fuerza que se muestra
Ahí estaban estructuras completas: operadores, alcaldes de Ecatepec, La Paz, Texcoco y Chimalhuacán, entre otros, además de legisladores locales y federales. Nadie reúne eso por nostalgia. Se llega para contar fuerza y dejar constancia. No fue un acto de unidad, fue una medición interna.
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Presencias y ausencias
La presencia de Alejandra del Moral, oprobiosa, pero confirma que en política nadie desaparece, solo cambia de lugar o piel. Y la ausencia de Mariela Gutiérrez tampoco es casual: el silencio también es postura. En este caso, más clara que cualquier discurso.
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La lectura arriba
En Morena y en el entorno de Claudia Sheinbaum esto quizá se registra como ruido controlado. Mientras no rompa, se deja correr. Pero queda anotado. Y lo anotado, tarde o temprano, se procesa.

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