Mexiquenses sin corazón

El caso de perros sacrificados en Tecámac resurge en un momento clave, donde la disputa interna en Morena redefine su impacto.
abril 17, 2026
  • Perricidio y timing perfecto
  • Golpe quirúrgico al higinismo
  • La contradicción que incomoda
  • El mensaje detrás del escándalo
  • Judicializar ¿para qué?

Perricidio y timing perfecto

El escándalo de Mariela Gutiérrez no irrumpe: aparece puntualmente. Diez mil perros sacrificados durante su gestión en Tecámac no son novedad reciente, son pasado administrativo reciclado como crisis política. La diferencia es el momento: a días del congreso de Mexiquenses de Corazón, con la disputa interna de Morena en ebullición y las candidaturas del 2027 en fase de siembra. En política, los hechos no caducan… se reactivan cuando sirven. Lo que ayer fue gestión sanitaria hoy se presenta como barbarie moral. No cambió el dato, cambió el contexto. Y alguien entendió que ese dato, bien colocado, no solo incomoda: inhabilita.

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Golpe quirúrgico al higinismo

El daño no es individual, es de grupo. Mariela es pieza del entramado político de Higinio Martínez, corriente que ha perdido posiciones frente al entorno de Delfina Gómez pero no la ambición de incidir en candidaturas. El escándalo funciona como mecanismo de contención: debilita a una operadora territorial clave justo antes de sentarse a negociar. No hay necesidad de confrontación directa cuando puedes erosionar legitimidad pública. Es más elegante, más eficaz… y más cruel. En términos de campo político, no le quitan el lugar, le quitan el valor. Y el mensaje es transparente: llegas debilitada o no llegas.

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La contradicción que incomoda

Si Mariela ensaya un acercamiento al grupo gobernante, el escándalo no solo la debilita: la vuelve incómoda. No por cálculo electoral inmediato, sino por algo más profundo: la narrativa. Delfina ha construido una imagen asociada al cuidado, la empatía social, incluso una sensibilidad pública donde el bienestar animal tiene lugar. En ese marco, la etiqueta de “perricida” no es un adjetivo, es un choque de identidad política. No es lo que hizo… es lo que representa. Y en política, la coherencia simbólica pesa: nadie quiere pagar el costo de incorporar una contradicción tan visible.

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El mensaje detrás del escándalo

Bajo esa lógica, el timing adquiere otra capa: no solo es un golpe al higinismo, también puede ser un muro preventivo. Si había señales de desplazamiento o negociación hacia el grupo gobernante, el escándalo actúa como recordatorio brutal de sus límites. Puedes moverte, pero no sin costo. Porque en el tablero real, las lealtades no solo se miden por alianzas, sino por pasivos políticos. Y Mariela hoy carga uno enorme, perfectamente utilizable para cerrarle puertas o condicionarle el acceso. Más que un ataque, parece un mecanismo de control.

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Judicializar ¿para qué?

La apertura de una investigación por parte de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México coloca formalmente el tema en el terreno institucional, lo saca del ruido mediático y lo convierte en expediente. La judicialización, en este caso, no apunta a la cárcel sino al control: convierte un episodio administrativo en un expediente vivo, útil, disponible. No para sentenciar, sino para encuadrar. Porque en la política mexiquense —tan aficionada a las formas legales— una carpeta abierta vale más que una condena improbable: fija límites, redefine alianzas y recuerda, con elegancia brutal, que el poder no siempre castiga… administra.

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