Acusan a defensor tlahuica de los bosques de talar árboles

Desde hace 20 años, la familia Zamora Gómez se ha dedicado a cuidar y defender los bosques de la región

Foto: Victor Castillo

¿Qué otra cosa es un árbol más que libertad?
G. C.

Son casi las 11 de mañana y el frío del ambiente se cuela en la cocina del domicilio de Misael Zamora, ubicado en la avenida Libertad, de San Juan Atzingo, comunidad tlahuica del municipio de Ocuilan pero la hospitalidad de su familia entibia la habitación.

Desde hace veinte años, los Zamora Gómez se han dedicado a defender los bosques de la región, por ese motivo, Ildefonso, papá de Misael, pasó nueve meses en la cárcel acusado de un crimen que no cometió. Parece que la historia se repite, pues ahora su hijo atraviesa un proceso semejante al que vivió su progenitor hace cuatro años. 

Para entender mejor: Encarcelado, un hijo muerto, temor: precio que paga ambientalista en Edomex 

La criminalización de quienes cuidan los bosques 

En 2015, defender el bosque fue la razón por la cual las autoridades criminalizaron a Misael y a su padre. “En abril me fabricaron una carpeta de investigación por supuestos daños al medio ambiente, específicamente por tala”, recuerda Misael, “pero ¿cómo acusas a un ambientalista de dañar el medio ambiente?”, ironiza cuando habla acerca de las pruebas que se fabricaron para intentar responsabilizarlo de un crimen contra el cual ha luchado casi toda su vida. 

Por falta de muestras que acreditaran el supuesto delito, Misael quedó libre.

Sin embargo, en abril de este año fue aprendido de nueva cuenta. “Llevábamos pocos días de habernos juntado”, narra Itzel, su compañera de vida y lucha, 

“bajamos a un pueblito que se llama Santa Mónica a comprar cosas para la comida […], íbamos con uno de sus sobrinos. [De repente] llega y me dice ‘¡ya se llevan a Misael!’”. 

Misael fue aprendido sin que le mostraran la orden.“Solo hay cuatro testimonios como pruebas: tres son de la policía estatal y uno de la Sedena”, rememora.

Los testigos dicen que Zamora fue encontrado en flagrancia mientras sostenía una motosierra. Pero no hay evidencias sólidas que sustenten la acusación, “sus pruebas son en documentos, no están metiendo un testigo como tal para decir ‘es que es esto o es esto’”. Además, detalla, la motosierra que ellos presentan tiene un número de serie que ya no es legible: “¿Para cuántos inocentes la han utilizado?”. Misael también nos dice que lo acusan de tener 39 vigas procesadas; estas vigas aparecen en una foto, pero ya resguardadas en el corralón, no en el presunto lugar de los hechos. 

“La misma manera en que acusaron a mi padre la están haciendo conmigo: sin pruebas sólidas”. 

Para aminorar el frío de la mañana en Ocuilan, doña Modesta Gómez, madre de Misael, nos ofrece té con pan. Nos acercamos al fogón, donde ella prepara maíz para nixtamal y cuando le preguntamos por la historia de su familia y la relación que han tenido con los bosques, doña Modesta prefiere guardar silencio. Sus ojos, sin embargo, se colman con la elocuencia de las lágrimas: “Ha sido algo muy doloroso”, alcanza a decir.