Armando Navarrete asume el control en Nicolás Romero margina a Yoselín en la alcaldía 

El diputado local opera con una estructura paralela y asfixia a la actual presidenta. Con encuestas a modo, el legislador alista su imposición para la elección de 2027.
mayo 15, 2026

En Nicolás Romero, el poder ejecutivo despacha formalmente en el palacio municipal, pero la agenda política, la movilización territorial y el reparto de la estructura institucional se dictan desde la curul del diputado local Armando Navarrete López. A través de un aparato operativo que asume funciones exclusivas del ayuntamiento y del uso táctico de mediciones demoscópicas cuestionables, el expresidente municipal ha configurado un dominio hegemónico que asfixia el margen de maniobra de la actual alcaldesa, Yoselín Mendoza, buscando asegurar el control de la sucesión para 2027.

La aplanadora electoral de 2024 otorgó a Navarrete un margen de operación inédito. Como candidato de la coalición Morena-PT-PVEM al Distrito XLIV, arrebató 107 de las 110 secciones disputadas, concentrando 73,600 sufragios (41.2% de la votación). Con una oposición electoralmente inoperante —el PAN alcanzó apenas un 19.3% y el PRI un 16.1%—, el legislador interpretó los resultados no como un pase al Congreso estatal, sino como una ratificación de su control sobre la demarcación.

Desde la LXII Legislatura, Navarrete blindó su influencia asumiendo posiciones estratégicas. Su integración en comisiones como Planeación y Gasto Público, Desarrollo Social y Comunicaciones y Transportes le proporciona los mecanismos de presión presupuestal y de gestión necesarios para mantener intacta su red de alianzas en el norponiente mexiquense.

La evidencia en campo documenta que Navarrete opera un gobierno paralelo. Su estrategia consiste en mantener una presencia que compite directamente con la investidura de la presidenta municipal en funciones. El 21 de febrero de 2026, encabezó el acto masivo «Seguimos Armando El Cambio» en la Colonia Libertad. Durante el evento, la maquinaria logística operó bajo el emblema «Nicolás Romero con Corazón», una marca política personal que deja en claro su cercanía con el senador Higinio Martínez.

El punto de quiebre institucional ocurrió el 8 de marzo. El diputado local inauguró el comedor comunitario «Corazón Contento» en la comunidad de Barrón. La ejecución de programas de asistencia social es una facultad inherente al poder ejecutivo municipal; sin embargo, Navarrete no solo cortó el listón, sino que lo hizo flanqueado por regidores y el síndico municipal. La presencia del propio Cabildo de Yoselín Mendoza en un acto del legislador exhibe el nivel de subordinación del cuerpo edilicio hacia la figura de Navarrete.

Este activismo se extiende a las bases sindicales. El 2 de mayo, Navarrete se presentó en la mina El Cascabel (San Francisco Magú) para afianzar el control sobre los gremios de la construcción, sector clave en la región. En cada movimiento, invoca los nombres de Claudia Sheinbaum y del senador Higinio Martínez, enviando un mensaje de respaldo desde las cúpulas para legitimar su injerencia local.

Para garantizar la continuidad de su grupo político, Navarrete ha iniciado la promoción abierta de operadores incondicionales. El 3 de mayo de 2026, durante una asamblea informativa y presentándose bajo la figura de consejero nacional de Morena, Navarrete ungió públicamente a Carlos Quinto, refiriéndose a él como «dirigente». El acto fue validado por la presencia de la diputada federal Gabriela Valdepeñas, consolidando a Quinto como la pieza estelar del higinismo, apoyado en tierra por operadores de base como el síndico Felipe Martínez.

La legitimación de esta jugada requirió la fabricación de un consenso inmediato. Apenas cuatro días después de la asamblea, el 7 de mayo, comenzó a circular mediante anuncios de Facebook un estudio de DataPolls México. La metodología de la encuesta revela su naturaleza propagandística: un levantamiento automatizado (sistema IVR o robocalls) de solo 600 casos, una técnica que los expertos electorales desestiman por su altísima tasa de rechazo y exclusión demográfica.

A pesar de sus carencias técnicas, el documento otorgó un supuesto 95% de confianza a un resultado predecible: el recién nombrado «dirigente» Carlos Quinto apareció en primer lugar de preferencias rumbo a la alcaldía con un 32.6%.

El dato más agresivo de la encuesta automatizada no fue el triunfo de Quinto, sino la relegación de la alcaldesa en funciones. Yoselín Mendoza fue relegada al tercer puesto con apenas el 21.5%. Este movimiento mediático operó como un mecanismo disciplinario interno para sepultar cualquier aspiración de reelección o autonomía de la actual presidenta municipal.

La narrativa oficial del ayuntamiento se desgasta en promover premios a las «mejores prácticas de gobierno» y programas sociales duplicados, un ejercicio de relaciones públicas que no logra ocultar su incapacidad para ejercer el poder real en el territorio.

Ante el aparente colapso absoluto del PRI y el PAN, incapaces de articular un contrapeso, Armando Navarrete no encuentra resistencia externa ni interna. El andamiaje político en Nicolás Romero demuestra que la alternancia no democratizó el municipio, sino que perfeccionó una maquinaria de control para el partido oficialista que ahora pelea el ayuntamiento.

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