Toluca; México; 21 de abril de 2019. La fe es guía; es luz y esperanza. La fe motiva y da fuerza para seguir el camino. La gente, la creyente, lo sabe y en ella, en su fe, se refugia de problemas cotidianos y de las maldades mundanas.
Y es en Semana Santa cuando la fe del católico se manifiesta con mayor devoción. Participa en cada una de las actividades que la Iglesia en su calendario, precisa para estos días. No, no aprovecharon este periodo de descanso para irse a la playa. Fueron a sus templos; rezaron y veneraron al Hijo de Dios agradeciendo su sacrificio por los pecados de la humanidad.
Con sus familias acudieron el Jueves Santo a la visita de las siete casas, siete iglesias. En Toluca las del Carmen, la Merced, El Ranchito y, por supuesto, Catedral, de las más concurridas. Por la noche recordaron los episodios bíblicos del lavatorio de pies que Jesús hizo a sus discípulos en señal de humildad, la traición de Judas y la detención en el Huerto de Getsemaní.
Y llega el Viernes Santo. Con él la representación del Viacrucis. En Toluca no se escenifica la Pasión de Cristo: se reflexiona sobre su significado y se reza. Dentro de catedral, el obispo auxiliar Maximino Martínez Miranda, encabezó la procesión en ausencia del obispo de la Diócesis, Javier Chavolla Ramos quien, justo en estos días, perdió a su hermana Emma.

La trata de personas, la pobreza y la migración fueron los temas centrales por los que se oró en cada una de las 14 estaciones -o pasajes- en que se divide el camino de Jesús hacia su crucifixión. Más tarde se realizó la solemne ceremonia eclesiástica de Proclamación de la Pasión, adoración de la Cruz y sagrada comunión, en la que los feligreses llevan sus cruces a bendecir.
Por la noche, el silencio, sagrado e imponente, avanzó por las principales calles de la capital mexiquense. Pies descalzos y sin pronunciar palabras, hombres, mujeres y hasta niños pertenecientes a 24 cofradías, caminaron con el pensamiento centrado en su fe y en Jesús y sus enseñanzas. Antorchas y lámparas alumbraron su paso, el de la Procesión del Silencio y la Esperanza, tradición que este 2019 cumplió 40 años de llevarse a cabo en Toluca.

El bullicio regresó al corazón de la ciudad al mediodía del Sábado Santo. Miles de personas se reunieron en la Plaza Cívica para atestiguar la Quema de Judas, tradición que retomó hace 26 años el ya finado artista plástico, Luis Nishizawa, junto con la directora del museos taller que lleva su nombre -del maestro- y quien fuera cronista de Toluca, Margarita García Luna Ortega, también ya fallecida.
Treinta figuras monumentales de 2 a 4 metros de altura estallaron en el aire. Pólvora y color, luces y estruendo que perturbó la paz de las palomas y causó la admiración de los asistentes, sobre todo, de los niños. Participantes de un concurso que premia su talento y originalidad, artesanos mexiquenses – y de otras partes- son los creadores de estos judas modernos.

Esta vez representaron el huachicoleo, la violencia, los feminicidios, la corrupción, males que aquejan a la sociedad y deben terminarse con ellos. Por eso los queman, para destruirlos. "El Huachicolero Mayor", "Basta de Feminicidios", " Ya nos cayó la ambición", "El diablo cobra vidas en Pemex" fueron algunos de los títulos de las 30 judas que este año ganaron el concurso respectivo, organizado por las autoridades estatales, de un total de 159 piezas que participaron.
A la medianoche, final del Sábado de Gloria e inicio del Domingo de Resurrección, el estruendo de cohetes y luces multicolores lanzados al cielo dieron muestra de la alegría de los fieles porque el Hijo de Dios regresaba junto a su Padre, mientras en la Tierra, los hombres continúan refugiándose en su fe de las atrocidades del mundo actual.


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