■ Los de rosa… y de lino. El Estado de México fue el principal bastión organizativo de Somos México. La pregunta ya no es cuántas asambleas realizó, sino quién construyó esa estructura.
■ ¿El Edomex les queda grande? El nuevo partido parece diseñado para un electorado urbano de altos ingresos y tendrá que demostrar que puede conectar con el México popular que decide las elecciones.
■ El contralor que pierde el tiempo. Mientras el expediente contra Fernando Flores avanza con desesperante lentitud, también comienza a ponerse a prueba la credibilidad de la Contraloría del Poder Legislativo.
■ Dos álbumes, dos mensajes. El reencuentro entre Delfina Gómez y Higinio Martínez dejó dos narrativas distintas: una gobernadora concentrada en gobernar y un senador decidido a subrayar la cercanía.
■ El hombre fuerte de Delfina. José Luis Cervantes convirtió los resultados en su principal activo político y terminó consolidándose como uno de los funcionarios de mayor confianza en el Estado de México y con reconocimiento en Palacio Nacional.
Los de rosa… y de lino
Vaya, vaya. Si alguien quisiera descubrir dónde late el corazón organizativo de Somos México, bastaría revisar el mapa de sus asambleas. El Estado de México fue, por mucho, su principal bastión territorial: 30 asambleas estatales, con un promedio cercano a 350 asistentes por evento, una concentración muy superior a la observada en la mayoría de las entidades. El dato obliga a formular una pregunta inevitable: ¿quién puso la estructura, quién movilizó a la gente y con qué objetivo? Porque los partidos nacen con discursos ciudadanos, pero las estructuras no brotan por generación espontánea. Somos México, heredero político de la llamada Marea Rosa, presume independencia; sin embargo, en política los mapas de organización suelen revelar mejor las alianzas que los discursos. El Estado de México no sólo les abrió la puerta: les construyó el vestíbulo. Ahora toca averiguar quién les prestó las llaves.
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¿El Edomex les queda grande?
La verdadera prueba de Somos México comenzará cuando deje los salones climatizados y salga a pedir el voto en las calles. El problema no es únicamente ideológico, sino sociológico. Su narrativa parece diseñada para un segmento urbano de ingresos altos, con causas y preocupaciones muy distintas a las del Estado de México popular, donde millones de familias colocan por delante el empleo, el transporte, la seguridad y los programas sociales. Quizá encuentre simpatías en corredores como Interlomas, Chiluca, Avándaro o Providencia, pero difícilmente ahí se define una elección estatal. El Edomex ha construido durante décadas una cultura electoral inclinada hacia opciones de izquierda o de centroizquierda, alimentada por profundas desigualdades sociales y una demanda permanente de mayor presencia del Estado. En ese contexto, Somos México corre el riesgo de convertirse en un partido con mucha conversación en cafeterías y muy pocas casillas ganadas. Al final, si de representar a los sectores más whitexicans se trata, quizá no venga a disputarle el pueblo a Morena, sino el espejo al PAN y al Verde.
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El contralor que pierde el tiempo
Tres semanas después del escándalo que exhibió al alcalde de Metepec, Fernando Flores, irrumpiendo con un grupo de escoltas armados en un club deportivo privado, la investigación en la Contraloría del Poder Legislativo sigue instalada en la fase de «estamos recabando información». Su titular, Juan José Hernández Vences, asegura que aún espera videos y otros elementos para determinar responsabilidades. Resulta una explicación difícil de digerir cuando las imágenes del caso dieron la vuelta al Estado de México desde el primer día. Más que una investigación en marcha, comienza a parecer una investigación en pausa. La ley exige objetividad, pero también oportunidad. Porque cuando un expediente avanza al ritmo de la conveniencia política, la sospecha deja de recaer únicamente sobre el investigado y comienza a alcanzar al investigador. La pregunta ya no es sólo qué hizo Fernando Flores, sino por qué la Contraloría parece más ocupada en dejar pasar el tiempo que en aprovecharlo.
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Dos álbumes, dos mensajes
El reencuentro público entre la gobernadora Delfina Gómez y el senador Higinio Martínez dejó una escena curiosa. En el acto de Texcoco hubo sonrisas, abrazos y mensajes de unidad, pero al revisar sus redes sociales aparecen dos relatos distintos. La gobernadora difundió una amplia galería del evento privilegiando la obra pública, a los productores y la comunidad, sin destacar imágenes de cercanía con el senador. Higinio hizo exactamente lo contrario: seleccionó fotografías donde ambos aparecen juntos, resaltó el abrazo, recordó que fue invitado a tomar la palabra y habló de amistad, lealtad y continuidad del proyecto. No es una contradicción; son prioridades distintas. Delfina parece enviar el mensaje de que gobierna para todos y que el episodio no amerita convertirlo en noticia política. Higinio, en cambio, tenía más incentivos para dejar constancia pública de que el vínculo permanece vivo. En política, las fotografías también votan: unas buscan cerrar capítulos; otras procuran abrir los que vienen.
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El hombre fuerte de Delfina
Durante meses hubo quienes lo veían de paso, otros apostaban por su relevo y no faltaron quienes trabajaron discretamente para debilitarlo. Sin embargo, José Luis Cervantes Martínez hizo lo que pocas veces ocurre en la política mexicana: respondió con resultados en lugar de grillas. Operativos de alto impacto, investigaciones que alcanzaron a presidentes municipales, el combate a la corrupción y una Fiscalía mucho más activa terminaron modificando la percepción sobre su gestión. Hoy, lejos de aparecer como un funcionario aislado, se ha consolidado como uno de los servidores públicos de mayor confianza de la gobernadora Delfina Gómez, y en Palacio Nacional su trabajo también goza de reconocimiento. La política suele premiar el ruido, pero de vez en cuando hace una excepción con la eficacia. Quién lo hubiera imaginado: mientras otros invertían tiempo construyendo intrigas, José Luis Cervantes construía expedientes. Al final, los expedientes terminaron pesando más que las conspiraciones.

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