¿Quién se está quedando con el agua?

Una radiografía a las contradicciones mexiquenses: del silencio frente al acaparamiento industrial del agua ante la sequía en los hogares, al histórico golpe a las nóminas fantasma en Educación, cerrando con la reconciliación en la cúpula estatal de Morena que redefine el tablero político
junio 30, 2026

¿Quién se está quedando con el agua?
La ciudad que discute todo… menos lo importante
Los aviadores nunca volaron solos
Lo que nadie quiso ver durante treinta años
Cuando el proyecto está por encima del ego


¿Quién se está quedando con el agua?

Hay una imagen que debería avergonzar a cualquier sociedad. En la capital del Estado de México, miles de familias esperan durante días, semanas y, en algunos casos, meses, que vuelva el agua a la llave de su casa. A pocos kilómetros, en el mismo valle, enormes complejos industriales continúan produciendo cerveza, agua embotellada, automóviles y alimentos. La contradicción no está en la existencia de la industria, sino en la incapacidad del Estado para garantizar ambas cosas al mismo tiempo. Una política pública verdaderamente civilizada no tendría que elegir entre desarrollo económico y derecho humano al agua. Sin embargo, la realidad obliga a preguntar si el modelo llegó a un punto de ruptura. Por eso vale la pena poner sobre la mesa a algunos de los grandes consumidores industriales de la región: Bonafont, Grupo Modelo, Heineken México, Stellantis y Nestlé. No para condenar su existencia, sino para abrir un debate que lleva demasiados años pospuesto: cuando el agua deja de alcanzar, ¿por qué la escasez se vuelve cotidiana en los hogares mientras la producción industrial continúa sin que nadie siquiera abra la discusión?

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La ciudad que discute todo… menos lo importante

Hay algo todavía más preocupante que la escasez de agua: la escasez de debate. Resulta penoso, por no decir pueril, que buena parte de la conversación pública en la capital mexiquense termine atrapada en una bodega instalada en una colonia popular o en las acusaciones por presuntos tocamientos contra un funcionario municipal. No porque esos asuntos carezcan de importancia, sino porque terminan desplazando la discusión sobre los problemas que realmente condicionan la vida de millones de personas. El agua, la movilidad, la contaminación, el crecimiento urbano o la viabilidad del modelo industrial apenas encuentran espacio en la agenda política y mediática. La política descubrió hace tiempo que la coyuntura produce más ruido que las soluciones. Y el ruido tiene una ventaja para el poder: impide escuchar las preguntas verdaderamente incómodas.

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Los aviadores nunca volaron solos

El escándalo de los presuntos «aviadores» no nació ayer. Durante décadas formó parte de una cultura política donde conseguir una plaza significaba, muchas veces, pagar favores, construir lealtades o alimentar estructuras electorales. Aquella frase de «ayúdame, dame una plaza» terminó convirtiéndose en un componente del sistema y no en una excepción. Por eso, reducir el problema a unas cuantas plazas en Educación sería quedarse en la superficie. Si algún día se revisaran con el mismo rigor otras grandes nóminas del gobierno, como las de seguridad o salud, podrían encontrarse realidades igual o más complejas. En una administración donde más de 350 mil personas reciben un salario del Poder Ejecutivo, el gigantismo administrativo facilita las zonas de opacidad. Precisamente por ello resulta relevante la decisión de la gobernadora de abrir este expediente y tomar al toro por los cuernos, porque desmontar inercias construidas durante décadas exige algo más que auditorías: exige voluntad política.

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Lo que nadie quiso ver durante treinta años

Vale la pena hacer un ejercicio de memoria. Desde 1993 pasaron por la Secretaría de Educación del Estado de México Efrén Rojas Dávila, Alberto Curi Naime, Guillermo Legorreta Martínez, Raymundo Martínez Carbajal, Ana Lilia Herrera, Elizabeth Vilchis Pérez, Juan Jaffet Millán, Alejandro Fernández Campillo y Gerardo Monroy Serrano. Distintos gobiernos, distintos estilos, pero el mismo sistema administrativo. Durante tres décadas nadie detectó, denunció o llevó hasta sus últimas consecuencias un presunto esquema de venta de plazas y «aviadores». Tuvo que llegar la alternancia para que el actual secretario, Miguel Hernández Espejel, presentara las denuncias correspondientes y el asunto escalara al terreno penal. Quizá ahí se encuentre una explicación de la virulencia de muchas críticas en su contra: romper un sistema siempre genera más resistencia que administrarlo.

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Cuando el proyecto está por encima del ego

El reencuentro público entre la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y el senador Higinio Martínez dejó mucho más que una fotografía. Después de meses de tensiones, desencuentros y desafíos internos, la imagen envió un mensaje de estabilidad política hacia dentro y hacia fuera de Morena. Seguramente pocos valoraron más ese momento que el secretario general de Gobierno, Horacio Duarte Olivares, principal operador político de la administración y uno de los arquitectos de la gobernabilidad del delfinismo. También hay que reconocer la generosidad de la gobernadora. Sentarse con quien en distintos momentos desafió su liderazgo demuestra que gobernar implica privilegiar el interés del proyecto por encima de las diferencias personales. En política, la verdadera autoridad no se impone; se confirma cuando existe la capacidad de anteponer el proyecto colectivo al agravio individual.

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