Andrés Filomeno N de 72 años de edad cortó el cuello de Reyna González con un cuchillo cebollero, al ver que se mantenía con vida, le asestó un golpe «para que no sufriera», así lo relató el hombre al ministerio público, después de que fuera detenido por policías municipales de Atizapán, entre ellos, el esposo de la víctima.
Privarla de la vida no le fue suficiente: después cortó el cuerpo en varios pedazos que puso en una cubeta sobre la que vertió sal «porque había moscas«. Finalmente, le desprendió el cuero cabelludo y el rostro: «le corté el rostro para quitarle una máscara«.
Desde hace tres años, a decir de los testimonios recopilados por las autoridades, y de la misma declaración del septuagenario, mantenía una relación cercana con Reyna, quien atendía un negocio de recargas telefónicas y accesorios para celulares, en la colonia Lomas de San Miguel, Atizapán de Zaragoza.
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La desaparición y el hallazgo realizado por familiares
Versiones de medios de comunicación basados en datos difundidos por la propia Fiscalía del Estado de México, señalan que Andrés N pudo haber matado a decenas de mujeres durante 20 años, algunos medios mencionan hasta 30 casos, otros 15. Esto, por las múltiples pertenencias encontradas en su vivienda, en Atizapán, y en la misma colonia donde su última víctima vivía..
Bruno Ángel, esposo de la mujer, quien era madre de dos niñas pequeñas, explicó que su familia tenía una relación de amistad con el hombre por que era cliente de su negocio; además, solía acompañar a Reyna a hacer compras de forma cotidiana, pero negó que mantuvieran una relación sentimental, así lo dijo durante la primera audiencia en la que se vinculó a proceso al presunto feminicida. «Con base de engaños, la mató«, aseguró.
El pasado 14 de mayo, Reyna salió de su casa rumbo a Plaza Meave, en el centro de la Ciudad de México. Antes, avisó a Bruno que el señor Andrés la acompañaría, pues también compraría cosas personales. Sin embargo, ese día, la mujer no volvió a su casa, ya no respondió a los mensajes y su teléfono mandaba a buzón. Bruno y otros familiares salieron a buscarla. La buscaron por todos lados, incluso en la casa del anciano, quien aseguró que no había visto a la joven, que «no sabía nada de ella«.
El reporte de su desaparición fue activado por las autoridades, pero la familia continuó la búsqueda por sus propios medios, y decidieron volver a la casa de Andrés N, a la que entraron Bruno y su cuñada.
Estaba oscuro, con un lámpara inspeccionaron la casa, mientras la hermana de Reyna la llamaba a gritos por su nombre: ¡Reyna! Al fondo de un acceso, junto a una escalera de madera, notaron la presencia de fragmentos humanos, tapados con cobijas. Bruno los reconoció.
El dueño de la casa corrió para tratar de escapar, pero fue detenido. Con la llegada de las autoridades ministeriales se emprendió una revisión profunda del lugar, posteriormente se dio a conocer el hallazgo: identificaciones oficiales de varias mujeres, dos de ellas con reporte de desaparición desde hace años; pares de zapatos, bolsos, teléfonos celulares, prendas de vestir, herramientas punzocortantes, un machete, una videograbadora, entre otras cosas.
La Fiscalía abrió una investigación por el feminicidio de Reyna, aunque también por un posible multifeminicidio. Ambas investigaciones se dieron tras el hallazgo de los familiares de Reyna, y no por investigaciones previas de parte de las autoridades.
Inmutable: aceptó todo, pero luego alegó golpes y tortura
El detenido portaba un cubrebocas azul que no dejaba ver del todo sus reacciones y gestos. Andrés N vestía la misma camisa de cuando fue detenido: manga larga en color beige y estampado ostentoso. Su abogada lo detuvo antes de que se dispusiera a declarar y dijera la verdad, tal como él mismo lo señaló al inicio de la audiencia.
Luego, el MP enlistaba los hechos criminales de los que se le acusaba. En la sala y fuera de los juzgados hubo ausencia de familiares de la parte acusada.
Versiones otorgadas por vecinos lo describen como un hombre que no estaba casado y no tenía hijos. Hace poco más de dos años su hermana se habría marchado a Oaxaca, su lugar de origen. Durante los cuarenta años que estuvo en la colonia Lomas de San Miguel de Atizapán vivió solo.
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Era una persona con un rol social en su entorno local: durante tres años fue Presidente del Consejo de Participación de su colonia, por lo que se encargaba de promover actividades municipales, sociales, culturales e incluso deportivas. Aparte de eso no trabajaba, era jubilado y rentaba viviendas al interior de su propia casa, aunado a un local que un doctor usaba como consultorio. También «le pagaba a la política«, dijeron vecinos.
Anteriormente se dedicó al oficio de carnicero; también visitaba bares de la zona, donde conoció a por lo menos tres mujeres que, presuntamente, también mató al interior de su vivienda.
Testimonios relataron que el día que encontraron a Reyna, el —expresidente ciudadano— tenía una actitud de nerviosismo y agresividad.
«No lo niego, si me descubrieron en mi casa, pues ni modo que voy a decir que no«, dijo al juez en un tono casual y desenfadado, como si se tratara de una plática entre vecinos, una confesión sin importancia. Estaba dispuesto a declarar, a decir la verdad, según expresó: «puedo declarar y decir la verdad«, sin embargo, la parte defensora solicitó un receso para aconsejar mejor a su cliente.
«Mejor guardo silencio como dice mi abogado«, expresó más tarde ante el juez.
«Me aproveche de su situación»
Andrés N le dijo a los investigadores que poco a poco se ganó la confianza de Reyna, hasta que ella comenzó a contarle cosas personales. «La conocía hace tres años, porque yo iba a hacer recargas a su negocio. Nos hicimos amigos. Me gané su confianza«. La joven confió los problemas familiares por los que atravesaba, «situación que aproveché para acercarme a la señora Reyna«. Según el hoy acusado, empezaron una relación sentimental, hasta que ella decidió terminarla, pero antes, él decidió matarla por eso.
Después de privarla de la vida, Andrés N salió de compras y regresó a su casa para sentarse a comer.
Los múltiples feminicidios: Norma, hace 20 años
Para los vecinos, era común la entrada de mujeres en la vivienda de Andrés N. Durante los tres años recientes, su última víctima frecuentaba la casa que hoy se encuentra asegurada.
Cuando entraba alguna mujer a su domicilio, Andrés ponía música y le subía al volumen, «pero no escucharon nada raro», aseguraron vecinos ante las autoridades. El último día que Reyna ingresó a la vivienda, los vecinos escucharon un grito, pero no estaban seguros de que fuera por algo malo.
Los indicios encontrados en el lugar arrojan que no fue la única persona que fue privada de la vida y su cuerpo violentado en extremo.
«Antes yo visitaba bares donde conocí a una mujer. Hace 20 años la llevé a mi casa. Tenía coraje porque siempre me ganaba las apuestas, la hice cachitos y la enterré«. Según las indagatorias, desmembró y escondió el cuerpo de Norma al fondo de su casa, en un pequeño terreno sin cementar. En otro bar de la zona, conoció a Berenice, quien también fue su víctima. Asimismo dijo haber terminado con la vida de otras dos mujeres a quienes atacó con un cuchillo.
Andrés N enlistó a sus víctimas ante el ministerio público, aunque tan solo «de las que sé su nombre». Sus ropas las tiró o las quemó.
Defensora apela al «sentido común»
Durante la audiencia, sentado al interior de un cubo de cristal, separado del resto de la audiencia, Andrés N se mantuvo casi inmóvil, sin expresión aparente, inmutable, la mayor parte del tiempo con la cabeza baja, deslizaba las manos sobre la tela de su pantalón, se acomodaba en su asiento con frecuencia y se miraba los zapatos. Solo frotaba sus manos y las empuñaba cuando el juez le daba la palabra o le formulaba alguna pregunta.
Su abogada, defensora de oficio, a favor de su cliente, respondió que los indicios presentados por la parte acusadora no eran razonables, que no correspondían las horas y que no se advertía la forma en la que el acusado habría arrastrado un cuerpo al interior de dicha vivienda.
La parte defensora también expresó suspicacia al escuchar que un hombre de 74 años de edad pudo llevar a cabo los actos que se le atribuyen, como cargar un cuerpo, hecho que consideró inverosímil por lógica y experiencia, según señaló. ¿Que corrió? «Es absurdo«. «¿Por qué permitió el acceso a su casa tan fácil?«, cuestionó. «Sin indicios hemáticos» o rastros de sangre, recalcó.
«Hay cosas ciertas y otras que no»
Tras la postura mostrada por la parte defensora, el acusado optó ahora por negar los hechos, al menos de forma parcial. «Hay cosas falsas ahí… Te dicen, tienes que decir la verdad o te matamos, y uno tiene miedo… No hay pruebas, son cosas que inventan… No niego…. los testigos son falsos… Uno no sabe las consecuencias que pueden suceder. Hay cosas ciertas y otras que no«, trató de apelar en su defensa. Durante las breves y atropelladas oraciones, mantuvo la mirada baja.
La defensa también alegó golpes y posible tortura en contra de su cliente. El juez, además de vincular a proceso a Andrés N y dictarle prisión preventiva, también solicitó que se investigue los presuntos actos de tortura expresados en dicha audiencia, celebrada el jueves en la sala de juicios orales del Penal de Barrientos, ubicado en Tlalnepantla, municipio vecino de Atizapán, Estado de México.
Entre las identificaciones halladas en la vivienda, se encontró la de Flor Ninive, desaparecida desde el año 2016; y de Rubicela Gallegos, estudiante de petroquímica que, al igual que Flor, era buscada por sus familiares desde 2019.
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