Brenda tomó un taxi y fue encontrada muerta…

El Estado de México se ha convertido en un lugar muy peligroso para ser mujer.
diciembre 27, 2019

Brenda tomó un taxi y luego fue encontrada muerta; Jessica fue hallada sin vida en la casa de su asesino; la Fiscalía, de haber tenido protocolos más eficientes, pudo haber evitado este asesinato; Sonia fue asesinada al interior del Teatro del los Jaguares en la Universidad estatal, su expareja declaró que la mató porque la vio muy feliz con otro hombre; estos entre numerosos casos más que se han registrado en la entidad.

En el Estado de México la violencia feminicida ha conformado un ambiente de terror, de enero a octubre de este año, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SNSP) han sido asesinadas 95 mujeres.

Esta entidad tiene el segundo lugar a nivel nacional en feminicidios, 10 mujeres son asesinadas al mes; asimismo, en el mismo lapso se cometieron 13 mil 977 lesiones dolosas contra mujeres en la entidad ejercidas, principalmente, por las parejas de las víctimas.

Existen diversas razones por las que las mujeres son objeto de violencia; en el artículo “Contextos socioculturales de los feminicidios en el Estado de México: nuevas subjetividades femeninas”, de la autoría de Nelson Arteaga Botello y Jimena Valdés Figueroa, investigadores de la Universidad Autónoma del Estado de México, el feminicidio se comete a partir de diversas formas de violencia.


El autor señala que existe un tipo de violencia que denomina “de posesión”, en la que “el objetivo no es necesariamente la violación sexual; aunque sí la desarticulación de las posibilidades de resistencia de la víctima y la inscripción de significaciones de poder sobre su cuerpo”.


En la violencia pasional, “el victimario reconoce en su víctima a una persona que ha decidido una vida propia, independiente y autónoma a la de él; dicha situación lleva al perpetrador a suprimir la vida de su pareja”.
En la violencia intrafamiliar “siempre la mujer se encuentra ligada a un largo proceso de violencia masculina. Incluso cuando algunas relaciones han terminado, el hombre regresa a ejercer violencia”.


El estudio de Botello y Valdés, llevado a cabo hace nueve años se basa en el análisis de información obtenida de actas ministeriales, procurando –para evitar interpretaciones– cuestionar permanentemente los datos de las declaraciones incluidas en las averiguaciones, además, tiene la especificación de que esta tipología no implica que los tipos de violencia señalados no puedan cruzarse.


De la fecha de publicación de este estudio a la actualidad, en México, el caso de mujeres asesinadas ha aumentado; en promedio, 10.4 son asesinadas diariamente; casi cada dos horas una mujer esta siendo asesinada; situación que evidencia que los protocolos establecidos, como es el caso de las alertas de género no han funcionado por razones diversas: una deficiente o poca rigurosa de aplicación de los mismos, una indolencia de las autoridades ante las situaciones y un sistema judicial permeado por la corrupción y la ineficacia.


Según reportes periodísticos, los casos específicos de violencia son atroces, el asesinato se recrudece con la violación, antes o después de la muerte, la mutilación y la tortura son una constante.

Caso aparte es la indiferencia no sólo de la autoridad sino de la sociedad: las víctimas de violencia feminicida están solas en la mayoría de los casos y los esfuerzos de organización y concientización social son atacados sistemáticamente por opiniones sin fundamento en las redes sociales, no obstante, la alternativa al terror es la organización y movilización, en sustitución de una legislación eficiente y un sistema que, efectivamente, neutralice y venza el terror cotidiano.

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