Chalco y La Paz se hunden más de 20 cm al año

El hundimiento del suelo en ambos municipios ya impacta zonas urbanas: cambia pendientes, complica el drenaje y aumenta el riesgo de inundaciones en áreas densamente pobladas

La subsidencia en Chalco y La Paz no es nueva, pero sus efectos pesan cada vez más sobre zonas urbanizadas: el suelo baja, las pendientes cambian y la infraestructura hidráulica opera bajo una presión creciente.

Un estudio del INEGI sobre subsidencia, basado en técnicas satelitales, ubica a ambos municipios con hundimientos significativos en zonas pobladas, con máximos superiores a 20 centímetros por año.

El fenómeno no ocurre de forma uniforme. La subsidencia avanza de manera desigual y depende de factores como las condiciones del suelo, la extracción de agua subterránea y la concentración urbana. En Chalco, la mayor extensión afectada corresponde a Chalco de Díaz Covarrubias, mientras que en La Paz también se presenta en zonas de alta densidad poblacional.

Un problema que se aceleró con el tiempo

Vista aérea de una zona urbana inundada, con edificios y calles parcialmente sumergidos en agua.

El hundimiento no comenzó recientemente. Estudios sobre la planicie de Chalco indican que, a inicios de los años sesenta, el terreno aún no mostraba una influencia significativa por extracción de agua. Para finales de los setenta, el hundimiento promedio ya alcanzaba entre 10 y 15 centímetros por año.

La aceleración se registró después de 1984, con la operación del sistema de pozos Mixquic-Santa Catarina. La extracción intensiva de agua compactó los sedimentos lacustres y generó hundimientos de hasta 40 centímetros por año en zonas específicas.

Hoy, aunque los máximos superan los 20 centímetros anuales, el impacto se mide de forma distinta: el fenómeno ocurre bajo colonias, calles, viviendas, drenajes y canales.

Cuando el suelo cambia, el agua deja de fluir igual

Inundación en una calle con casas parcialmente sumergidas, un hombre sentado en el agua y carteles visibles en las paredes.

El hundimiento modifica las pendientes naturales del terreno, lo que altera el funcionamiento del drenaje. El agua deja de correr como fue diseñado el sistema hidráulico, lo que favorece encharcamientos e inundaciones más prolongadas.

En Chalco, esta condición ayuda a explicar por qué el agua permanece más tiempo en calles y viviendas. Factores como la basura, los taponamientos o las lluvias intensas agravan la situación, pero operan sobre una base estructural: un suelo que continúa descendiendo.

Una infraestructura bajo presión constante

El resultado es una infraestructura obligada a operar contra un terreno en movimiento. El dato de los más de 20 centímetros anuales no es solo una cifra técnica, sino una señal de riesgo para municipios densamente poblados.

Chalco y La Paz enfrentan así un reto estructural: no solo mantener su drenaje, sino adaptar su planeación urbana y gestión del agua a un suelo que cambia año con año.

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