Atenco no se olvida

Veinte años caben en una generación. Lo suficiente para que un niño crezca, vote y no recuerde. Pero no alcanza para que la memoria cierre… ni para que las víctimas puedan hacerlo.

Mayo de 2006.
San Salvador Atenco dejó de ser un municipio más del Estado de México para convertirse en un punto de quiebre en la relación entre el Estado y la protesta social. Lo que inició como un conflicto por la tierra terminó en una intervención policiaca que marcó al país: detenciones masivas, uso excesivo de la fuerza y denuncias de tortura sexual contra mujeres.

No fue un exceso. Fue una decisión.

En ese momento, el poder estaba alineado: Vicente Fox en la Presidencia y Enrique Peña Nieto al frente del gobierno mexiquense. La alternancia ya había ocurrido, pero no los métodos. Atenco dejó claro que el Estado seguía dispuesto a imponerse cuando era desafiado.

Del otro lado, el Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra había logrado detener un proyecto estratégico: el aeropuerto en Texcoco. Esa victoria convirtió al movimiento en un actor incómodo. Atenco fue la respuesta.

Los actores, veinte años después

Dos décadas después, el tablero cambió.

Peña Nieto llegó a la Presidencia y terminó lejos del poder, marcado por el desgaste y la corrupción.
Fox quedó atrapado en su propio protagonismo.
García Luna, operador central de la seguridad de esa época, hoy está en prisión en Estados Unidos.
Medina Mora salió del sistema bajo sospecha.

Del lado de la resistencia, Ignacio del Valle regresó a Atenco tras su liberación y se mantuvo en su territorio. No migró a la política institucional ni al protagonismo mediático. Su historia es la de quien resistió, pagó el costo y volvió al mismo lugar. El Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra sigue activo, aunque lejos de la centralidad que tuvo en 2006, como una organización que no desapareció, pero que tampoco volvió a ocupar el centro del conflicto nacional.

Las mujeres que denunciaron tortura sexual llevaron su caso a instancias internacionales. Ahí obtuvieron lo que en México no encontraron: reconocimiento. La justicia llegó tarde y a medias.

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El territorio, veinte años después

El aeropuerto que detonó la represión nunca se construyó en Texcoco.

Imagen dividida: a la izquierda, vista aérea de un aeropuerto con aviones en la pista; a la derecha, una multitud reunida en una protesta con humo y barricadas.

En su lugar, hoy existe un parque ecológico de gran escala, con recuperación de humedales y presencia de aves silvestres. El territorio que fue motivo de disputa se transformó en un espacio ambientalmente relevante, resignificando el conflicto desde otra lógica.

El proyecto aeroportuario se trasladó. Se construyó el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) en Santa Lucía. Y ahora, nuevas obras ferroviarias buscan conectar esa infraestructura con el resto de la zona metropolitana.

El Estado no dejó de construir.
Solo cambió de lugar.

Memoria, costo y desenlace

Atenco dejó una cuenta de dolor alta.
Cuerpos violentados. Vidas marcadas. Una herida que no termina de cerrar.

Pero también dejó un desenlace inesperado:
el proyecto que originó el conflicto no se realizó ahí, el territorio se preservó en otra lógica y la decisión de Estado cambió con el tiempo.

No es una victoria pura.
Tampoco una derrota total.

Es algo más complejo:
un conflicto donde la resistencia logró alterar el curso de una decisión nacional, pero pagó un costo desproporcionado.

Lo que queda

Atenco no es solo memoria.
Es antecedente.

Mujer indígena con sombrero y vestimenta tradicional sostiene un cartel que dice 'NO SE OLVIDA' durante una manifestación.

Mostró cómo actúa el poder cuando se siente desafiado.
Mostró también que la resistencia puede cambiar decisiones de Estado.
Y dejó una lección incómoda: en México, la justicia puede llegar… pero no siempre alcanza.

Porque hay hechos que no terminan cuando pasan.
Terminan cuando se entienden.

Y Atenco, veinte años después, sigue sin entenderse del todo.

Brenda Monroy

Brenda Monroy

Licenciada en Comunicación con alma curiosa. Me gusta estar en el sitio del acontecimiento para redactar notas auténticas y cercanas. Me interesan la salud, las finanzas y la educación, pero también disfruto leer novelas y dejar volar mi lado creativo con el marketing acompañada de Taylor Swift

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