En los pasillos del poder de la Cuarta Transformación, pocos nombres concentran tanta influencia como el de Ariadna Montiel Reyes. Lejos de los reflectores que buscan otros perfiles, hasta hace poco titular de la Secretaría de Bienestar construyó su peso político desde la operación territorial, con presencia en colonias y redes de organización de base. Hoy, ese recorrido la ha llevado a asumir la dirigencia nacional de Morena, en sustitución de Luisa María Alcalde.
Pero, ¿quién es Ariadna Montiel, la operadora que llega a una de las posiciones más relevantes dentro del partido en el poder?
De las aulas de Arquitectura a la militancia partidista
Nacida en la Ciudad de México, Montiel inició estudios de Arquitectura en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), carrera que, de acuerdo con diversos registros públicos, no concluyó. Su formación política, sin embargo, se dio principalmente en la militancia y la movilización partidista.

Sus primeros pasos los dio en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), donde se integró a la corriente Izquierda Democrática Nacional (IDN), vinculada a René Bejarano y Dolores Padierna. En ese espacio participó en tareas de organización política y trabajo territorial. Más adelante fue secretaria de Jóvenes del PRD y posteriormente diputada en la Asamblea Legislativa del entonces Distrito Federal entre 2012 y 2015, etapa en la que comenzó a posicionarse dentro de la política capitalina.
El salto a Morena y el control del Bienestar
Como ocurrió con otros cuadros del PRD, Montiel se incorporó posteriormente a Morena. Entre 2015 y 2018 fue diputada federal y, tras el triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador, fue nombrada subsecretaria de Bienestar en 2018.
Desde esa posición se involucró en la operación de la política social del nuevo gobierno. En 2022, tras la salida de Javier May de la Secretaría de Bienestar, asumió la titularidad de la dependencia. Al frente de esa institución quedó bajo su responsabilidad una de las áreas con mayor presupuesto del gobierno federal y la estructura de los llamados “Servidores de la Nación”, operadores encargados de vincular los programas sociales con la población beneficiaria.

Con el relevo presidencial, su peso político no disminuyó. Claudia Sheinbaum la ratificó en el cargo, lo que confirmó su relevancia dentro del nuevo equilibrio interno del oficialismo.
Controversias y señalamientos
La trayectoria de Montiel también ha estado acompañada por cuestionamientos. El más recurrente ha sido el señalamiento sobre un presunto uso electoral, clientelar o partidista de los programas sociales.
Uno de los episodios más visibles ocurrió en 2023, durante el proceso interno de Morena para definir la candidatura presidencial. Marcelo Ebrard acusó a la Secretaría de Bienestar de utilizar a los Servidores de la Nación y recursos públicos para favorecer a Claudia Sheinbaum. Aunque Montiel no protagonizó públicamente esa confrontación y Morena rechazó las acusaciones, el episodio exhibió el peso político de la estructura territorial vinculada a la dependencia.

A ello se suman observaciones realizadas en distintos momentos por la Auditoría Superior de la Federación (ASF) sobre inconsistencias en padrones de beneficiarios, así como críticas de la oposición en torno al manejo político de los programas sociales. Su pasado en el entorno de René Bejarano también ha sido retomado por sus detractores como parte de los cuestionamientos a su estilo de operación.
La llegada a la dirigencia
Más que por un perfil ideológico visible, Ariadna Montiel se ha distinguido por su capacidad operativa. Su llegada a la dirigencia nacional de Morena puede leerse bajo esa lógica: el control territorial y la experiencia en movilización siguen siendo activos centrales dentro del partido.
Su ascenso representa el cierre de un trayecto político que la llevó de la militancia juvenil y el trabajo de base a la conducción formal del partido más fuerte del país. Para el grupo gobernante, su perfil ofrece capacidad de organización rumbo a las próximas elecciones. Para sus críticos, concentra una forma de ejercer poder basada menos en el discurso público que en el control de estructuras, padrones y operación territorial.


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