El segundo mandato de Donald Trump en los Estados Unidos ha convulsionado distintos frentes en el mundo. La relación Trump y la ciencia no es buena. No es solo la guerra fiscal que busca desatar. Tampoco no son solo sus pretensiones expansionistas. No se ha limitado a amenazar, bloquear y boicotear en temas comerciales, militares y territoriales. También ha comenzado a afectar seriamente a la investigación científica.
En solo un mes, ordenó despedir a miles de empleados de agencias científicas estadounidenses y anunció cambios en normas que regulan el presupuesto de investigación. Estas medidas reducen drásticamente el apoyo financiero y han provocado movilizaciones del personal afectado. En Estados Unidos, empleados de laboratorios y centros de investigación salen a las calles a protestar contra despidos y la drástica reducción del financiamiento científico.
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También se han presentado demandas en tribunales para tratar de frenar estas políticas. La mayoría de los despidos y recortes presupuestales constituyen parte de un esfuerzo global para reducir radicalmente tanto el gasto público como la plantilla gubernamental.

Todos sabemos que incluso se creó una nueva agencia gubernamental dedicada exclusivamente a “eficientar” el aparato gubernamental. Se le encargó la misma al magnate tecnológico Elon Musk, quien no ha tenido ningún miramiento para despedir gente y trozar grandes partidas presupuestales en distintos rubros.
Casos de recortes
En el caso de los centros dedicados a la investigación científica, los recortes comenzaron a implementarse de manera notable desde el viernes 14 de febrero. Estos afectaron a instituciones como
- Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC)
- Los Institutos Nacionales de Salud (NIH) y
- la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), todas bajo el paraguas del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS).
En los CDC, aproximadamente mil 300 empleados temporales —cerca del 10% de su fuerza laboral— fueron despedidos. Incluye a casi la mitad de los investigadores del programa de vigilancia epidemiológica, como los oficiales del Servicio de Inteligencia Epidémica. Los conocidos como «detectives de enfermedades». La labor de este lugar y dicho personal es responder a brotes y amenazas de salud pública.
En los NIH, que es el principal financiador público de investigación biomédica, los despidos alcanzaron a mil 165 personas. Inicialmente se estimaron mil 500, lo que representa alrededor del 6% de sus 20 mil 000 empleados. En la FDA, aunque las cifras exactas no están claras, también se han confirmado despidos, afectando áreas como el Centro de Dispositivos y Salud Radiológica.
¿Qué dice el sistema?
Las justificaciones oficiales apuntan a reducir costos y eliminar burocracia. Distintos grupos de investigadores y publicaciones prestigiosas como Nature y Science han venido publicando reportes. No solo sobre las afectaciones ya mencionadas, sino argumentos en el sentido de que no está claro cómo se ahorrará dinero. Especialmente en la FDA, donde muchos salarios provienen de tarifas pagadas por la industria, no de impuestos.
Nature ha señalado que estos cortes abruptos, junto con restricciones previas a programas como USAID, dificultan esfuerzos mundiales para combatir enfermedades como el VIH, la malaria y la tuberculosis.
Son muchas las voces que se han levantado ya para advertir que estos despidos debilitarán la capacidad de respuesta ante emergencias de salud. Sobre todo en brotes de gripe o gripe aviar, y afectarán la investigación de enfermedades graves como el cáncer.
En el NIH, se han visto afectadas las oficinas encargadas de gestionar subvenciones para investigaciones externas. Mientras tanto, en los CDC se han eliminado programas destinados a la formación de nuevos investigadores.

Trump y la ciencia
El panorama es preocupante para la comunidad científica. Apenas ha comenzado a movilizarse con protestas frente a la sede central de los CDC en Atlanta. Han hecho públicos sus temores de que los recortes continúen.
Severo impacto
Aunque no hay datos definitivos sobre centros de investigación privados, al 21 de febrero de 2025, el impacto en el sector público ya está generando alarma sobre el futuro de la salud pública. Lo mismo sobre la investigación en Estados Unidos. Se espera que terminará afectando al resto del mundo por la acción coordinada que suelen tener los centros de investigación con sus pares del mundo.
Hoy, más que nunca, la ciencia opera en redes de investigación. Si se ven afectados los nodos estadounidenses de estas redes, las consecuencias serán globales.
Reacciones
Las reacciones políticas al interior de los Estados Unidos no se han hecho esperar. Líderes del Partido Demócrata han dicho que se trata de un ataque directo a la salud pública y a la ciencia. Han advertido de las consecuencias. Inclusive, un grupo de 43 legisladores republicanos (el partido del presidente Trump) firmó hace apenas unos días una carta instando al presidente a reconsiderar, particularmente el abandono de la OMS y los recortes a los CDC. Argumentaron que comprometen la seguridad sanitaria global y nacional.
Esta segunda era Trump anuncia tiempos oscuros en muchos rubros, incluida la investigación científica, que ya también está bajo asedio.


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