Coaliciones para enfrentar al PRI, una hipótesis contrafactual

He señalado antes en mi análisis rumbo al 2017, que primero van los datos electorales, los escenarios y hasta los balances de contexto, por ello, en esta ocasión quiero ocuparme de una hipótesis contrafactual: ¿qué hubiera sucedido si en el 2011 la oposición hubiera formado una coalición para enfrentar al PRI?, para, a partir de dicho efecto, advertir ¿qué sucedería si esa alianza se presenta para el 2017?. Para este ejercicio se toma como marco de referencia los resultados electorales del 2011 y 2015, para jugar escenarios con bloques de posibles coaliciones y candidaturas comunes. En cualquier caso, como se advierte en
julio 12, 2016

He señalado antes en mi análisis rumbo al 2017, que primero van los datos electorales, los escenarios y hasta los balances de contexto, por ello, en esta ocasión quiero ocuparme de una hipótesis contrafactual: ¿qué hubiera sucedido si en el 2011 la oposición hubiera formado una coalición para enfrentar al PRI?, para, a partir de dicho efecto, advertir ¿qué sucedería si esa alianza se presenta para el 2017?. Para este ejercicio se toma como marco de referencia los resultados electorales del 2011 y 2015, para jugar escenarios con bloques de posibles coaliciones y candidaturas comunes. En cualquier caso, como se advierte en los cuadros anexos, resulta estratégico tanto para la oposición como para el PRI, la cantidad y calidad de sus aliados; en el 2011 las opciones de un bloque opositor francamente resultaron pobres para ganar al partido en poder, sin embargo, con los datos del 2015 y los resultados de las recientes elecciones del 2016, el panorama cambia radicalmente.

Un bloque de gobierno al que confluyen PRI/PVEM/PANAL/PES puede con los datos del 2015, llegar al  40% y presentarse en una franja de competencia muy reñida con una coalición PAN/PRD/MC que podrían sumar hasta un 38%, frente a un lejano 12% que sumaría MORENA/PT  o un 18% si se agrega MC. Como se advierte, el juego que sigue en términos del proceso sucesorio local será la construcción de bloques electorales que aseguren condiciones de competencia. Resulta claro también, que para el partido en el poder, la fragmentación de candidaturas en vez de bloques se convertirá en bálsamo para sus sufrimientos actuales.

En la teoría política existe un término que describe este fenómeno, para Sartori, la “capacidad de chantaje de los partidos orientados a la oposición están relacionados con la capacidad para afectar la táctica de la competencia entre los partidos, y en especial, en su capacidad de alterar la dirección de la competencia de los partidos orientados hacia el gobierno”  (1994: 155)

La capacidad de chantaje es legítima y estratégica en muchos sentidos. Será así, sobre todo en los casos del PANAL y PES que para el bloque de gobierno podrían provocar una derrama de hasta el 8% de su bloque, por lo que su permanencia en este tándem resulta estratégica para competir con opciones de triunfo. Un error en las negociaciones con el PES por ejemplo, provocaría un empate técnico entre el bloque de gobierno y su más cercano rival, en el hipotético caso de dicha agrupación se sume al bloque PAN/PRD/MC las luces de alerta serán absolutas para la coalición gobernante, si a eso se agrega una eventual ruptura con el PANAL o el PVEM, sería una tragedia digna de la tradición griega. Por eso para mis análisis he preferido atender primero del método, del contexto y luego, será hasta el último, de los personajes. Parafraseando al clásico, primero es la estrategia (programa, diría el célebre Reyes Heroles) y luego el nombre.

En un eventual Bloque opositor, no hay futuro posible sin la suma de PAN/PRD y sería mucho más competitivo si en la negociación agregan, primero y antes que a nadie a MC. Si a ese escenario se invierte lo necesario para atraer a cualquiera del bloque de gobierno (PANAL o PES), las condiciones de competencia se volverían dramáticas. En este juego la capacidad de chantaje de MC puede ser al igual que la del PES en el otro bloque, definitivas. Para los llamados también partido bisagra, convertirse en la piedra de toque que incline la balanza, juega un papel táctico formidable, pues suma a su capacidad de chantaje la condición de bisagra para abrir o cerrar cualquier puerta de negociación. El PAN ya gobierna de la mano de MC Naucalpan y ambos saben la importancia de ese juego, lamentablemente también los de enfrente, por lo que una negociación para impulsar una candidatura libre de MC, del PES y hasta del PT, contribuiría a fragmentar el voto opositor, que ya cuenta de suyo con los favores no pedidos a MORENA y con ello, favorecer al bloque de gobierno. Como se advierte, con las lecturas de notas y encuentros de los últimos días, la negociación del bloque opositor demanda un candidato popular y ajeno a las ruines disputas internas de los partidos políticos, por lo que no debería sorprendernos que un outsider encabece una eventual Candidatura Común en el frente opositor, de nuevo, los nombres son después, lo primero es la definición estratégica, a la que por lo demás, el gobierno confía en que no se celebre.

Bajo esta dinámica, la mejor distribución para el Bloque de Gobierno sería enfrentarse por separado a todos sus rivales y agregar hasta un Independiente, que vendría a alimentar al voto antisistémico, pero devendría en una estrategia ineficaz para derrotarlo. Así, mientras a la oposición le interesa acelerar el proceso de negociación e integración de bloques o candidaturas comunes, al partido en el poder le interesa la fragmentación del voto opositor. La forma en cómo se resuelva este dilema, dependerá en mucho el resultado electoral del 2017. La comentocracia capitalina ha comenzado a perfilar a los de siempre para las nuevas apuestas electorales, que si Martí, que si De la Fuente, que si Josefina, en fin, actores nacionales que se salgan de la vulgaridad local, piensan ellos, porque ignoran cómo operan los políticos locales y desconocen que puede haber desde el más sofisticado de los ejercicios de convencimiento hasta la más pecuniaria solución que se reduce al apotegma mexiquense: “en política, todo lo que se compre sale barato”. En las próximas semanas convivirán nuevos destapes y se pondrán en juego estrategias de posicionamiento, que se asemejan a la danza que en esta temporada protagonizan las libélulas para buscar con quien aparearse; serán muchas luces las que se perciban en un juego libre que busca hacer prevalecer a su especie.

A nadie debe sorprender y mucho menos espantar bajo la mirada de la moralidad, que sobrevengan intensas jornadas de negociación que amplíen el margen de maniobra para los que en posición de tomar decisiones, necesitan de tiempo para explorar escenarios y medir las jugadas de sus rivales para ajustar el plan que íntimamente se han trazado para ganar las elecciones. Eso sucede en todas las democracias contemporáneas, sobre todo en las más competitivas, como es la nuestra. En todo caso las diferencias estriban en las condiciones de apertura u opacidad en las negociaciones y en el llamado estratégico al elector para medir las opciones que gocen de la simpatía de sus militantes y simpatizantes, en tanto, en el CEPLAN nos preparamos para levantar la primer muestra estatal de preferencia electoral, que nos dará mayores luces sobre lo que piensa o espera la gente. Seguramente en agosto tendremos el primer ejercicio.

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