¿Cómo va la vida? Medición del bienestar

Esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que reúne a los países con las economías más grandes del planeta, dio a conocer su estudio sobre el bienestar en los países que la integran. México, al ser parte de dicha organización, también fue sometido al estudio, pero no salimos tan bien: […]

Esta semana la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), que reúne a los países con las economías más grandes del planeta, dio a conocer su estudio sobre el bienestar en los países que la integran. México, al ser parte de dicha organización, también fue sometido al estudio, pero no salimos tan bien: la gente se siente menos satisfecha con su vida ahora que hace dos años, que fue cuando se realizó el anterior estudio.

El trabajo que realizó la OCDE consistió en identificar once temas que califica como esenciales para las condiciones de vida materiales y la calidad de vida; entre ellos están: el ingreso familiar, la salud, el trabajo, la educación y hasta la calidad del aire. En todos los rubros nuestro país se muestra muy alejado de los niveles de vida que se tienen en el resto de los países que formaron parte del estudio. Con un nivel ingreso percápita que representa menos de la mitad del promedio, con el nivel de escolaridad más bajo de todos los países miembros de la OCDE, con jornadas de trabajo demasiado largas (sólo Turquía nos supera en eso), con gran sensación de inseguridad (aquí el último lugar nos lo ganó Brasil) y niveles altos de insatisfacción en cuanto a los servicios de salud, de agua potable, de estabilidad en el empleo, entre otros indicadores.

Hay un rubro en el que sorpresivamente México se encuentra en los niveles más altos: en el compromiso cívico, que mide básicamente el porcentaje de la población que participó en las más recientes elecciones y en qué medida la gente toma parte en la elaboración de regulaciones. Increiblemente como país nos ubicamos en el tercer lugar, sólo superados por Australia y Bélica; por encima, incluso, de naciones como Japón, Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Francia, y Finlandia.

La sorpresa por el lugar que ocupamos en este ámbito es porque, tal como lo describe la ficha técnica del estudio, “el indicador Participación de los interesados en la elaboración de regulaciones describe qué tanto un país toma en cuenta a los interesados al elaborar las leyes primarias y las regulaciones secundarias. Este indicador mide elementos tales como los métodos de consulta, apertura, transparencia y mecanismos de retroalimentación. El indicador se calcula como el promedio simple de dos indicadores compuestos (que cubren leyes primarias y regulaciones secundarias”.

Yo, que vivo en México, sé que la consulta antes de aprobar una ley, la comunicación entre los legisladores y la gente y, sobre todo, la transparencia del Estado no son nuestra parte más fuerte. De acuerdo con los resultados que publicó la OCDE, México sería una democracia ejemplar, porque la gente participa masivamente en las elecciones, pero además de ello tiene una intensa participación política a la hora de legislar. En contraste, encuestas hechas en México por instancias como el CIDE, el INE y hasta el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública de la Cámara de Diputados, han arrojado que los partidos políticos y la cámara baja son las instituciones menos confiables para la ciudadanía.

¿Cómo explicamos, entonces, que en este estudio sobre el bienestar que nos presenta la OCDE aparezcamos tan bien calificados en el compromiso cívico? Quizá porque en ese afán de no sentirnos tan jodidos hacemos evaluaciones poco realistas en honor a ese refrán que reza: “Dime de qué presumes y te diré de qué careces”.