Crisis educativa post-pandemia

Crisis educativa post-pandemia
La UNESCO, la UNICEF y el Banco Mundial señalaron hace apenas unos días que “América Latina vive una crisis educativa sin precedentes”

No es nuevo decirlo, pero tampoco conviene olvidarlo: la pandemia de covid-19 trajo consigo severas consecuencias en el plano educativo. Aunque cada vez es más visible la afectación, apenas y empezamos a dimensionar el problema. La pandemia, en el ámbito de la salud, dejó secuelas fuertes en la sociedad. Las cifras son contundentes y ya hemos hablado de ello en este espacio. En el ámbito social el impacto igualmente es notorio: cientos de miles de familias perdieron a uno o más de sus miembros, quedaron con secuelas físicas, endeudados, quebrados o en orfandad. Y es que no solo fue la presencia y circulación de un nuevo virus, sino las medidas adoptadas para tratar de impedir su acelerada reproducción y el colapso de los sistemas de salud. Esa fue la razón por la que se detuvieron muchas actividades sociales, económicas, culturales, religiosas, etc.

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Pero hablemos del ámbito educativo. En todo el mundo fueron más de mil 500 millones de estudiantes los que se vieron forzados a parar las actividades en las escuelas en el año 2020. En la región de América Latina y tan solo para educación básica, fueron unos 170 millones de niños y adolescentes los que dejaron de acudir a las aulas. Miles y miles ya no regresaron. En México fueron 36.3 millones de alumnos los que fueron enviados a sus casas por, al menos, 15 meses.

Escuelas públicas y privadas, de todos los niveles, se vieron forzadas a suspender clases y, como se vio, fueron las primeras en cerrar y las últimas en abrir. Antes de los centros educativos se re-abrieron los restaurantes, los bares, las plazas comerciales, los estadios, los antros y hasta los conciertos masivos.

Para llamar la atención sobre el problema que trajo consigo este periodo, la UNESCO, la UNICEF y el Banco Mundial señalaron hace apenas unos días que “América Latina vive una crisis educativa sin precedentes”. Y agregaron: “A dos años de los cierres de escuelas por el inicio de la pandemia, no todos los niños, niñas y adolescentes han vuelto y quienes lo han hecho muestran un rezago de entre 12 y 20 meses en el aprendizaje”.

Aspectos de la crisis educativa

Puede decirse que son tres grandes rubros los que reflejan el problema: deserción escolar, rezago educativo y disminución en los aprendizajes. El primero de ellos alude específicamente a quienes ya no se inscribieron a la escuela tras la suspensión de labores. Para el ciclo 2020-2021, el INEGI estableció en 2.3 millones la cifra de quienes no regresaron a clases. Esto fue en el momento más alto de la pandemia, antes de las campañas de vacunación. No hay cifras certeras sobre cuántos de ellos sí se re-inscribieron para el ciclo actual (2021-2022).

En cuanto al segundo de los rubros, se habla de rezago educativo cuando se estima el grado de escolaridad de una población. Antes del 2020, el promedio de años de asistencia a la escuela entre los mexicanos era de tercer grado de secundaria, pero con esta extraordinaria situación derivada de la pandemia quizá sea de dos años menos dicho promedio. Igualmente es necesario esperar a que haya estudios serios por parte del INEGI o de la SEP, pues una elevada deserción casi inevitablemente deriva en una disminución del nivel educativo de la población.

Y, respecto al último rubro, el de la disminución en los aprendizajes, ello tiene que estimarse a partir de evaluaciones cualitativas a los estudiantes que volvieron hace apenas unos meses a las aulas. Creo que todos podemos constatar que las clases en línea —a través de la televisión o con base en distintas plataformas virtuales— no dio los mismos resultados que la labor cotidiana en el salón de clases. Entonces, los exámenes diagnósticos que pudieran haberse aplicado revelarían aquellos contenidos académicos que los estudiantes no adquirieron y que, muy probablemente, no adquieran, dado que tendrán que seguir avanzando en la trayectoria escolar.

Por ejemplo, aquellos aprendizajes no adquiridos en sexto año de primaria, no se los podrán dar a los chicos en la escuela secundaria, pues esta última tienen contenidos programáticos ya establecidos y, además, sus estudiantes proceden de distintos planteles, con lo cual es difícil señalar la condición en que llegan cada uno. Y, que se sepa, no ha habido (y muy probablemente no habrá) un programa remedial que se ocupe de este problema a nivel nacional.

Consecuencias a largo plazo

Para muchos el estar ya en las aulas, el confiar en que no habrá más suspensiones aunque vengan nuevas olas de contagio es ya “una ganancia”. Sin embargo, es altamente probable que todos estos problemas se manifiesten a futuro en forma de baja matrícula en las escuelas de educación superior, más jóvenes desempleados y con poca escolaridad, empleos peor remunerados por mano de obra menos capacitada, delincuencia y varios otros problemas sociales más que van de lo psicológico —estrés, frustración, depresión, etc.— a lo económico —menor competitividad y crecimiento, por ejemplo— y lo social —precariedad laboral, desempleo, entre otros.

Desde las instituciones públicas tendrían que venir algunas respuestas serias e informadas para atender este problema, pero también desde los planos microsociales son necesarios los esfuerzos para apuntalar y acompañar a nuestras generaciones más jóvenes que son protagonistas y víctimas de todo esto.