Crónica de una justicia tardía, liberan a tres de los 6 presos de Tlanixco

Las puertas del penal de Santiaguito se abrieron para que Marco Antonio Pérez González, Lorenzo Sánchez Berriozábal y Dominga González Martínez salieran; luego de 13 años en el encierro, tres de los seis presos de Tlanixco finalmente fueron liberados.  El viernes, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México se desistió de los cargos penales en contra de Marco Pérez y Lorenzo Sánchez, detenidos en 2006 y Dominga González, en 2007; fue un desistimiento por escrito porque el juez, Maximiliano Vázquez Castañeda, no permitió que se hiciera oralmente. En su salida, dos hombres con chalecos verdes de la Comisión de Derechos Humanos del Estado
febrero 17, 2019

Las puertas del penal de Santiaguito se abrieron para que Marco Antonio Pérez González, Lorenzo Sánchez Berriozábal y Dominga González Martínez salieran; luego de 13 años en el encierro, tres de los seis presos de Tlanixco finalmente fueron liberados. 

El viernes, la Fiscalía General de Justicia del Estado de México se desistió de los cargos penales en contra de Marco Pérez y Lorenzo Sánchez, detenidos en 2006 y Dominga González, en 2007; fue un desistimiento por escrito porque el juez, Maximiliano Vázquez Castañeda, no permitió que se hiciera oralmente.

En su salida, dos hombres con chalecos verdes de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México los acompañaron; los hicieron entrar unos minutos antes; sonríen y posan para la foto pero reciben los gritos de los familiares ¡fuera Codhem! ¡Fuera Codhem!, gritan; ya antes los habían increpado cuando uno de los delegados de la comisión intentó dar unas palabras de apoyo; los familiares de los presos se plantaron, como han aprendido a hacerlo en tantos años, y les dijeron que si los hubieran apoyado desde el inicio quizá habría sido otra historia.

Al final, el grito de fuera Codhem se diluye entre el ¡Sí se pudo!, entre los abrazos y las lágrimas de los familiares y los presos: “estoy muy agradecido con todos lo que participaron para mi liberación, agradezco especialmente al Alto Comisionado de la ONU […] al Zeferino Ladrillero, estoy muy contento pero faltan todavía tres, que igual que nosotros son inocentes y los queremos afuera”, dice Lorenzo Sánchez mientras avanza al auto donde integrantes del Zeferino Ladrillero lo resguardarán.

Desde las tres de la tarde y hasta las 19:00, alrededor de 150 personas, entre familiares, amigos, agrupaciones solidarias y de derechos humanos, así como prensa, esperaron, impacientes, su salida.

Los presos fueron encarcelados por defender su derecho al agua, con el pretexto de una acusación de homicidio, para sacarlos, los familiares e integrantes de la comunidad tomaron diversas acciones, su condición de indígenas y presos políticos provocó el pronunciamiento de la oficina del Alto Comisionado de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, ellos sí, también los del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero les apoyaron, dicen, por eso, ya desde dentro del auto, Lorenzo les agradece; «aunque no los conozca, gracias», dice. 

La prensa se asoma por las ventanillas, los recién liberados casi no pueden hablar, dicen que quieren estar con sus familias, a Marco Antonio le habría gustado ver a su madre, solloza, pero murió mientras él estaba adentro.  

Afuera del penal se celebra y se llora, se celebra porque tras quince años de lucha constante se ha conseguido la liberación de ellos, y se llora porque el tiempo perdido, donde la justicia permaneció ausente como sucede en México para los pobres, dice Lorenzo, no se recuperará, se llora porque falta que los otros tres presos, encerrados injustamente, Rómulo Arias Mireles, Teófilo Pérez González y Pedro Sánchez Berriozabal, también salgan. 

 

 

 

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