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Cuando no basta crear empleos

Cuando no basta crear empleos

A la condición de tener un trabajo, recibir un sueldo y que no le alcance para sobrevivir se le conoce como pobreza laboral

El empleo no es suficiente para salir de la pobreza. También entre la gente trabajadora hay ricos y pobres. Así es, dentro del universo de las personas que tienen un empleo y lo realizan todos los días, hay quienes reciben ingresos suficientes para sobrevivir y quienes no. A ese sector de personas que, a pesar de acudir a sus compromisos laborales ordinariamente, no obtienen un sueldo que alcance para cubrir la canasta básica en su hogar, se dice que están en “pobreza laboral”. 

Se trata de un término técnico que sirve para medir estadísticamente la parte de la población de un país que, sin importar que tenga empleo, se encuentra en una situación que le impide garantizar su supervivencia sólo con el fruto de su trabajo. Y, coloquialmente, se refiere a trabajos muy mal pagados. Labores por las que la gente no recibe lo mínimo indispensable, aunque sean las más demandantes físicamente, las que nadie quisiera hacer o para las que hay más oferta de vacantes.

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En México y el mundo hay una parte muy importante de la población que no tiene a la mano recursos suficientes para garantizar la alimentación de toda su familia, ellos viven en pobreza. Se cuentan por miles de millones en el mundo. En México esa porción ronda el 44% de la población, según el INEGI. Ello representa casi 57 millones de personas. A veces se atribuye esa condición a la falta de empleo. De hecho es idea corriente decir que “se necesita crear empleos” para que la gente pueda salir de la pobreza. Sin embargo, esta idea necesita algunas otras complementarias, pues hay empleos que mantienen a las personas en condición de pobreza, porque no proveen los recursos suficientes para cubrir, siquiera, la alimentación.

Pobreza laboral y Covid-19

Entonces, a la condición de tener un trabajo, recibir un sueldo y que no le alcance para sobrevivir se le conoce como pobreza laboral. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), dio a conocer hace unos días su estimación del porcentaje de la población mexicana con un ingreso laboral inferior al valor monetario de la canasta alimentaria. Aseguró que tenemos una pobreza laboral de 38.8%. Según sus análisis, en los últimos dos años ha habido una disminución de este porcentaje, pues hacia finales del año 2020 (sobre todo a causa de la pandemia de Covid-19 y sus secuelas económicas) llegamos a estar en 46%.

A algunos analistas sorprendió este dato, pues a pesar de la inflación creciente que experimenta el país (y que se extiende a casi todo el planeta), el dato que da a conocer el Coneval se traduce en que varios millones de trabajadores lograron salir de la pobreza laboral en el último año. Aunque también advirtió que este “avance” no alcanza para llegar al nivel en que se encontraba ese mismo indicador justo antes de que iniciara la pandemia, que era de 36.6% en el primer trimestre del 2020. 

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Pero, ¿en pesos y centavos qué significa todo esto? En promedio, la canasta básica actualmente tiene un costo de unos 923 pesos a la semana, pensando en una familia de 4 integrantes. Ello significa unos 3 mil 700 pesos mensuales necesarios sólo para alimentarse. Y, según lo que ahora ha publicado el Coneval, “el poder adquisitivo del ingreso laboral real promedio per cápita del primer trimestre de 2022 presentó un incremento de 3.8% respecto al cuarto trimestre de 2021, al pasar de $2,745.32 a $2,850.25 pesos mensuales”. Entonces casi 4 de cada 10 trabajadores en México ganan menos de lo que se necesita para que coman los integrantes de su hogar.

Como siempre, esto también cambia si se comparan las zonas rurales con las zonas urbanas. Afirma el Coneval que: “el ingreso laboral per cápita en el ámbito rural aumentó de $1,592.62 a $1,663.97, lo cual representó un incremento de 4.5%” en la misma comparativa entre finales del año pasado y principios de este 2022. E igualmente esto se vuelve “invisible” con los promedios, pues según el mismo Coneval, “en el primer trimestre de 2022, el ingreso laboral real promedio de la población ocupada a nivel nacional fue de $6,611.78 al mes”. 

¿Y cómo es que logran sobrevivir estos millones de mexicanos en pobreza laboral? La subsistencia de todos ellos sólo puede explicarse con los programas sociales, las remesas, la caridad u otros mecanismos que, en algunos casos, no hacen sino perpetuar esta grave e indignante situación. ¿Por qué? Debido, por ejemplo, a que un empleo mal pagado obliga a cada unidad doméstica a incorporar a más miembros de la familia al trabajo (incluidos niños), a fin de juntar entre varios el ingreso que permita sobrellevar el gasto.

Más niños trabajando implica menos niños en la escuela; menos estudios casi siempre es factor de menos posibilidades de conseguir un mejor empleo en el futuro, con lo cual la oferta de mano de obra para conseguir un empleo aunque sea mal pagado se perpetúa: sujetos acostumbrados a la mala paga suelen aceptar esos empleos que les mantienen en pobreza laboral.

Estas estimaciones publicadas recientemente por el Coneval parecieran anunciar un avance en materia laboral, pero también nos recuerdan el tamaño del reto que tenemos como país, con una economía endeble, basada en empleos mal pagados (tanto en el sector formal como en el informal) y con millones de mexicanos trabajando para recibir como paga algo que no garantiza siquiera la subsistencia. Generar empleos no basta, los mismos necesitan no perpetuar la condición de pobreza. Con todo y que en los últimos tres años el salario mínimo en México se ha incrementado en 41.3% en términos reales, el poder adquisitivo de los trabajadores sigue siendo limitado muy limitado y los índices de pobreza laboral que tenemos así lo confirman.