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Cuarto año del conflicto sirio

Con los avances estratégicos logrados por el Ejército Árabe Sirio durante marzo, luego de tres años de iniciada la actual guerra en Siria, el balance de fuerzas en el terreno militar parece inclinarse definitivamente a favor de las tropas gubernamentales, aunque el fin del conflicto se muestre aún difícil de pronosticar.

El primer día del cuarto año del conflicto (comenzó "simbólicamente" un 15 de marzo), el Ejercito Árabe Sirio y las tropas del movimiento libanés Hezbollah retomaron la estratégica ciudad de Yabrud, a unos 80 kilómetros al norte de Damasco.

Más allá de la reconquista de esa urbe en sí, la acción constituyó el inicio del fin de una estratégica batalla que había comenzado meses atrás en varias zonas de las montañas del Qalamoun, fronterizas con El Líbano, y representa además un punto de inflexión en la guerra.

Desde hace más de dos años, y siguiendo planes estratégicos elaborados por los países que los apoyan, principalmente Estados Unidos, los grupos de irregulares armados opuestos al gobierno del presidente Bashar al-Assad habían apostado por el control de esa zona, pues desde ella se facilitaban las acciones bélicas contra toda la región central de Siria, incluida la capital, así como la entrada de armas, pertrechos y mercenarios desde la frontera con El Líbano.

Con la ocupación del Qalamoun, los extremistas islámicos pretendían además dividir el territorio nacional entre las regiones sur y norte.

Sin dudas, el plan estaba bien pensado, pero aparentemente habían subestimado la capacidad de reacción de las Fuerzas Armadas Sirias, las cuales además cuentan en esas zonas con la colaboración de Hezbollah, una muy bien entrenada fuerza militar que ya en 2006 había frenado el avance del Ejército israelí en el sur de El Líbano.

Así, a mediados de 2013 las tropas de Damasco retomaron la ciudad de Qusseir, algo más al norte de esas elevaciones, clave para los irregulares en su intento de establecerse en la región.

Ya en 2014 se desencadenó una ofensiva gubernamental que entre sus primeros resultados tuvo la reconquista de la ciudad de Deir Attiye, en tanto Yabrud fue centro durante largo tiempo de cerco, bombardeos a posiciones de los extremistas islámicos.

Finalmente, una ofensiva relámpago desalojó en 48 horas a los opositores armados de esa urbe, muchos de los cuales murieron allí, mientras otros huían a localidades vecinas, o a territorio libanés.

Días después caía en manos de las Fuerzas Armadas la ciudad de Ras al-Ein, donde, al igual que en Yabrud, los armados tenían talleres de fabricación de morteros y artefactos explosivos improvisados, en los cuales se hallaron varios coches bombas listos para usarse… con matricula del El Líbano.

Tras Ras al-Ein, el Ejercito reconquistó al-Hossen y varias localidades vecinas, en el campo oeste de la central provincia de Homs, entre ellas la fortaleza conocida como el Crac de Caballeros, un castillo erigido entre 1142 y 1271, y certificado por la Unesco como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

El control de todas esas regiones aseguró para Damasco, en un símil con el ajedrez, el centro del tablero.

No obstante, en otras regiones de Siria los enfrentamientos prosiguen, y en varias zonas los armados mantienen posiciones relativamente estables.

A ello se suman recientes ofensivas de los extremistas islámicos en las sureñas provincias de Quneitra y Deraa, que si bien no han progresado como esperaban sus autores, constituyen un foco de peligro por su posible ramificación a territorios adyacentes.

Mientras, en los últimos días los armados iniciaron otra operación contra la norteña provincia de Latakia, previa invasión desde territorio turco.

Esa arremetida contra zonas que manifiestan un abrumador respaldo al gobierno del presidente Bashar al-Assad persigue, entre otros objetivos, distraer a las Fuerzas Armadas de los lugares donde han logrado las más recientes victorias.

Como rasgo distintivo de las incursiones en el sur y norte de Siria, resalta el hecho que ambas iniciativas han contado con el apoyo militar directo de países como Israel y Turquía.   En el primer caso, la toma por los irregulares de la prisión provincial de Deraa coincidió con un ataque artillero de tropas de Tel Aviv contra campamentos militares sirios en Quneitra, mientras la invasión de opositores armados desde Turquía contó con el nada disimulado apoyo militar del gobierno de Ankara.

Incluso, un avión de combate sirio que realizaba operaciones de persecución y bombardeo de los extremistas islámicos resultó derribado dentro del territorio nacional por cazas turcos.

Sin embargo desde el punto de vista estratégico, es poco probable que ambas ofensivas resulten en un nuevo balance de fuerzas militares dentro del conflicto.

Paralelamente a la vertiente militar del conflicto, Damasco implementa una iniciativa de Reconciliación Nacional destinada a detener el derramamiento de sangre, y que contempla el cese al fuego en diversos barrios y ciudades, cuya administración pasa de forma conjunta a manos del Ejército y los irregulares.

No carente de obstáculos, esa es de momento la forma más rápida, y a menor costo humano, de detener las enormes pérdidas del pueblo sirio, cuya situación humanitaria comienza a ser empleada por los mismos países que desencadenaron el conflicto como un nuevo frente para atacar al Gobierno.

De esa manera, todo indica que el cuarto año de guerra podrá ser definitorio en la solución final del conflicto, cuya fecha definitiva, no obstante, nadie se atreve a prever dado lo estéril de los debates políticos entre el Gobierno y los opositores externos, y el creciente apoyo exterior a los armados.

 

*Corresponsal de Prensa Latina en Siria.