El Sistema Cutzamala llegó al 93.9% de su capacidad, uno de sus niveles más elevados para esta etapa del año, con 734.91 millones de metros cúbicos almacenados en sus tres principales presas. Después de 19 semanas consecutivas de recuperación, el Estado de México enfrenta la próxima temporada de estiaje con una reserva considerablemente mayor que la disponible durante la crisis hídrica de 2024.
La recuperación representa un alivio para millones de habitantes del Valle de México, pero no significa que hayan terminado los problemas de abastecimiento. Mientras los embalses se aproximan a su capacidad máxima, numerosas colonias continúan dependiendo de tandeos, pozos, sistemas de bombeo y redes municipales que presentan pérdidas y deficiencias de operación.
La diferencia entre tener agua almacenada y disponer de ella en los hogares es el principal desafío de las autoridades hidráulicas.

Las presas recuperan sus reservas
De acuerdo con el reporte de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), correspondiente al 20 de octubre, las tres presas principales del Cutzamala registran los siguientes niveles:
| Presa | Almacenamiento | Volumen |
|---|---|---|
| Valle de Bravo, Edomex | 94.7% | 373.68 millones de m³ |
| Villa Victoria, Edomex | 87.4% | 162.40 millones de m³ |
| El Bosque, Michoacán | 98.2% | 198.84 millones de m³ |
| Total del sistema | 93.9% | 734.91 millones de m³ |
Las lluvias permitieron recuperar los embalses después de varios años de presión hídrica. En 2024, el sistema llegó a registrar niveles cercanos al 26% de su capacidad, una situación que obligó a restringir las entregas de agua a la Zona Metropolitana del Valle de México.
El contraste es considerable. En poco más de dos años, el sistema pasó de una de sus etapas de mayor escasez a disponer de reservas suficientes para afrontar el siguiente periodo seco con un margen mucho más amplio.
La recuperación no elimina el riesgo de futuras sequías. El Cutzamala depende de las precipitaciones en las cuencas que alimentan sus presas y de una infraestructura que requiere inversiones constantes para mantenerse operativa.

¿Qué gana el Estado de México?
El primer beneficio es una mayor seguridad de abastecimiento para los municipios metropolitanos que reciben agua del Cutzamala.
El sistema constituye una de las principales fuentes externas de suministro para el Valle de México. Su recuperación disminuye la presión inmediata para aplicar restricciones por falta de almacenamiento, como ocurrió durante los años de sequía.
Municipios como Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán de Zaragoza y Huixquilucan cuentan con zonas de abastecimiento vinculadas a esta infraestructura, aunque no todas sus colonias reciben agua de la misma fuente ni en las mismas proporciones.
El beneficio depende de los volúmenes asignados por Conagua, de la operación de la Comisión del Agua del Estado de México (CAEM) y de la capacidad de los organismos municipales para conducir el recurso hasta los hogares.
Una segunda ventaja es la posibilidad de planear el mantenimiento de la infraestructura hidráulica con menores presiones derivadas de la escasez.
Las autoridades pueden disponer de mejores condiciones para programar reparaciones, revisar equipos y atender instalaciones deterioradas. Sin embargo, la existencia de reservas abundantes no evita las interrupciones ocasionadas por fallas eléctricas, roturas de tuberías o trabajos de mantenimiento.

La tercera oportunidad consiste en administrar con mayor cuidado las fuentes subterráneas.
Buena parte del agua consumida en el Valle de México procede de pozos y acuíferos sometidos a una extracción intensa durante décadas. La mayor disponibilidad de agua superficial podría contribuir a reducir esa presión, siempre que las autoridades modifiquen los patrones de suministro y extracción.
El llenado de las presas no produce por sí mismo la recuperación de los acuíferos.
Presas llenas, colonias sin agua
La abundancia del Cutzamala convive con una realidad conocida por miles de familias mexiquenses: abrir la llave no garantiza que salga agua.
Las dificultades de suministro responden a problemas distintos de la disponibilidad en los embalses.
Las fugas en las redes de distribución, las tomas irregulares, la infraestructura envejecida, las fallas de bombeo y las diferencias en la capacidad de los organismos operadores condicionan el servicio.
También influye la dependencia de pozos locales, cuyo funcionamiento puede verse afectado por abatimiento de los mantos acuíferos, averías o problemas de calidad del agua.
Por ello, el nivel de almacenamiento del Cutzamala no permite afirmar que todos los municipios recibirán mayores volúmenes ni que desaparecerán los tandeos.

Durante la semana del 12 al 18 de octubre, el sistema entregó un promedio de 14.41 metros cúbicos por segundo, equivalentes a aproximadamente mil 245 millones de litros diarios.
Ese volumen corresponde al flujo suministrado por el sistema, no a la cantidad que llega efectivamente a los consumidores.
Entre la entrega y el uso doméstico intervienen redes de conducción, tanques, estaciones de bombeo y sistemas municipales donde pueden registrarse pérdidas.
La recuperación de las presas mejora la disponibilidad de agua en la fuente. Resolver los problemas de distribución exige inversiones y decisiones adicionales.
Valle de Bravo y Villa Victoria: las comunidades que aportan el agua
Dos de los tres principales embalses del Cutzamala se encuentran en el Estado de México: Valle de Bravo y Villa Victoria.
Ambos territorios cumplen una función estratégica en el abastecimiento metropolitano, pero su importancia no se limita al volumen de agua que almacenan.
Las cuencas que alimentan las presas dependen de la conservación de bosques, suelos, ríos y zonas de recarga. La deforestación, la erosión, las descargas contaminantes y el crecimiento urbano pueden comprometer su funcionamiento.
La recuperación de los embalses ofrece mejores condiciones de disponibilidad, aunque no garantiza por sí misma que las comunidades cercanas dispongan de servicios suficientes.

En los municipios que aportan agua a la metrópoli persisten necesidades de infraestructura, saneamiento y protección ambiental.
La discusión sobre el Cutzamala también debe incluir qué recursos reciben esos territorios por su contribución al abastecimiento regional y cómo se financia la conservación de sus cuencas.
Mantener llenas las presas exige algo más que esperar una buena temporada de lluvias. Requiere proteger las condiciones naturales que permiten captar y almacenar el recurso.
El costo de llevar agua a la metrópoli
El Cutzamala es una de las obras hidráulicas más complejas del país.
El agua debe captarse en distintos embalses, trasladarse mediante acueductos, elevarse por sistemas de bombeo y recibir tratamiento antes de incorporarse a las redes de abastecimiento.
Una parte considerable del recorrido exige consumo de energía eléctrica y mantenimiento especializado.
Esa complejidad tiene consecuencias económicas. El suministro depende de infraestructura costosa y de instalaciones cuya interrupción puede afectar a grandes sectores de la población.
La recuperación de las presas mejora la reserva disponible, pero no reduce automáticamente los costos de operación ni resuelve las necesidades de modernización.

Tampoco elimina la vulnerabilidad de una región metropolitana que depende simultáneamente de fuentes externas y de acuíferos sobreexplotados.
La seguridad hídrica exige diversificar fuentes, recuperar agua de lluvia, ampliar el tratamiento y reúso de aguas residuales y reducir las pérdidas en las redes.
La oportunidad antes del próximo estiaje
El cierre de la temporada de lluvias coloca al Estado de México en mejores condiciones que las observadas durante la crisis de 2024.
La reserva acumulada permitirá enfrentar los meses de menor precipitación con un margen más amplio, aunque su duración dependerá de las extracciones, las entregas autorizadas y el comportamiento climático.
El reto para Conagua, CAEM y los organismos municipales consiste en aprovechar este periodo para atender las debilidades que la sequía dejó al descubierto.
Entre las prioridades se encuentran la reparación de fugas, el mantenimiento de equipos de bombeo, la modernización de redes y la protección de las fuentes de abastecimiento.
También será necesario transparentar cuánto recibe cada municipio, qué proporción de su población depende del Cutzamala y cuáles son las pérdidas registradas en sus sistemas de distribución.
Esos datos permitirían medir el beneficio real de la recuperación y distinguir entre una mejoría en las reservas y una mejoría en el servicio.
El Cutzamala tiene hoy agua suficiente para ofrecer un respiro después de varios años de escasez. Que ese alivio llegue a las viviendas dependerá menos de las lluvias que de la capacidad de las autoridades para administrar, conservar y distribuir el recurso.


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