• ¿Y si postulan a una jirafa?
  • ¿Quién se esconde de quién?
  • ¿De quién es Texcoco?
  • ¿Quién quiere que gane Azucena?
  • ¿Y ya se acabó la corrupción?


¿Y ya se acabó la corrupción?

Raúl Piña Horta y Carlos Eduardo Solares Vega salieron de prisión tras recibir una condena por abuso de autoridad. La acusación de extorsión no se sostuvo. Después del escándalo, las detenciones y las explicaciones jurídicas, queda una duda bastante terrenal: ¿ahora sí se puede entrar a la Secretaría del Medio Ambiente sin temer que un funcionario quiera hacer negocio con el trámite?

A. ¿Ya no hay corrupción en la Secretaría del Medio Ambiente? ¿La detención de dos funcionarios fue un escarmiento suficiente para que ahora los permisos, las inspecciones y los trámites funcionen como deben? ¿Qué cambió para el ciudadano que mañana tenga que tocar esa puerta, además del nombre de quien lo recibe?

B. ¿Los propietarios de verificentros que denunciaron están satisfechos con el desenlace? Si sostuvieron acusaciones tan graves, ¿qué pruebas aportaron y qué pasó con ellas? ¿No alcanzaban para acreditar la extorsión, no se investigaron debidamente o hubo algo que nunca nos explicaron? ¿Denunciar les sirvió para obtener justicia o solamente para dejar de padecer lo que denunciaban?

C. ¿La gobernadora Delfina Gómez quedó complacida? ¿Era éste el resultado que quería y esperaba cuando su gobierno enfrentó el escándalo? ¿Le basta con que dos funcionarios hayan sido separados y sentenciados o necesita saber por qué su administración permitió los abusos que ellos reconocieron? ¿En qué momento puede dar por atendido el problema: cuando salen los responsables de la oficina o cuando desaparecen las condiciones que les permitieron abusar?

D. ¿Qué debe cambiar en la Fiscalía de José Luis Cervantes para que una acusación de semejante tamaño llegue a los tribunales con pruebas a su altura? ¿Falló la investigación, la clasificación del delito o la seguridad con que se presentó públicamente el caso? ¿Quién revisa al Ministerio Público cuando la distancia entre lo que acusa y lo que consigue acreditar termina comprometiendo la credibilidad de toda la institución?

E. Después de semejante recorrido, ¿qué aprendió quien ocupa un cargo público y qué aprendió quien necesita denunciarlo? ¿Uno entendió que abusar tiene consecuencias y el otro que vale la pena acudir a la justicia? ¿O todavía no sabemos para quién fue el escarmiento?


¿Quién se esconde de quién?

Un niño puede hacerse adulto bajo el mismo miedo mientras las autoridades siguen buscando a los mismos hombres. El Pez y el Fresa, líderes de La Familia Michoacana, son nombres conocidos y objetivos que siguen sin ser capturados. Cambian los gobiernos, los fiscales y los mandos. Ellos permanecen. ¿Qué clase de ausencia permite hacerse presente en la vida de tanta gente?

A. Ahora que hay operativos en Guerrero, ¿también habrá una búsqueda sostenida en el sur del Estado de México? ¿O al cruzar de una entidad a otra los perseguidos encuentran lo que los ciudadanos no consiguen: facilidades? ¿Hasta dónde llega la persecución y dónde empieza otra vez el refugio?

B. ¿Qué tienen Johnny y José Alfredo Hurtado Olascoaga que el Estado mexicano no haya podido vencer en tantos años? ¿Mejor información, más paciencia, mayor conocimiento del territorio? ¿Cuántos presidentes, gobernadores, fiscales y generales deben pasar para que alguien explique por qué ellos permanecen? ¿Qué quiere decir «prioritario» en un país donde se puede envejecer en la lista de los más buscados?

C. ¿Quién les permite seguir libres? ¿Los protege la sierra, el miedo, el dinero, una red de avisos? ¿Se ha investigado si alguna protección viene de quienes deberían perseguirlos? ¿Y quién busca a los posibles protectores mientras todos dicen buscar a los protegidos?

D. Cuando un operativo termina sin ellos, ¿quién tiene que explicar qué falló? ¿Se revisa quién sabía, quién llegó tarde, qué información sirvió y cuál condujo a ninguna parte? ¿O basta con presentar detenidos de menor rango para dar por cumplida la jornada? ¿Cuántos subordinados equivalen a un jefe que nunca aparece?

E. ¿Para qué se les busca: para llevarlos ante un juez o para que la gente deje de vivir bajo su poder? Las dos cosas deberían ir juntas, pero ¿quién garantiza que así será? Si mañana caen el Pez y el Fresa, ¿quién mandará pasado mañana en los pueblos donde hoy manda La Familia?


¿De quién es Texcoco?

Paco Vázquez quiere llegar y Nazario Gutiérrez quiere quedarse. Los dos caben en Morena; en la próxima presidencia municipal, solamente uno. Si la disputa enfrenta a delfinistas e higinistas, habrá que averiguar cuánto tiene de diferencia política y cuánto de pleito familiar por la escritura de una casa que pertenece a los texcocanos.

A. ¿Qué se disputan Paco y Nazario: dos maneras de gobernar Texcoco o el derecho de sus respectivos grupos a decidir quién lo gobierna? ¿En qué se distinguen sus proyectos cuando les quitamos los nombres de Delfina y de Higinio? ¿Los ciudadanos podrán escoger entre dos visiones de municipio o tendrán que adivinar a qué familia pertenece cada promesa?

B. Si Nazario pierde la encuesta, ¿aceptará que el pueblo decidió o descubrirá que al pueblo le hicieron mal las preguntas? ¿Reconocerá a Paco y hará campaña por él? Y si pierde Paco, ¿hará lo propio? ¿Podrían comprometerse desde ahora, cuando todavía ninguno sabe si le tocará defender la democracia o denunciarla?

C. Higinio ha dicho que no meterá las manos en la selección de candidaturas, aunque se reserva opinar en Texcoco y ha señalado a Nazario como favorito. ¿Dónde termina la opinión del fundador de un grupo y empieza la instrucción que sus seguidores entienden perfectamente? ¿Se puede meter todo el peso político sin meter las manos? ¿O ésa es ya una especialidad de la casa?

D. ¿Cómo evitarán que la competencia termine en fractura? ¿Con reglas que ambos acepten antes de medirse o con una negociación para que nadie se vaya demasiado lastimado? ¿Qué tendría que recibir el perdedor para seguir llamándole compañero al ganador? ¿La unidad se construirá con convicciones o habrá que encontrarle presupuesto y oficina?

E. ¿Y los texcocanos dónde quedan mientras los grupos resuelven sus derechos de familia? ¿Podrán cambiar de alcalde sin que alguien lo interprete como una traición a Higinio o un desafío a Delfina? ¿Cuándo se gana el derecho a gobernar un municipio y cuándo empieza uno a creer que lo heredó?


¿Quién quiere que gane Azucena?

En Ecatepec, una victoria municipal puede despertar insomnios estatales. Azucena Cisneros tiene que acreditar su gobierno; Luzma Hernández y Zaira Cedillo pueden disputarle la candidatura. Y si la alcaldesa consigue reelegirse, ¿quién evitará que su nombre empiece a circular para la gubernatura? Quizá convenga preguntar desde ahora cuántos ven en ella a una compañera y cuántos a una competidora que todavía están a tiempo de frenar.

A. ¿Qué ofrecerían Luzma y Zaira que Azucena no esté haciendo o no pueda hacer? ¿Otra forma de gobernar, otras prioridades, mejores resultados? ¿Cómo sabremos si quieren corregir el rumbo de Ecatepec o cambiar a quien lleva el volante? ¿Qué diferencia habría para los vecinos, además de aprenderse otro nombre?

B. Si Luzma Hernández decide competir, ¿cómo separará su aspiración de la autoridad que tiene como presidenta estatal de Morena? ¿Quién garantizará a las demás que el partido conserva la misma distancia frente a todas? ¿Se puede organizar la rifa y comprar boleto sin que alguien quiera revisar la tómbola?

C. ¿Qué tendría que demostrar Zaira Cedillo para que su juventud represente una renovación y no solamente una diferencia de edad? ¿Puede abrirse paso con una propuesta propia, sin quedar reducida a ser la candidata de quienes no quieren a las otras dos? ¿Le permitirán disputar el poder o intentarán utilizarla para restárselo a alguien más?

D. ¿Qué papel jugarán Fernando Vilchis y José Luis Gutiérrez Cureño? Si ambos terminan operando contra Azucena, ¿qué los reuniría: una idea compartida de municipio o las ganas de verla perder? ¿Hasta dónde puede llegar Vilchis contra una alcaldesa de Morena mientras su partido, el PT, forma parte de la alianza? ¿En Ecatepec habrá que preguntarle a cada aliado de quién es aliado?

E. Si Azucena gana otra vez y entra en la conversación sobre la gubernatura, ¿cuántos de sus actuales compañeros empezarían a verla de otra manera? ¿Cuántas resistencias municipales tendrían, en realidad, una preocupación estatal? Y ella, ¿cómo demostraría que quiere quedarse para concluir un proyecto y no para preparar el salto? ¿Quién está pensando en los próximos tres años de Ecatepec y quién ya está contando los escalones hasta Toluca?


¿Y si postulan a una jirafa?

Hay aspirantes que ya caminan como si Morena les debiera el triunfo. Falta saber cuántos votos llevan ellos y cuántos les presta el partido. Si la marca alcanza hasta para hacer competitiva a una jirafa, quizá convendría moderar el sentimiento de indispensabilidad. El cuello largo no acredita altura política.

A. ¿Cuánto importa hoy la persona del candidato y cuánto las siglas que aparecen junto a su nombre? ¿La gente vota por quien está en la boleta, por Morena o por lo que todavía espera de la transformación? ¿Cuántos aspirantes confunden ser conocidos con ser queridos, y ser queridos con tener votos propios?

B. Si cualquiera de los perfiles puede ganar bajo las mismas siglas, ¿qué vuelve indispensable a cada uno? ¿Su capacidad de gobernar, su arraigo, su trayectoria? ¿O solamente esa multitud que los acompaña mientras existe la posibilidad de repartir cargos? ¿Cuántos conservarían el séquito si mañana anunciaran que ya no habrá candidatura?

C. Si hasta una jirafa pudiera ganar, ¿para qué necesita Morena escoger bien? ¿Qué obligación tiene frente a quienes le entregan su confianza casi por adelantado? ¿La fuerza del partido permite darse el lujo de postular a cualquiera o lo obliga a exigirle más a quien difícilmente perderá?

D. Cuando alguno amenace con irse porque no le dieron la candidatura, ¿qué estará defendiendo: sus convicciones, un derecho vulnerado o su turno? ¿Qué tendría que cambiar en sus ideas para aparecer, unas semanas después, bajo otras siglas? ¿La transformación seguirá siendo la misma aunque para realizarla haya que derrotar a Morena?

E. Si hay desprendimientos, ¿se atreverán los inconformes a comprobar cuánto pesan sin el partido? ¿Los seguirán los ciudadanos o solamente quienes también se quedaron sin lugar? ¿Y si al cambiar de siglas descubren que los votos nunca fueron suyos, a quién le reclamarán entonces?

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