La semana pasada se dio a conocer el Plan Estatal de Desarrollo del Estado de México para el periodo 2018-2024. Hay varias cosas que este documento rector de la política pública nos permite saber, además de otras que sería necesario dejar anotadas para sacar cuentas dentro de seis años.
Dicho Plan nos permite saber que la administración anterior no consiguió disminuir la pobreza en la entidad, al contrario, ésta creció. El documento presentado por el actual gobierno estatal registra que para el año 2016 la población mexiquense en situación de pobreza fue de 8.23 millones de personas, es decir 47.9 % de la población estatal. ¿Y estaba así este grave problema hace 6 años, cuando el gobierno de Eruviel Ávila inició? Pues no; su Plan Estatal de Desarrollo 2011-2017 dice: "Con base en información del Coneval, en el año 2010, aproximadamente 6.5 millones de mexiquenses vivían en condiciones de pobreza multidimensional, lo que representa el 43.1 % de la población total de la entidad".
Como puede apreciarse, en tan sólo seis años del gobierno eruvielista la cifra de personas viviendo en pobreza dentro del territorio emexiquense se incrementó en un millón 700 mil, aproximadamente.
Sin embargo, hay un "detalle" en esta cifra, pues de ese total que ahora maneja el Plan del gobernador Del Mazo, el porcentaje de personas en pobreza extrema disminuyó en términos relativos durante los últimos años. Es decir, en el año 2010 8.6 % del total de las personas pobres se encontraban en lo que se llama pobreza extrema. Hoy esa correlación se ha modificado y el porcentaje es 6.1. ¿Cómo debemos interpretar esto? Bueno, no debe olvidarse que durante la gestión del hoy candidato del PRI a la presidencia de la República, José Antonio Meade, al frente de la Secretaría de Desarrollo Social se implementó una medida encaminada a atacar "necesidades específicas", para hacer que los números reflejaran menor número de personas en pobreza extrema.
El asunto es así: para fines estadísticos una persona es considerada pobre si no tiene ingresos suficientes y, además, le falta modo de acceder a alguna de estas siete cosas: educación, salud, seguridad social, vivienda, servicios básicos y alimentación. Y una persona es considerada en pobreza extrema si no tiene ingresos suficientes para comer y, además, no puede acceder a tres de las anteriores cosas.
Visto como un problema técnico, desde el gobierno federal se decidió que no importaba tanto que la gente elevara sus ingresos, porque así nunca iban a hacer cambiar las cifras, sino que convenía atacar necesidades específicas: ponerles agua potable a quienes no lo tuvieran, regalarles despensas, afiliarlos al seguro popular, poner piso de concreto en su casa o regalarles material de construcción. De este modo es como se conseguiría mover las cifras de la pobreza extrema. A la par de esta medida, se modificó el modo en que el INEGI registraba los ingresos en los hogares, pidiendo a los encuestadores que hicieran recordar a la gente todos los tipos de ingresos que tenían, sea en moneda o especie para así "darle otro empujoncito" a los números. Claras medidas tecnocráticas.
En conclusión, lo que nos refleja el diagnóstico que se incluye en el Plan de Desarrollo del Estado de México para los próximos seis años es que la administración priista pasada disminuyó el porcentaje de población clasificada como viviendo en pobreza extrema, pero al mismo tiempo creció en la entidad el número de personas pobres en casi dos millones. Esto significa que cada vez hay más personas a las que no les alcanzan los ingresos para vivir y, poco a poco, van perdiendo acceso a alguno de los satisfactores de necesidades sociales como las ya enlistadas.
Para "combatir" esta problemática, ¿qué propone el Plan de Desarrollo para el presente sexenio? Son 17 líneas de acción, agrupadas en tres estrategias. La primera estrategia es "mantener el crecimiento de los ingresos de la población más pobre" y de sus líneas de acción destacan la entrega del Salario Rosa y la entrega de otros apoyos económicos especialmente a mujeres, indígenas, estudiantes y madres jóvenes. La segunda estrategia es mejorar las condiciones de la vivienda y los servicios básicos, con líneas de acción como regalar materiales de construcción y algunos proyectos de infraestructura básica en las poblaciones más pobres. Y la tercera estrategia es combatir el hambre, sobre todo entre la población más vulnerable; sus líneas de acción incluyen la entrega de despensas, de desayunos escolares y de implemementos para la producción de alimentos en casa, como semillas y animales de granja.
Como puede apreciarse, son tres dimensiones en las que se enfocará el actual gobierno estatal y, seguramente, los números que se obtendrán les alcanzarán para reportar año con año cómo se saca de la pobreza extrema a los mexiquenses. Estoy convencido que dentro de seis años el número relativo de personas en pobreza extrema será menor al actual, pero el número absoluto de pobres crecerá. Al tiempo.


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