¿Democracia interna o dedazo imperial?

En México hemos avanzado sistemáticamente en la construcción de un sistema democrático que día a día se consolida, no obstante, para muchos, los principales logros son limitados al tema electoral, es decir, a la forma de traducir los votos en escaños. La desconfianza y descredito que los actores políticos han trasladado a las instituciones democráticas constituyen evidentemente un saldo negativo y particularmente, las elites que administran la partidocracia, en la que pululan más afanes protagónicos que de representación, es donde el fenómeno observa el mayor rezago. El gran Daniel Cosío Villegas advirtió los grandes vicios del sistema político mexicano en
noviembre 21, 2016

En México hemos avanzado sistemáticamente en la construcción de un sistema democrático que día a día se consolida, no obstante, para muchos, los principales logros son limitados al tema electoral, es decir, a la forma de traducir los votos en escaños. La desconfianza y descredito que los actores políticos han trasladado a las instituciones democráticas constituyen evidentemente un saldo negativo y particularmente, las elites que administran la partidocracia, en la que pululan más afanes protagónicos que de representación, es donde el fenómeno observa el mayor rezago. El gran Daniel Cosío Villegas advirtió los grandes vicios del sistema político mexicano en los albores de los años ’70, bajo un concepto que resumía los marcados excesos del presidencialismo rampante de la época, bajo la famosa denominación “el estilo personal de gobernar”.

El sistema político mexicano, era según Cosío Villegas: “…una Monarquía Absoluta Sexenal y Hereditaria por Línea Transversal". Él gran ideólogo de la posrevolución había identificado el silencio del Tata Cárdenas como el ejemplo de la eficacia decisional y en el otro extremo, al “locuaz” Luis Echeverría que hablaba más de lo que hacía, como la antítesis de la prudencia en el arte de gobernar. Ambos personajes, no obstante, estaban unidos por la forma de procesar la selección de los candidatos del otrora partido hegemónico: “El tapadismo”. 50 años después de aquellas obras que describían como nadie los entretelones del poder omnímodo del presidente en turno, parece que se hace necesario releer aquellos viejos textos, porque el autoritarismo en la selección interna de candidatos ha regresado con inusual fuerza, si es que algún día se fue, con la clase dirigente que nos gobierna.

Resulta paradójico que mientras el sistema democrático se consolida, una de las prácticas más autoritarias se mantenga como el sello de identidad del partido en el poder. Norberto Bobbio escribió un pequeño texto “Democracia y secreto”, más o menos por la misma época en la que Cosío Villegas escribió su tetralogía. Para el autor italiano, la violencia del estado era una preocupación latente en ese libelo, por eso afirmó: “el secreto es la esencia del poder”. Así, mientras que para Bobbio, la democracia es idealmente el gobierno de un poder visible, en el que todo debe hacerse a plena luz del día,  el secreto solo puede operarse cuando las fuerzas ocultas atentan contra el Estado, cuando intenta derrocarlo o someterlo y entonces los arcana imperii se oponen a la publicidad. El secreto esconde conductas autoritarias, la transparencia a las democracias.

Lo anterior viene a colación, porque de acuerdo con nuestro calendario electoral rumbo a la sucesión gubernamental los partidos políticos deberán hacer público entre 22 de noviembre de este año (el día de esta publicación) y hasta al 22 de enero del año próximo, el método y sus convocatorias para el proceso de selección interna de candidatos. Nadie supone que nuestros partidos actúen transparentemente y realicen un proceso democrático para elegir a sus abanderados y eso, siendo profundamente antidemocrático, parece no importarle ya a nadie. Al citar a Elias Canetti, el propio Bobbio nos recuerda que: “El poderoso que se sirve del propio secreto lo conoce con precisión y bien sabe apreciar su importancia en las diversas circunstancias. Él entiende lo que debe hacer cuando desea obtener una cosa, y sabe a cuál de sus colaboradores utilizar en el lance. Tiene multitud de secretos porque su codicia es mucha, y los combina en un sistema en el que se preservan recíprocamente…”

El neotapadismo, exhibe una de las más profundas raíces del autoritarismo mexicano. Quienes lo patentaron hoy siguen manejando los hilos de la sucesión en la penumbras, que les da la complicidad de los actores que siguen jugando bajo aquellas reglas predemocráticas, ineficaces [por lo demás] frente a un convulso mundo contemporáneo que exige un juego democrático y transparente en la toma de decisiones políticas y para el cual, nuestras elites políticas no han aprendido ni a entender ni parece interesarles. Acabamos de presenciar un largo proceso de selección interna de candidatos en Estados Unidos, en donde el resultado parece no convencer a nadie, pero se realizó a plena luz del día y tanto los perdedores como sus simpatizantes confían en que habrá suficientes contrapesos para limitar el poder idiota. En Sudamérica es cada vez más creciente el modelo de elecciones democráticas internas el mismo día para todos los partidos, como si fuese la elección constitucional y aunque sus desafíos son diferentes, le otorgan a sus militantes el derecho de elegir, aún a riesgo de equivocarse como en el caso de nuestros vecinos del norte, pero confiados en que “no hay representatividad alguna si tiene efecto a escondidas y entre pocos”, pues como el propio Carl Schmitt, al ser citado por Bobbio, afirma <<representar>> significa también “hacer visible y hacer presente un ser invisible mediante un ente públicamente presente”.  Y culmina su alegato diciendo, “todas la ideas de democracia que hemos heredado del siglo XVII se basan en la noción de autoridad visible”, abrevadero, por su puesto, del que nuestra clase política no abrevo.

Síguenos

PUBLICIDAD

BOLETÍN

Únete a nuestra lista de correo

Como tú, odiamos el spam

Te recomendamos