Argentina logró un acuerdo con el Club de París para poner fin a una deuda que se originó hace 58 años luego del golpe militar liderado por el general Pedro Eugenio Aramburo contra el presidente Juan Domingo Perón.
De hecho, el Club de París se creó en 1956 por iniciativa de Francia, que convocó a los representantes de otros países acreedores de aquel gobierno de facto para acordar una refinanciación de un adeudo inicial de 700 millones de dólares contraído de inmediato por la dictadura de Aramburu.
El monto siguió subiendo durante gobiernos posteriores, en particular la dictadura cívico-militar de 1976 a 1983, y se incorporó al presupuesto nacional en 1986 con la intención del gobierno de ese momento, ya en democracia, de saldarla.
Pero en 2001, en medio de una profunda crisis financiera y social, Argentina declaró el cese de pagos de su deuda de 95 mil millones de dólares, el mayor "default" (incumplimiento) de la historia. En ese gigantesco adeudo se encontraba el del Club de París.
En 2005, el gobierno del extinto presidente Néstor Kirchner logró un acuerdo de reestructuración con más de 76 por ciento de los acreedores privados, que incluyendo los intereses en mora alcanzaba los 102 mil 300 millones de dólares.
Al año siguiente Kirchner canceló el pasivo argentino de nueve mil 500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero continuó en cesación de pagos con el Club de París.
Ya en la Casa Rosada, la mandataria Cristina Fernández trató en septiembre de 2008 de cancelar con el Club de París seis mil 750 millones de dólares utilizando reservas internacionales del Banco Central. Sin embargo, la profundización de la crisis financiera global se lo impidió.
Al momento de declararse el "default" en 2001, la deuda con el Club de París era de cinco mil 562 millones de dólares y ascendió desde entonces por los intereses y punitorios devengados por la falta de pago.
En 2008, cuando el gobierno de Cristina Fernández intentó saldarla, ya había ascendido a seis mil 706 millones y se acordó ahora su cancelación por unos nueve mil 700 millones.
El ejecutivo argentino logró en 2010 otro canje reestructurado de la deuda que abarca el 93 por ciento de todos los acreedores del país, excepto una minoría de tenedores de bonos, los llamados fondos buitre, que rechazaron ese arreglo con quita y con los que ahora encara un litigio en la justicia norteamericana.
UN ACUERDO SIN EL FMI
La seriedad en el pago de la deuda a partir de la reestructuración de 2005 conllevó a que los 19 miembros del Club de París aceptaran negociar con Argentina, que puso como condición para las pláticas quedar exenta de la supervisión y control del FMI. Pese a las presiones de este organismo, el término exigido por Buenos Aires fue aceptado.
De ese modo, tras un encuentro inicial y posteriormente una intensa negociación de 17 horas, iniciada el miércoles 28 de mayo y concluida el 29, el ministro argentino de Economía, Axel Kicillof, selló el dilatado acuerdo con el Club de París.
Los principales acreedores de Argentina en ese grupo son Alemania, con 30 por ciento, y Japón, con 25 por ciento. El resto de la deuda se reparte entre España, Holanda, Italia y Estados Unidos.
El grupo está conformado, además, por Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Irlanda, Japón, Noruega, Rusia, Reino Unido, Suecia y Suiza.
El pacto, de hecho, constituye un hito en este ámbito financiero pues es el primero al que accede el círculo parisino de acreedores sin que intervenga el FMI como entidad supervisora y de control.
Cristina Fernández encomió que ese acuerdo se logró sin la intervención del Fondo Monetario Internacional, "sin resignar la autonomía de un país soberano para decidir sus políticas económicas de manera independiente, sin sometimiento a supervisiones y ajustes". En virtud de lo convenido en París, el gobierno argentino cancelará su deuda de nueve mil 700 millones de dólares en un plazo de cinco años a una tasa del tres por ciento anual. Contempla también la posibilidad de que el término se extienda a siete años.
Argentina hará un pago inicial de 650 millones de dólares en julio de este año y una segunda cuota de 500 millones en mayo del próximo año.
LOS BENEFICIOS
Entre los provechos del acuerdo están el levantamiento definitivo del "default" en que cayó Argentina en 2001, la posibilidad de que las empresas extranjeras reanuden sus líneas de crédito al país para vender bienes de capital y la baja en las primas de riesgo para la toma de créditos en el exterior.
A eso se suma el alza de la imagen y prestigio del país en la escena internacional, en especial en los círculos económicos.
El acuerdo permitirá a Argentina, además, ahorrar miles de millones de dólares en intereses. El esquema de pagos acordado reduce sensiblemente el costo financiero de esta deuda impaga, que actualmente acumula intereses y punitorios a una tasa promedio cercana al siete por ciento.
En cambio, el arreglo establece que los adeudos se cancelarán en un plazo de cinco años, extensibles a siete, con una tasa de interés del tres por ciento anual.
El economista Aldo Ferrer aseguró que el acuerdo con el Club de París "fortalece la capacidad del gobierno de profundizar un ordenamiento de la economía para sostener la política de desarrollo nacional decidida por los argentinos y no por los mercados".
"Es un paso muy importante que remueve un obstáculo que había quedado desde la reestructuración de la deuda", sostuvo Ferrer, uno de los defensores de la tesis de que para que el país pudiera salir de la crisis de 2001 debía haber una mayor y mejor distribución de sus riquezas.
"Puede ayudar a generar un clima más positivo y esto a su vez empujar a algunas inversiones aún no decididas", dijo, aunque advirtió que es necesario "evitar la ilusión de que esto va a provocar una avalancha de dólares y que con esto se resuelven los temas pendientes, como la inflación, el tipo de cambio o la falta de divisas".
Igualmente, lo pactado en París puede influir favorablemente la decisión que deberá adoptar en Washington la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos. Ese órgano decidirá si acepta dirimir la apelación de Argentina contra sendos fallos del juez neoyorquino Thomas Griesa a favor de los fondos buitre.
Uno de los graves peligros que implican esos veredictos es que exigen al gobierno argentino a saldar deudas con esos grupos financistas, que datan de fines de los años de 1980 y los de 1990, con los fondos destinados a retribuir a los acreedores que entraron en los canjes de 2005 y 2010, y ahora el Club de París.
De hecho, validarlos significaría un golpe contra los acuerdos de reestructuración y pago que han venido sellando una serie de países con sus acreedores e instituciones crediticias.
En un discurso para inaugurar una planta depuradora de aguas negras, el mismo día de la firma del acuerdo, Cristina Fernández repudió a los fondos buitre: "No somos deudores seriales, como dicen los buitres. Ellos, el capital internacional, son depredadores seriales", remarcó.
*Corresponsal de Prensa Latina en Argentina.



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