Edomex: ¿hacia dónde?

El Estado de México enfrenta la oportunidad de romper con el modelo neoliberal y construir un verdadero Estado de bienestar. La disyuntiva es clara: seguir administrando la pobreza o imaginar un futuro basado en justicia, derechos y felicidad pública

El Estado de México vive una oportunidad histórica: dejar atrás el agotamiento neoliberal y edificar un verdadero Estado de Bienestar. No se trata solo de administrar programas sociales, sino de imaginar un nuevo contrato social que garantice educación pública, salud universal y derechos sociales. Este es un llamado a pensar el futuro —no el próximo sexenio, sino el próximo medio siglo— y a preguntarnos, como sociedad, hacia dónde queremos ir, por qué y para qué.

I. El horizonte necesario

Imaginemos el Edomex en el año 2075: un territorio donde el bienestar no sea privilegio, sino condición natural; donde la educación, la salud y la seguridad social —el tridente del progreso humano— sean derechos garantizados. Donde la pobreza haya sido derrotada por la justicia, no por la caridad. Donde el trabajo permita vivir bien, no solo sobrevivir. Esa utopía concreta exige comenzar hoy la construcción de un Estado de Bienestar, una estructura moral, política y económica que redistribuya riqueza, democratice el poder y devuelva tiempo y dignidad a la vida.

II. La fatiga de un modelo agotado

El Edomex arrastra los escombros del neoliberalismo. Décadas de privatización, flexibilización laboral y subordinación del Estado al mercado han dejado una sociedad agotada, endeudada y temerosa. Byung-Chul Han lo explicó con precisión: “El sujeto contemporáneo es esclavo de sí mismo, creyéndose libre porque se explota voluntariamente”. El resultado: millones de mexiquenses trabajan más de diez horas diarias para pagar renta y transporte, mientras el tiempo libre —ese espacio de humanidad— se desvanece. Somos productivos, pero infelices.

III. El Estado de Bienestar: la conquista más humana

No es un invento nórdico, sino el resultado de la lucha obrera y del pensamiento progresista. Marx lo concibió como el paso de la necesidad a la libertad. Keynes lo definió como un pacto civilizatorio donde el Estado garantiza empleo, salud, educación y descanso. Beveridge lo diseñó para vencer los cinco males sociales: miseria, ignorancia, enfermedad, insalubridad y desempleo. Piketty lo reinterpreta en el siglo XXI: “La desigualdad no es destino, es decisión política”. Gramsci lo llamó hegemonía moral, la fuerza cultural que humaniza la economía. El neoliberalismo destruyó esa hegemonía, y la tarea de nuestro tiempo es reconstruirla.

IV. Lo que la 4T no ha dicho

La Cuarta Transformación tiene legitimidad y fuerza moral, pero carece de un proyecto de largo aliento. Hasta ahora ha combatido la corrupción y ampliado apoyos, pero no ha definido una arquitectura del bienestar. Delfina Gómez, maestra y símbolo de esperanza, puede colocar los cimientos. Su gobierno no debe limitarse a administrar programas, sino a rediseñar el pacto social.

Tres ejes pueden guiar esa transformación: una reforma fiscal progresiva, donde quienes más tienen paguen más y se recaude para redistribuir, no para endeudarse; la universalización de derechos, que garantice educación de calidad, salud gratuita y pensiones dignas; y una democratización económica, que impulse cooperativas, innovación verde y empleo con tiempo libre y bienestar. Solo así la política social dejará de ser paliativo para convertirse en justicia estructural.

V. La herida social del Edomex

El Edomex, que aporta 9 % del PIB nacional, concentra desigualdad: municipios ricos y conectados junto a otros hundidos en marginación. No es destino, es decisión histórica. El Estado se volvió gestor de privilegios, no garante de derechos. Varoufakis lo advirtió: “El mercado libre no liberó a nadie; solo cambió el amo por el algoritmo”. Hoy, trabajadores agotados, jóvenes migrantes, mujeres sobrecargadas y adultos mayores olvidados son el retrato de un modelo fallido. La deuda pública, superior a 64 mil millones de pesos, es símbolo de un ciclo de gasto sin transformación.

VI. El bienestar como estrategia civilizatoria

Educar, curar y cuidar son los tres verbos que resumen el ideal del bienestar. No se trata solo de economía, sino de civilización. Galeano escribió: “La utopía sirve para caminar”. Un sistema educativo libre e incluyente forma ciudadanos críticos; la salud universal dignifica; las pensiones honran la historia de un pueblo. El bienestar no es lujo: es la política de la felicidad pública. Más allá del ingreso, debemos conquistar el derecho al tiempo. Keynes soñó con una sociedad donde el trabajo ocupara 15 horas semanales; en México seguimos atrapados en jornadas de 48. El bienestar no es solo tener, es poder vivir.

VII. El porvenir: un Edomex feliz

Si Delfina Gómez y su generación logran encaminar esa visión, el Edomex podría, en cincuenta años, ser modelo latinoamericano de equidad y bienestar: un lugar donde nadie tema enfermar ni envejecer, donde educarse, no empobrezca y trabajar enriquezca el alma además del bolsillo. Ese futuro no depende del azar, sino de la voluntad política. Hay que planificar más allá del sexenio, pensar como civilización. Nadie aspira a lo que no conoce, por eso hay que nombrar el horizonte: un Edomex con justicia fiscal, derechos universales y felicidad colectiva como meta.

El neoliberalismo nos enseñó a competir; el bienestar nos invita a convivir. Ha llegado el momento de creer de nuevo en la idea más radical y olvidada de todas: la política existe para hacer felices a los pueblos.

Mario A. García Huicochea

Mario A. García Huicochea

Periodista y columnista especializado en análisis político. Observador crítico de la realidad social y política del Edomex durante más de cuatro décadas.

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