Los procesos químicos no siempre nos interesan como tema. Como ocurre con muchos asuntos relacionados con la ciencia, los evitamos hasta que nos afectan directamente. Por ejemplo, casi nadie se preocupa por saber qué es la metástasis, hasta que desarrollamos cáncer. O nadie se interesa por entender el peso atómico de los metales hasta que empieza a padecer daños en el riñón por consumir agua con elevados niveles de cromo o mercurio.
Así, pocos tenemos presente que en la atmósfera hay gases que atrapan el calor. Este tipo de gases son identificados como “de efecto invernadero”, precisamente porque al retener el calor elevan la temperatura ambiente de un modo considerable. La mayoría de esos gases han sido identificados conforme se hacen estudios climáticos. Se les mide según la cantidad de partículas. Estas mediciones son, normalmente, expresadas en “una parte por millón”. Esto equivale a una gota de agua diluida en aproximadamente 50 litros de líquido.
Lee también: Recordatorio del sobregiro ecológico
Cuando hay una cantidad excesiva de partículas por millón de estos gases en nuestra atmósfera, empezamos a ver algunas alteraciones climáticas y es ahí donde empiezan a presentarse problemas que nos preocupan y, eventualmente, nos llevan a buscar información sobre estos gases que elevan la temperatura. Algunos de los problemas relacionados con el incremento de los gases de efecto invernadero son las olas de calor, la sequía, la cantidad y fuerza de las tormentas tropicales, los incendios forestales, entre otros.
De acuerdo con información dada a conocer en días pasados, durante el año 2021 la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera se situó en 414.7 partes por millón. Es “el más alto en los últimos 500 mil años”. ¿Cuáles son esos gases que se encuentran cada vez en mayor número en la atmósfera y de donde salen? En un lugar muy importante está el dióxido de carbono, que se produce mayoritariamente por la quema de combustibles fósiles (carbón, gas natural y petróleo), residuos sólidos, árboles y otros materiales biológicos. También está el metano, que se emite durante la producción y el transporte de carbón, gas natural y petróleo. Otras emisiones de metano se derivan de prácticas ganaderas y agrícolas o por la descomposición de residuos orgánicos en rellenos sanitarios.
¿Culpable?, el ser humano
Son sólo dos ejemplos y seguramente podemos darnos cuenta de inmediato que las altas concentraciones de estos gases que elevan la temperatura del planeta están relacionados de manera muy directa con nuestras actividades cotidianas. La presencia del hombre en la tierra es lo que ha venido incrementando de manera exponencial la presencia de estos gases de efecto invernadero. Los últimos dos o tres siglos han sido de una aceleración vertiginosa. La era industrial es el punto de inflexión.
Si tomamos esto en cuenta y recordamos algo tan cercano como el calor que se sintió el año pasado en casi todo el mundo, podemos ver que ambas cosas están vinculadas de manera directa. 2021 fue uno de los seis años más cálidos en el último siglo y medio, lo cual derivó en un incremento en el número de tormentas tropicales. Este año a nadie ha escapado la información de sequías prolongadas, alternando con inundaciones atípicas e incendios forestales devastadores.
Casos puntuales
En el norte de nuestro país, la tercera ciudad más importante se quedó sin agua. Al mismo tiempo, en Pakistán las inundaciones han cubierto un tercio de su territorio. Al mismo tiempo, la sequía en China llevó a parar la producción en amplias zonas industriales y los japoneses han experimentado una ola de calor histórica igual que en Europa. Al mismo tiempo, se han registrado nevadas en Brasil después de dos décadas.
En suma, estamos en un aprieto grande. El planeta se está calentando cada vez más y estamos muy lejos de alcanzar las metas de reducción de gases de efecto invernadero que se habían planteado para mitigar los efectos del cambio climático. Ni siquiera el “parón” de las actividades humanas a causa de la pandemia en el año 2020 lograron frenar este proceso. Al contrario, debido a la crisis energética, muchos países están volviendo al uso de combustibles fósiles para generar electricidad y, a pesar de eso, los costos de la misma no ceden.
En el Acuerdo de Paris, firmado en el año 2015, se fijó el objetivo de mantener por debajo de 1.5 grados este calentamiento global. Se ve muy lejos esa meta y se sienten cada vez más cerca los efectos del cambio climático. Este es el tema, el gran tema hoy en los próximos lustros.


Síguenos